Mientras le vemos parece irle bien, sobre todo porque el agua lo cala entero y así lo vamos a tener limpito en la tienda esta noche. Pero cuando desaparece tarda mucho más de la cuenta en darnos la señal así que nos inquietamos. Después de ver el movimiento pactado en las cuerdas nos preguntamos: ¿qué coño estará pasando por ahí abajo que ha tardado tanto en avisar?

Hemos pasado una noche tranquila exceptuando el rugido de la cascada al que, afortunadamente, te acostumbras tras un rato. Recogemos los bártulos y nos ponemos a buscar la salida por las «escalas» de Sarradets que no conocemos.

Ascendiendo la "echelle" de Sarradets para salir del Circo de Gavarnie

 

En principio, sólo vemos paredes inexpugnables y abismos complicados así que no las tenemos todas con nosotros. Sin embargo, intuimos que la cosa debe tener solución y nos vamos aproximando a las paredes occidentales del Circo para encontrar el paso.

La cuesta aprieta... así que sudando desde el comienzo estamos

Éste es en realidad mucho más fácil de lo que parecía y va remontando entre firmes lajas y laderas herbosas. La pendiente es mucha y sudamos por el peso y por la alta humedad que tiene este santuario natural de vida, color, hierba y agua.

A nuestra espalda, el espectáculo magnífico de la Gran Cascada de Gavarnie... más de 400 metros tiene el último tramo para contabilizar una caída de más de 800

Para refrescarnos miramos con frecuencia a la Gran Cascada que va quedando a nuestra espalda. Conforme le ganamos metros a la montaña cambiamos de perspectiva y aquélla se nos presenta diferente. Si al principio nos sentíamos anonadados por el tramo final, ahora vemos asombrados como en realidad tiene otros escalones previos de centenares de metros que la convierten en la más alta de Europa.

Al final la pendiente cede algo y nos vamos aproximando a Sarradets

Cuando la pendiente empieza a ceder ya vislumbramos el refugio de Sarradets emplazado en lo alto de un espolón recortándose en el horizonte. Conforme nos acercamos cada vez vemos más señales de vivac y restos «humanos». Esto es una zona muy transitada.

La imponente Brecha de Rolando destaca las siluetas de quienes osan atravesarla

En Sarradets comemos algo mientras contemplamos la brecha, ese lugar mágico de Pirineos, geografía de una leyenda muy antigua que a mí se me antoja secundaria ante la majestuosidad de la roca y las fuerzas que la colocaron ahí erguida.

Y desde la brecha el refugio de Sarradets parece una casita de juguete

Una vez ganada la brecha ganamos vistas otra vez al lado español. Nos toca ir bajo las paredes del Casco hacia las clavijas de Sarradets que nos están esperando.

Resulta complicado captar la majestuosidad de este sitio con un cámara de fotos. La diagonal es obligada.

Tras el paso de las clavijas afrontamos la subida a la Torre por un corredor bastante amplio y con cierta pendiente — las guías hablan de un paso de II en verano — que nos hace sudar con los armarios a cuestas. Por fortuna la nieve está perfecta y nos permite una progresión firme y constante.

En la cima de la Torre de Marboré, con el Cilindro y el Perdido al fondo
Víctor (i) y Manolo (d) muy felices

En la cima admiramos este nudo de montañas, impresionante acorazado calizo que violentamente se yergue sobre valles, bosques y pastos hasta el punto de constituir el macizo calizo más elevado de Europa — pese a no gustarme mucho el tema de las cantidades, no podemos obviar que estamos frente a una geografía de récords.

Estamos viendo la cascada desde todas las perspectivas posibles: ahora la tenemos a nuestros pies. Gavarnie queda a más de 1500 metros por debajo.

En los sitios en los que se retira la nieve podemos disfrutar de las primeras flores alpinas. Desde la cima de la Torre esbozamos la táctica para ir aproximándonos al Cilindro sin necesidad de quitarnos los crampones. Estamos pletóricos, disfrutones y muy felices de cómo está saliendo todo aunque hay una pequeña inquietud: el tiempo se está estropeando.

Las nubes se van metiendo y tampoco es plan de que nos pille sin arreglar

Y efectivamente. Pronto unas nubes empiezan a cerrar las cimas y el viento de Poniente arrecia. Nada bueno se está preparando así que debemos renunciar a hacer el Cilindro para perder altura rápidamente. Una tormenta a esta cota y en este sitio tan expuesto es un riesgo que no debemos asumir.

Vamos cansados y el piolet es un buen apoyo para recuperarse

Al doblar el lado sur del cilindro buscando el collado del Cilindro nos protegemos del viento y parece como si la tarde nos quisiera dar una tregua. No vemos a nadie ni tampoco huellas recientes. Hace mucho que nadie se aventura por aquí. Remontamos al collado mientras disfrutamos de las vistas del Perdido y de la escupidera que ya visitamos hace ahora un par de años.

Flanqueo sencillo por las laderas del cilindro hacia el Cuello del Cilindro

Tras ganar el collado del Cilindro nos asomamos de nuevo a la vertiente de Pineta y del glaciar del Perdido. Por aquí, al estar a sotavento del temporal, las cosas andan mucho más tranquilas pero tampoco es plan de entretenerse porque hay que descender el glaciar y rapelar la última barrera rocosa.

El glaciar tiene una buena capa de nieve reciente por la que podemos descender casi a «rastraculos»… aunque hay que cuidarse porque enseguida se coge mucha velocidad. En un momento dado tenemos que decidir si nos vamos siguiendo las huellas de la izquierda o las de la derecha — en el glaciar sí se ven huellas.

Intentamos recordar las palabras del guarda del refugio de Pineta… nos dijo algo así como que bajáramos por uno de los dos sitios en concreto PORQUE EL OTRO TENÍA EL RÁPEL EN PENOSO ESTADO. Pero como hemos sido unos cafres no nos acordamos si era izquierda o derecha.

Tenemos un 50%.

Finalmente nos tiramos a la izquierda conforme bajamos y tras un descenso bastante penoso entre rocas y nieve podrida creemos ver las instalaciones del rápel justamente en uno de los múltiples regatos por los que el glaciar desagua. ¿A quién se le ha ocurrido montarlo aquí?

Víctor se pone a montar el rápel y nos mira con mala cara. Malo, malo… ¿Qué pasa? Pues pasa que hay dos clavos bastante viejos y un cordino «arrepellao» del que tendremos que fiarnos. Ponemos nosotros uno más por si acaso, empalmamos las cuerdas y Víctor baja el primero.

Aspecto casi invernal del Perdido y su famosa "escupidera". El lago helado está a nuestros pies.

Mientras le vemos parece irle bien, sobre todo porque el agua lo cala entero y así lo vamos a tener limpito en la tienda esta noche. Pero cuando desaparece tarda mucho más de la cuenta en darnos la señal así que nos inquietamos. Después de ver el movimiento pactado en las cuerdas nos preguntamos: ¿qué coño estará pasando por ahí abajo que ha tardado tanto en avisar?

Yo soy el siguiente. Me pongo el reverso pero me hago un pequeño lío con la doble cuerda así que cojo el ocho al que estoy mucho más acostumbrado y tiro para abajo. Viento, frío, nubes negras, un rápel malo malo, los 15 kilos del armario a las costillas y sin saber lo que queda más abajo. Pero bueno, será cuestión de ir tranquilos.

Pierdo de vista los titubeantes anclajes — una preocupación menos, ojos que no ven, corazón que no siente — y también a Manolo. Sigo bajando — joder qué largo es este largo, voy a gastar los 40 metros — y ya veo a Víctor en el borde de la rimaya esperándome. Me dice algo pero todavía no puedo escucharle: el agua atronadora además de estar calándome me deja sordo… pufffff…

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Desde el cuello del Cilindro vamos a descender por el glaciar del Perdido hasta el lago — panorámica: pincha sobre la imagen si quieres verla en grande

Bajo un poco más y ya sé lo que me quiere decir. La rimaya es bastante amplia y hay un hueco de casi un metro entre la nieve y pared, hueco que está así de grande por el agua que cae y que va diluyendo la nieve. Mal sitio para colarse porque eso está más negro que la cueva de Aladino.

Total, que al llegar al final del rapel toca pendular un poco para salir del agujero negro y su fatal atracción. Lo hacemos y respiramos.

El siguiente es Manolo que baja flechado. ¿Que hay un «bujero»? No pasa naaaaaaa… Este Manolo… ¡¡ni que llevara pescao!!

Recogemos los bártulos, las cuerdas — ¿de cuál hay que tirar? de la azul, de la azul… — y descendemos la rimaya mientras empieza a caer una tromba de agua de mil demonios. Las tormentas en Pirineos son TORMENTAS, y más si estás a 2900 metros: los estómagos reverberan por el rugido de los truenos.

Montamos la tienda bajo la lluvia y nos protegemos hasta que para algo. Aprovechamos para cocinar y cenar algo caliente que llevamos todo el día de ajetreo. Víctor está congelado porque en el rápel se ha calado entero y no tiene otros pantalones. Pronto nos metemos en el sobre. Afuera sigue tronando. Mañana será otro día.