Primeras impresiones e imágenes a la vuelta de nuestra expedición al Tien Shan en este verano de 2013. En los próximos días iremos publicando las notas de la expedición así como muchas más imágenes.

Estamos de vuelta aunque, en realidad, volvimos hace ya más de tres semanas pero no había tenido tiempo ni tranquilidad suficiente como para escribir nada sólido. Una vez leí que cuando se vuelve de expedición hay que intentar cubrir estos tres objetivos enumerados por orden de importancia:

1) volver vivos,
2) volver amigos, y
3) volver con la cumbre.

Del primero de ellos bien que nos ocupamos y damos fe de que aquí estamos coleando. Del segundo, tras casi un mes de convivencia mano a mano en una tienda de 6 metros cuadrados, comiendo regular, tomando decisiones complejas a diario y contando con apenas 4 libros, puedo asegurar en lo que a mí respecta que he tenido un compañero de viaje estupendo. En relación al tercero, ¿para qué me voy a andar con milongas? Pues también: cumbre al canto y encima montaña virgen por un itinerario técnico. Toma ya.

Pero atendamos un momento a las frías cifras:

– 29 días de expedición,
– 21 días de campo base,
– 800 kilómetros de tren,
– 12600 de avión,
– 700 de furgoneta,
– 320 de helicóptero,
– 10 días de mal tiempo,
– 9 de actividad,
– 4 de porteo,
– 1 intento de ascensión frustrado por la nieve blanda,
– 1 montaña virgen y, finalmente,
– 6 kilos más delgado pese a los 900 gramos de jamón de recebo con tocino entreverado y los 500 de la caña de lomo ibérico que celosamente guardaba en el fondo del petate.

En lo subjetivo, ha sido una experiencia dura y formidable donde he aprendido a ser (más) paciente, a no mirar mucho para arriba, a centrarme en el metro cuadrado que tengo enfrente de mis narices y a planificar al máximo todas las variables que pueden ser controladas en un medio tan azaroso y complicado como es la alta montaña.



Intento por la arista

Cabe reseñar que otros efectos secundarios de estos viajes de larga duración y alta exigencia son la real valoración de las cosas fundamentales que disfrutamos a diario y que en la distancia no tenemos cerca: desde una taza de wáter limpia a una ducha de agua caliente pasando por un buen guiso de lentejas, aunque a lo que me refiero, evidentemente, es a las personas que nos importan. La distancia, sin lugar a dudas, es lo más duro: ni las cuestas, ni los madrugones, ni los desayunos de porridge y leche en polvo tienen comparación.

Tengo un cuaderno azul con las notas de la expedición. Esta vez he sido capaz de escribir todo lo acontecido, desde la salida del tren en la estación del Carmen hasta mi llegada al campo donde Moss me recibió como loco con lamidos, coletazos y casi un amago de infarto. Esas notas serán liberadas en esta web y esto es una promesa en firme.



Descenso por glaciar

Por ahora, os muestro un adelanto fotográfico de lo que dio de sí la cosa. La mayor y mejor parte del material es de Félix que estuvo mucho más lúcido, despierto y dispuesto a sacar la cámara. Yo con aguantarle la rueda ya tenía más que suficiente.

Para terminar con esta breve introducción no puedo dejar de mencionar a dos personas: en primer lugar a Lourdes por su apoyo incondicional en este proyecto desde el primer momento en que se gestó. Y, en segundo, a Félix, compañero de cordada, tan magnífico alpinista como generoso con su tiempo y sus conocimientos. Y encima con la capacidad de disfrutar y buscar el lado bueno de las cosas en toda circunstancia.

Va por ustedes.

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