[…] Bueno, pues recogemos los bártulos y nos asomamos al balcón donde el espectáculo ya ha comenzado. El valle de Pineta se nos muestra con sus mejores galas, unas nubes bajas — posiblemente retazos de las que ayer nos cerraron por completo — se desperezan con parsimonia y comienzan a trepar ganándole metros a los riscos, rozando las cascadas y entreteniéndose en las zonas más pinas. Vamos a su encuentro.

Noche toledana — léase, noche de viento, lluvia, golpeteo del doble techo, cansancio acumulado, etc. Al despertar ya no hay rastro de tormentas; un sol espléndido empieza a asomarse tras el macizo del Posets y apenas algunas ráfagas de viento nos remiten a la tormenta de anoche.

Tras la noche de tormenta, amanece un día tranquilo. Desparramado alrededor de la tienda está todo el material que ayer no pudimos recoger.
Tras la noche de tormenta, amanece un día tranquilo. Desparramado alrededor de la tienda está todo el material que ayer no pudimos recoger.

Estamos cansados de tanta “tralla”, con algo de ropa mojada por el descenso en rápel metidos dentro del arroyo y deseosos de enganchar una buena cerveza, así que por decisión unánime nos tiramos para abajo que no es poco. Bajar del Balcón hasta el cámping son 1500 metros que con armarios se hacen interminables. Paciencia, bastones, relax, mirando al solecito, brisa suave en el rostro, ésa es la actitud.

Cuando miramos hacia el cuello del Cilindro se ve perfectamente la última barrera rocosa que descendimos bajo la tormenta (en rojo está marcado el rápel)
Cuando miramos hacia el cuello del Cilindro se ve perfectamente la última barrera rocosa que descendimos bajo la tormenta (en rojo está marcado el rápel)

Hoy sí se ve con mucha claridad la última parte del recorrido de ayer y el rápel que montamos en precario. A la izquierda de éste se aprecia claramente un descenso mucho más sencillo y, sobre todo, seco.

Empezamos el descenso. Como diría alguien que conozco bien, "no tenemos el chichi pa farolillos" así que nos vamos para abajo, que ya llevamos mucho tute.
Empezamos el descenso. Como diría alguien que conozco bien, "no tenemos el chichi pa farolillos" así que nos vamos para abajo, que ya llevamos mucho tute.

Bueno, pues recogemos los bártulos y nos asomamos al balcón donde el espectáculo ya ha comenzado. El valle de Pineta se nos muestra con sus mejores galas, unas nubes bajas — posiblemente retazos de las que ayer nos cerraron por completo — se desperezan con parsimonia y comienzan a trepar ganándole metros a los riscos, rozando las cascadas y entreteniéndose en las zonas más pinas. Vamos a su encuentro. 

Cuando nos asomamos al balcón de Pineta el valle que nos despidió hace ahora tres días nos sorprende con este aspecto tan impresionante.
Cuando nos asomamos al balcón de Pineta el valle que nos despidió hace ahora tres días nos sorprende con este aspecto tan impresionante.
Muy cerca de donde está la cruz de hierro — ahora derribada — han levantado un "chorten" con banderas de oración tibetanas.
Muy cerca de donde está la cruz de hierro — ahora derribada — han levantado un "chorten" con banderas de oración tibetanas.

Nos despedimos de la Norte del Perdido, otro gran objetivo que Manolo y Víctor afrontarán en un futuro próximo para preparar el Cervino. Pero seguimos en tiempo presente, escuchando el romper del viento en los últimos contrafuertes del Balcón y el chasquido de las banderas de oración de un chorten que alguien con mucha paciencia ha erigido en este sitio tan singular.

Una nueva imagen del "chorten" enmarcado por el glaciar del Perdido.
Una nueva imagen del "chorten" enmarcado por el glaciar del Perdido.
Conforme descendemos nos cruzamos con las nubes del valle: ellas se van buscando las alturas empujadas por el sol.
Conforme descendemos nos cruzamos con las nubes del valle: ellas se van buscando las alturas empujadas por el sol.

Cogemos la senda para bajar al cámping y se nos hace menos pesada que de costumbre, al menos a mí, que saco bastantes fotos de mis compas que van muy delante. Tenemos todo el día por delante para llegar al coche, comer tranquilos y volver a casa. ¿Qué es la felicidad?
 

Cuando las nubes se abren disfrutamos de unas vistas increíbles. Yo he venido aquí para esto. En la imagen Manolo y Víctor relajan la espalda castigada.
Cuando las nubes se abren disfrutamos de unas vistas increíbles. Yo he venido aquí para esto. En la imagen Manolo y Víctor relajan la espalda castigada.

Después de casi tres horas estamos cerca del coche. Levantamos la cabeza para despedirnos de uno de nuestros sitios especiales: este valle de Pineta al que tanto deseamos volver.

Al atravesar el hayedo y llegar al carril, justo por encima del Parador, echamos la vista atrás y disfrutamos del alegre Cinca que se despeña con fuerza.
Al atravesar el hayedo y llegar al carril, justo por encima del Parador, echamos la vista atrás y disfrutamos del alegre Cinca que se despeña con fuerza.

El resto de la historia es bien previsible: coche, ducha caliente por gentileza del polideportivo de Aínsa y especial comida en ese pueblo… y luego paquetón de kilómetros hasta Murcia no sin antes dejar a Víctor en Castellón donde está trabajando. Han sido tres días memorables de luz y montaña en buena compañía. Para repetir.