Preciosa actividad de media jornada por la Atalaya, una montaña enclavada en el centro de la región de Murcia y que es el símbolo, junto al río Segura, de Cieza, nuestra patria chica.

El itinerario recorre el espinazo de toda la montaña pasando por lugares como el castillo, el santuario y el pico.

ficha

vega alta del Segura, región de Murcia
octubre de 2012
4 horas
fresco, viento, estable
10 kilómetros
720 metros
ver el track en wikiloc

Desde que sacamos el libro de Cieza Lourdes me venía insistiendo en que quería hacer la integral de la cresta de la Atalaya. Este mismo verano, cuando paseábamos por el castillo, me lo volvió a repetir. Curiosamente, en ese mismo paseo bajo las ruinas de la antigua fortificación, encontramos un pasillo precioso por el que acceder a lo alto del cerro que domina el despoblado de Medina Siyasa.

Con estos antecedentes nos plantamos el domingo para efectuar no solo toda la cresta de la Atalaya, sino también la del castillo. La cosa quedó tal y como os la presentamos a continuación. Primero un croquis sobre la base de la Hoja 891-I del IGN 1:25000 de Cieza:



Croquis de la actividad

Y ahora, aprovechando una foto tomada desde la sierra de Ascoy, os muestro el pateo en cuestión:



Croquis de la actividad

Curiosamente, es de las pocas actividades en las que la realidad es casi idéntica al perfil. Y si no, miren ustedes la gráfica para la primera parte que hemos extraído de wikiloc (esta observación será bien patente para los ciezanos y ciezanas que reconocen perfectamente los perfiles que les han acompañado de por vida):

Pero vayamos por partes. Estamos en un domingo radiante de otoño, epílogo de un episodio de varios días de abundantes lluvias que han reverdecido los campos y las laderas de las montañas. Además, el aire fresco, seco y limpio del norte mantiene la atmósfera nítida. Va a ser una buena jornada fotográfica1Para mi gusto, faltaban las típicas nubes altas, esos cúmulos despistados y rezagados que deja atrás el frente y que le dan mayor relieve y profundidad al cielo. Todo no se puede tener..


En esta zona se aprecian perfectamente unos estratos de areniscas con llamativas formas

Comenzamos caminando en el Puente de Alambre, un sencillo puente colgante al estilo de los que se pueden encontrar en otras geografías y otras montañas a mayor escala2El puente era mucho más precario en la antigüedad. A día de hoy está afirmado con gruesos cables de acero y tablones gruesos como enciclopedias.. Enfilamos el camino hacia la chinica del Argaz, un peñón enorme bajo el que se cobija una casa que siempre me ha gustado. Justo a la altura de la peña nos desviamos por un senderillo menor que remonta a media ladera hacia el camino del Moro3Están el ‘Moro’ y el ‘Sarraceno’, topónimos recientes acuñados por los corredores para designar los recorridos más sufridos y ambiciosos.. Pasamos bajo una visera muy llamativa y remontamos las zetas que nos llevan hacia la umbría del castillo. En esta zona se aprecian perfectamente unos estratos de areniscas con llamativas formas.



Primeros pasos fuera de camino


La huerta de Cieza a nuestros pies

Antes de pasarnos por completo a la vertiente norte nos salimos del camino y subimos campo a través buscando el pasillo al que antes hacíamos referencia. No tengo muy claro si vamos a ser capaces de encontrarlo desde abajo. Más aún, no es seguro que podamos franquearlo porque llevamos a Moss con nosotros y si la trepada es muy grande quizás tengamos problemas.



Equilibrios

Finalmente, tras un par de quiebros entre espinos y aladiernos encontramos un pino característico que da entrada al callejón de rocas por el que vamos a acceder a la cumbre del castillo. Moss se las apaña perfectamente con sus cuatro patas y supera sin problemas un par de secciones en las que hay que usar las manos. Lourdes está disfrutando en un terreno que le encanta y yo ya dejo de estar apurado por si teníamos que volvernos y buscar un nuevo cuele.



Entrando en el callejón...


… y saliendo

Tras una última trepada abandonamos la umbría y nos sumergimos en la calidez de la vertiente sur por la que ascendemos hasta las ruinas de la fortificación. Observamos unos trozos de cerámica, echamos un par de fotos y para abajo que todavía nos queda mucha tela que cortar. El descenso lo hacemos por una senda que busca la solana y evita la gatera característica y divertida en la que disfrutábamos de críos (Moss no puede pasar por ella).



Moss nos espera en el castillo


Y ahora, después de haber repuesto líquidos, vámonos para la cumbre de la Atalaya.

Una vez que estamos en la explanada del santuario cogemos agua del grifo para Moss y comemos una pieza de fruta. Hay bastante gente disfrutando del sol y la naturaleza. Todos nos sentimos privilegiados en esta esplendorosa mañana. Y ahora, después de haber repuesto líquidos, vámonos para la cumbre de la Atalaya.

La subida la hacemos por la senda normal. Ésta remonta la ladera este de la montaña por una canal sencilla aunque muy empinada. Las lluvias de las últimas semanas han arrastrado muchas rocas y se aprecia la erosión violenta en las zonas más blandas del suelo. Es lo que tiene el que una subida tan vertical como esta sea popular, que al final entre las suelas de las botas y los episodios torrenciales acaba convirtiéndose en una escupidera por la que cae de todo.



Subiendo a la Atalaya


Bonitas vistas del Azud de Ojós. Se aprecia perfectamente la 'ventanica de Ojós'

Cerca de la cumbre nos encontramos con un zagal y charlamos un rato mientras disfrutamos de las vistas. Nos hace una foto en la cumbre y nos despedimos. El día está limpio, limpio… se aprecia perfectamente el Calar del Mundo en la lejanía y a su derecha el Padrastro de Bogarra. Impresionante.



Tremendo el Almorchón


No tenemos nada en contra de este tipo de eventos, pero deben realizarse por caminos que no puedan resultar dañados.

Desandamos nuestros pasos hasta el collado cimero y desde ahí cogemos la senda que desciende hacia la umbría. La acompañamos unos minutos hasta que vemos claro flanquear hacia la izquierda para montarnos en la cresta. Esta senda que ahora dejamos antes apenas era una leve traza. A día de hoy ya es también una autopista muy transitada.

Por ella se han organizado carreras de montaña y, de nuevo, el paso continuado de muchas personas la han convertido, en las zonas con más pendiente, en un surco resbaladizo e incómodo. No tenemos nada en contra de este tipo de eventos, pero deben realizarse por caminos que no puedan resultar dañados.



Callejero de Cieza


La cresta se define perfectamente hacia poniente y constituye un espinazo ancho relativamente sencillo de andar

La cresta se define perfectamente hacia poniente y constituye un espinazo ancho relativamente sencillo de andar aunque hay lugares en los que conviene utilizar las manos. La roca es buena, con mucha adherencia y rugosidad, aunque también hay secciones con bastantes piedras sueltas en las que hay que extremar los pasos.

Le pregunto a Lourdes cómo va y ella me sonríe. Está disfrutando y yo más. Moss se apaña perfectamente con los destrepes y no para de oler aquí y allá los rastros de perdices y liebres. El viento apenas sopla y hace hasta calorcito. En una hora de reloj ya estamos descendiendo hacia la carretera por una ladera reventada de espartos.



Alegría

Una vez que estamos en el asfalto, caminamos apenas 300 metros para tomar la senda del Paraíso, ejemplo de ingeniería forestal de otra época que se conserva perfectamente pese al paso de energúmenos con motos y quads. El recorrido transcurre por una umbría repleta de pinos, musgos y setas bajo los farallones terminales de la cresta. Esta zona es realmente preciosa y el topónimo para la senda es más que acertado.



Terminando la arista


Regreso por la senda del Paraíso

Salimos al camino viejo de subida y remontamos la umbría de la Atalaya bajo las amenazantes agujas que guardan un equilibrio precario y más cuando la lluvia ha removido los cimientos. Desde el collado del santuario tomamos el clásico camino del Zig-Zag y cerramos el ocho justo a la hora de comer. Ha sido una mañana estupenda en la que hemos inaugurado el frío, el otoño y los colores cálidos. Y encima, saldando cuentas pendientes. ¿Qué más se puede pedir?

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