Paseo tranquilo desde Mula remontando por los caminos de servicio de los canales del Taibilla hacia Fuente Caputa.
Tras una visita rápida al Ardal donde encontramos un pino carrasco enorme, descendemos por la cañada real hacia Yéchar.

ficha

sierra de Ricote
2 de octubre de 2012
22 kilómetros
450 metros
2 horas
sol
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Una tarde cualquiera en la que estoy cansado siempre de dar pedales por los mismos sitios echo la bici al coche y subo por la autovía del Noroeste hasta Mula. En el Arreaque monto el tinglado y busco la carretera vieja del embalse de la Cierva.

Son las cinco y pico y el sol pica fuerte, tanto como las cuestas de asfalto que me acompañan unos kilómetros hasta que la carretera comienza a descender hacia la presa. En lugar de continuar por ella me salgo a la derecha por un camino de tierra en buen estado. Atravieso por debajo de la autovía y nos introducimos en el silencio del secano: almendros, espartos y pinos aislados.



Embalse de la Cierva y Castillo de Mula

Cuando aparecen las primeras rampas de verdad reconozco a la perfección el viejo pavimento del camino: un macadán reventado por los años de piedras angulosas y blancas que pone muy difíciles las cosas. Al llegar a un collado tengo una bifurcación. A la derecha hay asfalto pero prefiero continuar con el dolor y culminar el plan previsto por el camino de servicio de los canales del Taibilla.



Croquis de la actividad

En un momento dado tengo unas vistas estupendas del embalse así como del castillo de Mula. Al fondo destaca Espuña con su fachada norte así como el valle del río Pliego. Cuando me doy la vuelta me sorprenden las puntas del Almorchón asomando sobre los perfiles ondulados de este reborde del Cagitán. Me gusta, me gusta.



Detalle de la última avenida


Aunque el piso sigue siendo horrible al menos ya las cuestas quedaron atrás

Aunque el piso sigue siendo horrible al menos ya las cuestas quedaron atrás. Alternando llanos con breves repechos alcanzo una vieja casa de la administración donde hay una furgoneta de escaladores. Esto lo sé porque tengo muy buen ojo para saber a qué tipo de personas pertenecen los vehículos y con éste no cabe duda alguna: aquí hay peña colgada de una cuerda fijo. Me asomo por una vaguada y reconozco perfectamente la bóveda del sector ‘el Ferrari’ donde hay vías de grado inalcanzable para los mortales como yo.



Monumental pino carrasco

En fin. Sigo por terreno descendente hasta cruzar el nacimiento de Fuente Caputa. La rambla de Perea lleva mucha agua debido a las últimas lluvias torrenciales y el Cagitán, que es buen dosificador de sus riquezas, tiene aquí un aliviadero natural de los que ya apenas pueden contemplarse en el sureste peninsular.

Disfruto del vuelo de grandes aves que sorprendo entre los cañizos y las aneas y me acerco a visitar un pino amigo mío que le confiere todavía más magia al Ardal, un valle de cereal encerrado por las lenguas montañosas que descienden desde las cumbres de Ricote. Desde ahí ya regreso por la carretera vieja hacia Yéchar pensando en bocadillos, vasos de leche con galletas y miles de promesas bonitas que me esperan a la vuelta de la esquina. Doblémosla pues.

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