Ascensión a los Morrones de la sierra de Gádor por la vertiente occidental desde Celín siguiendo una preciosa senda de piedra seca. Dividimos la actividad en dos jornadas por el fuerte desnivel a afrontar, porque nos gustan las travesías y porque no tenemos prisa.

ficha

sierra de Gádor
marzo de 2013
dos días
35km
2150m
inestable, fuerte viento
desnivel muy concentrado al comienzo
ver el track en wikiloc
aquí está

Hemos necesitado una temporada tan agitada en lo meteorológico como la que estamos viviendo para acercarnos a visitar esta sierra del sur de Almería y es que, echando un vistazo al mapa del tiempo, la única zona de la península que medio se libra de los temporales es el sureste puro y duro, así que aquí estamos.

Gádor se aprecia con facilidad desde casi cualquier cumbre de Sierra Nevada. Siempre ha sido una montaña que he tenido presente y más aún al aparecer en los libros de Carlos donde se reseñan varios 2miles con diferentes posibilidades. Nuestra idea inicial es bastante conservadora: hemos venido a conocer esta montaña con la única pretensión de ascender a su máxima altura, el morrón de las Lagunillas. Si se deja hacer algo más, pues lo intentaremos también.

Buceando aquí y allá e inspirados por la propuesta de Carlos dejamos el coche en la barriada de Celín, un pequeño núcleo anexo al municipio de Dalías. Salimos de un área recreativa con mucha agua y buen aspecto. La senda de herradura, muy marcada, enseguida se coloca en la divisoria de dos barrancos: al norte el de las Fuentes y al sur el de la Canaleja. Estos primeros momentos son, como es habitual, los más duros. Hemos salido del coche tras 3 horas de viaje, estamos acartonados y cuesta hacerse al peso del piano. Eso por un lado porque, por el otro, el camino apenas nos da un respiro y gana muchos metros en poco tiempo.



Moss me espera en una zona con pinos

Cuando llevamos menos de dos horas encontramos un llano con hierba a la sombra de los pinos, nos miramos y lo vemos claro. Paramos a comer un bocata de jamón con tomate para subirnos la moral. Incluso nos permitimos un ratico de siesta amodorrados en las jumas.

Tras el descanso la cosa va a mejor. La senda desemboca en un carril y nosotros lo tomamos a la izquierda en descenso hasta cruzar el eje del Barranco de las Fuentes. Siguiendo una traza remontamos la zona de bancales y terrazas hasta desembocar en una era perfectamente conservada donde observamos el cortijo de Chiclana al fondo del amplio valle. Como hay bastante ganado y vamos con Moss preferimos atajar hacia poniente buscando la vereda que remonta en la misma dirección haciendo zetas.



Terrazas abandonadas en las proximidades del Cortijo Chiclana

Nos encontramos sin lugar a dudas en la parte más vistosa de la ascensión. Vamos caminando por la senda de piedra seca con grandes hormas que salvan el fuerte desnivel. A nuestros pies se desparrama el barranco de las Fuentes por el que sus aguas descienden más de 1000 metros en apenas 3 kilómetros y, al fondo del valle, el caserío de Dalías y los llanos ocupados por los invernaderos. Si en lugar de atender al suelo levantamos el cuello lo que admiramos es la fortaleza del Pecho Cuchillo, un bravo espolón rocoso que casi alcanza los 2000 metros sobre nuestras cabezas.

Tras una zona más o menos llana encontramos un cruce marcado. La vereda principal continúa a media ladera hacia poniente pero nosotros la abandonamos por una secundaria que remonta directamente hacia el norte. Pasamos junto a un cortijo pequeño y enlazamos con otra nueva vereda a la que nos incorporamos caminando ahora hacia la derecha (en la dirección opuesta se dirige a Castala). Trasponemos el espolón que desciende desde la cumbre del Pecho Cuchillo y nos introducimos en la cuenca del barranco del Coto ganando vistas a Levante.



Preciosa la senda de piedra seca

Aunque el terreno ahora está muy desarbolado, aquí y allá encontramos pies de encina de enorme cuerda que le añaden encanto a esta sierra tan pelada. Al cruzar el eje del barranco comprobamos con satisfacción que mana mucha agua de la Fuente de la Mosca. Apenas 50 metros más adelante una encina nos ofrece un confortable llano donde quedarnos a pasar la noche. Montamos la tienda, nos lavamos, hacemos la cena, jugamos con Moss y nos colamos en los sacos que hace frío y viento.

La noche sale ventosa pero conforme van pasando las horas la cosa se pone más tranquila. Incluso Moss acepta de buen grado dormir bajo el ábside sin poder salir afuera. El pobre se pregunta por qué le he cerrado su vía de escape al colocar varias piedras en el doble techo y no sabe que es para que no se cuele el aire.



De camino a Fuente Alta

A eso de las ocho nos da el sol en la colleja y nos vamos desperezando. Acordamos dejar el peso escondido tras unos arbustos y con una única mochila continuamos por el camino de herradura hacia Fuente Alta a la que llegamos caminando por senda de herradura con preciosas vistas al sur. El día anda revuelto y entran nubes densas por poniente en altura así como otras más livianas desde el mar.

En Fuente Alta nos encontramos con operarios de la Junta que están haciendo una obra en la balsa. Nos miran extrañados (no parece ser que esta sea una sierra de mucho montañero) y continúan a lo suyo sin apenas prestarnos atención. Nosotros seguimos también a lo nuestro. Recuperamos agua a cañón y cogemos un carril que asciende con fuerte pendiente buscando las máximas elevaciones de la sierra.



Caminando junto a las antenas de Nuevo Mundo

A nuestra derecha destacan las antenas de la cumbre del Nuevo Mundo. Parecen cerca pero nuestra experiencia con este tipo de instalaciones nos sugiere lo contrario. Podríamos salirnos del carril, cruzar una vaguada y remontar buscando el pico de Dos Hermanas y el Nuevo Mundo aunque desechamos la opción porque el cielo está muy cerrado y no vamos a tener vistas.

Así pues, seguimos caminando por el carril con calma pero sin pausa. El paisaje aquí es monótono, muy amplio, sin apenas arbolado ni referencias. Además, al estar el tiempo muy cerrado no podemos disfrutar de las vistas hacia Sierra Nevada y el Mediterráneo con lo que simplemente nos ponemos en modo ‘resultadista’ para hacer cumbre y punto.



En lo más alto de los Morrones: el de la Lagunilla

Con este esquema en la mente ganamos el collado de Parrapa (2038m) y cogemos un carril en muy mal estado que nos acerca a la base del Morrón de las Lagunillas, máxima altura de la sierra. Los últimos metros ya se hacen campo a través por terreno sencillo evitando los piornos. Al menos, el cielo está abierto hacia Levante con lo que podemos disfrutar de la vertiente meridional de la sierra Nevada almeriense así como de sierra Alhamilla y el Cabo de Gata.

Comemos al abrigo de unas piedras y debatimos sobre nuestros próximos pasos. Nuestra idea original era regresar a la Fuente de la Mosca haciendo el Pecho Cuchillo y descendiendo por el afilado espolón rocoso con pasos entretenidos aunque sencillos. Enseguida la abandonamos porque sopla fuerte viento y apenas hay visibilidad. Nuestro razonamiento es tan simple como esto: ¿para qué nos vamos a enriscar si no vamos a ver nada y encima el terreno es escabroso? Otra vez será.

Así pues, desandamos el camino que ahora transcurre rápido por ir cuesta abajo. El tiempo va a peor y se cierra por completo confirmando nuestra decisión y haciéndonos sentir bien en la seguridad de lo conocido. En las zonas altas sigue soplando muy fuerte. Ni siquiera el extremo sureste del sureste se libra de esta constante circulación del oeste que ha traído la primavera más lluviosa desde que existen registros en Andalucía.



Vistas del Ejido y sus invernaderos

En la vereda que une Fuente Alta con la Fuente de la Mosca nos encontramos con dos grandes perros que se acercan hacia Moss. Me interpongo y doy palmadas al aire con gritos al estilo pastoril:

Tiraaaaaa, vengaaaaa, vaaaaaamos…

Por suerte dan la vuelta y regresan por donde han venido. Suponemos que son perros del pastor del cortijo de Chiclana y, en efecto, así es, porque más tarde los vemos en las proximidades del mismo.



Regresamos a casa

Hemos recuperado ya los sacos, la tienda y el hornillo y deshacemos metros a toda caña por la vereda que tanto nos costó ayer remontar. A menor altura el viento es menos intenso y algunos rayos de sol se cuelan entre las nubes de poniente. Las rodillas notan el fuerte desnivel y el peso del piano pero nos sabemos terminando la movida así que no escatimamos en darlo todo.

Los últimos compases de la travesía se desarrollan bajo la luz oblicua del poniente que se cuela entre los densos cúmulos que hay enroscados en las cumbres de sierra Nevada. Esta luz rebota en los chopos y los pinos del barranco de la Fuente Alta perfilando el caserío blanco de Celín. Por un momento, aspirando el salado aroma del Mediterráno tan próximo, creo estar al otro lado del mar, en África, en el Rif, en el Atlas, bajando de un 4mil y escuchando como llaman a la oración desde el minarete de Imlil. Pero no: esto es Almería, España, Europa. Tan cerca, tan lejos.

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