Cumpliendo una de las tradiciones de esta web, hacemos buena cuenta de la relación de actividades llevada a cabo en este 2011. Las hemos presentado por meses y el repaso no es exhaustivo. (Acabaríamos exhaustos, nosotros y vosotros, si toda nuestra actividad montañera tuviera reflejo en la web.) Que ustedes lo disfruten… y al año que viene más.

La nochevieja nos ha pillado prácticamente en la montaña y apenas hemos podido mantener actualizado el blog en las últimas semanas. Ahora mismo estamos descansando después de una larga travesía por la sierra de Almijara — pronto saldrá la crónica reglamentaria — y vamos a aprovechar, como ya viene siendo usual en esta web, para hacer un balance del 2011.

Pero antes de echar la vista atrás, permitidme que os hable un poco del 2012. Además de que va a ser un año estupendo para todos en el que ojalá podamos seguir disfrutando de las montañas, se da la circunstancia de que en el mes de Junio este sitio cumplirá cinco años. Esperamos poder ‘organizar’ alguna sorpresa para conmemorar este aniversario. Lo cierto y verdad es que este tiempo se nos ha pasado volando y que las ganas de hacer montaña y de transmitir nuestras sensaciones y experiencias a través de la red no han disminuido. Al contrario, seguimos en la brecha y esperamos estar ahí muchos años más.

Va por ustedes.

Los números del blog en el 2011

A lo largo de 2011 hemos tenido 116.731 visitas que se han paseado por 603.456 páginas de esta web. Así pues, cada mes hemos acogido en esta web a casi 10.000 visitantes lo que supone más de 300 al día. El tiempo medio de permanencia es de 3 minutos, aunque hay algunos que nos echan un vistazo de 10 segundos mientras que otros se quedan enredados más de 2 horas. En cuestión de tamaño, el público de esta web ha accedido a más de 280 gigas de contenido sobre todo en forma de fotos. Finalmente, en lo que respecta a nuestra integración con Facebook, la sucursal de MONTAÑASdelSUR en esta red social ha alcanzado la cifra de 400 ‘me gusta’.

Bueno, os cuento estos datos para que os hagáis una idea de las cifras con las que nos manejamos en la ‘trastienda’ y, por supuesto, para agradecer vuestra participación, ya sea simplemente viendo algún reportaje, comentando cualquiera de las entradas o preguntando una cuestión por mensaje privado. Es un placer comprobar siempre que estáis al ‘otro lado’.

Y ahora, hagamos un repaso de lo que ha dado de sí el año: 12 meses, 12 textos, 12 citas y 12 fotos.

Enero



Cima de las Empanadas en familia

Comenzamos el año con una travesía por Castril haciendo uno de los gigantes más emblemáticos del sur: las Empanadas. Aprovechamos también los domingos de transición para hacer montañas sencillas cerca de casa como el pico del Cajal en el valle de Ricote. Finalmente, después de una nevada copiosa y con un tiempo incierto nos encaramamos en el techo de la región murciana — los Revolcadores — para disfrutar de los árboles duende.

Con la vista nos vamos despidiendo de las luces y las montañas. Levantamos los ojos hacia las buitreras, hacia las lindes y puertos, hacia las manchas de pino y las agujas de roca; los grandes neveros atraen poderosamente nuestra atención en la penumbra mientras nos rozamos con las ramas blandas de las cornicabras. Agachamos ahora la cabeza para no despeñarnos en nuestro descenso por la acrobática vereda del cortijo de la Puerca. En el valle la oscuridad gana el pulso y los vapores del río se elevan para adornar el titilar de las primeras estrellas. Es, pues, la hora del regreso.

Febrero



Moss (i) y Terry (d) disfrutando juntos

Este mes fue duro con mucha nieve y bastante frío, hecho que favoreció varias actividades de carácter invernal como la ascensión del corredor de Peña Horadada con Félix, el corredor clásico del Alhorí con el club montañero de Murcia y una excursión familiar a la siempre agradecida sierra de la Guillimona donde nos juntamos un patrullón y disfrutamos de un nevazo tremendo. Lamentablemente, también fue la última excursión que compartimos con Terry, el hermano de Moss.

Desde hoy, siempre que disfrute de la nieve recordaré el último día que compartimos en la montaña. Podré adivinarte en el juego que hacen las luces cuando se reflejan en los cristales de hielo, en los ruidos del jabalí cuando quiebra por entre la coscoja buscando la mejor trocha y en los aromas que las cabras esparcen cuando se restriegan por los troncos y las rocas. Este será mi homenaje especial, mi manera de seguir haciendo que sigas vivo aquí, al menos, hasta que nos volvamos a ver en esos campos del cielo, justamente ahí, donde ahora mismo veo esos cúmulos olvidados que se desperezan lentos y perezosos inflamados por el terral.

Marzo



Salida de la Canal de los Carneros

Mes de transición entre los duros fríos, la nieve de la alta montaña y las primeras flores en las cimas más tranquilas y apegadas al mar. Disfrutamos del ambiente alpino en la sorprendente sierra Nevada almeriense con el corredor del Almirez, nos enfrascamos en una ascensión muy poco repetida conocida como la Canal de los Carneros en la Sagra, ascendimos a un clásico en la sierra del Segura como es el Calar del Mundo y, en concreto, su pico Argel; finalmente, compartimos una jornada estupenda con Sansón y su gente en las increíbles repisas del Tranco del Lobo.

En la cima apenas aguantamos unos segundos y tiramos para abajo. En lugar de descender por la divisoria nos perfilamos hacia la cara noroeste y así evitamos algo el vendaval. En la cota 2100 las nubes se abren a ratos y nos ofrecen un espectáculo maravilloso: los laricios sosteniéndose frente al temporal mientras que las nubes se arremolinan y rotan aceleradas sobre sí mismas para terminar enroscadas en los pináculos de la Sagra Chica.

Un poco antes del collado que da paso al bosque vertical nos comemos los bocatas y charlamos un buen rato al abrigo de un viejo tronco. El descenso lo hacemos entre los pinos centenarios de esta vertiente: una muesca más de la Sagra en mi vieja piel de montañero. Pero no será la última.

Abril



Cima del Toubkal con Salva, Lourdes y María del Mar

Aquí pillaron las vacaciones de semana santa que aprovechamos muy bien yéndonos al sur del sur, precisamente allí donde un Dios mitológico sostiene el globo terráqueo sobre sus hombros y se encuentra la montaña más alta del norte de África, el Toubkal. Pero antes de eso, estuvimos entrenando en otro pepino precioso que conocemos bien y que nunca nos deja indiferentes: el Calar de la Sima entre Albacete y Jaén.

Como siempre que la fiesta se acaba me quedo el último. Hago fotos, echo la vista atrás, miro las montañas, estudio los perfiles, me fijo en las laderas ocres, las sabinas retorcidas, las nubes deshilachadas, la luz oblicua y tamizada de la tarde, el verdor hiriente de los valles, la frescura de los cerezos en flor, la figura estilizada de los minaretes y la geometría improvisada de las tierras de labor.

Mayo



Moss remonta por una cornisa bajo el picón del Haza

Entró definitivamente el buen tiempo, guardamos el equipo de invierno y desempolvamos la burrita para ir haciendo kilómetros con vistas al viaje del verano. Así salió un domingo precioso por las desconocidas sierras de Burete, Lavia y Pedro Ponce, en el mismo centro de la región de Murcia con muchos kilómetros de carriles, almendros en flor, bosquetes de pino y amplios secanos de cereal de un verde hiriente. Aún así, la actividad reina de este mes fue el pedazo de circular que nos marcamos Moss y yo en nuestras queridas Banderillas.

Ha caído ya la noche, las luces de Cotorríos titilan muy próximas y nos hacen compañía junto a las estrellas que aparecen poco a poco, veladas por las nubes altas y los vapores de la tormenta. Nos sentimos arropados por ambas, la calidez de los hogares del valle y la mirada eterna de los cielos.

Mi dueño me ha colocado su mochila junto al catre de cemento y después su manta de agua para que no se la llene de pelos. Es muy tiquismiquis este hombre, con lo bonito y útil que es mi pelo. A continuación saca su esterilla y el saco de plumas, se mete dentro, me da un cachete y ya está roncando. Yo me quedo un buen rato pendiente de la puerta: sé que al otro lado tengo visita de animales enormes con los que me gustaría medirme pero aquí me tienen enjaulado. Otra vez será.

Junio



Cresta sur de la Sagra

La primavera tardía siguió aguantando con temperaturas perfectas para hacer montañas a saco. Comenzamos el mes con una estupenda travesía por la cuenca alta del río Tus enlazando los calares del Mundo y de la Sima por veredas muy poco transitadas, sobre todo la que discurre por la umbría del Cuquillo. Además superamos un desafío personal muy antiguo que consistió en remontar el Castril con la BTT, atravesar los Campos y descender por el Guadalentín para cerrar el círculo. El mes terminó con una nueva convocatoria del amigo Félix con el que hicimos la esbelta cresta sur de la Sagra.

En una actividad técnica siempre hay un momento de silencio.

Vas avanzando, pendiente de hacer bien las cosas, de no escurrirte por alguna chimenea o agujero, de poner los pies y las manos en los huecos correctos… Y así, va pasando el tiempo hasta que llegas a un punto en el que la montaña te detiene. Es el momento de la cuerda. Hay entonces unos segundos de concentración mientras uno la deslía y el otro se va colocando el arnés.

Julio

Envueltos en la preparación para la expedición de Agosto tuvimos tiempo para dar buena cuenta de los largos días de verano. Con algunos de mis alumnos montañeros nos adentramos en la sierra alta de Siles para hacer un circuito por el ‘gran verde’ con el aliciente de bañarnos en la cascada del Saltador. Además, sacamos 4 días para escaparnos con Lourdes y Moss a Pirineos donde nos marcamos una travesía espectacular por los lagos del parque nacional de Aigüestortes y lago Sant Maurici. Finalmente, sacamos adelante un año más el viaje con las burritas que este año transcurrió entre Cieza y Cazorla con ida y vuelta circular.



De la errada para abajo nadie da un solo pedal. Nos sentimos tan bien en nuestro pellejo que apenas hablamos, si acaso, alguna mirada atrás para contemplar desde dónde venimos, tarea imposible pues la curvatura de la tierra nos impide abarcar la tremenda elipse que hemos trazado a lo largo de estos siete días. Y así, envueltos en la poesía del regreso, en la mística de la extenuación, en la lucidez pasajera que otorga el haber vivido únicamente con lo puesto durante unos pocos días, descendemos por la cuesta del Maripinar y echamos pie a tierra para tomar las últimas cervezas.

Agosto



Niño tibetano en Shey Gompa

Empleamos todo el mes en un viaje increíble al Dolpo, una de las zonas más remotas y aisladas del Himalaya nepalí. Los detalles de esta expedición están en una libreta y esperan ser liberados pero, por ahora, los dejaremos estar ahí: hay otras urgencias.

Como una irreal cordillera encima de la verdadera.

De este modo miles de nubes y toneladas de vapor se acoplan a la geografía atormentada de los Himalayas conformando valles amplios, abruptos cañones, fieras dorsales e inalcanzables cumbres. Es el monzón que se adentra hacia el norte para remontar los pasos de montaña desnudos e impregnar — pocas veces lo consigue — la alta meseta tibetana.

Desde la avioneta hemos podido distinguir fugazmente entre los grises estratos el fulgor resplandeciente de las nieves eternas. Estaban allí, tras un recodo del cielo y mimetizadas en los delgados filamentos de unos cirros despistados. Sin embargo, la luz de poniente ha delatado su presencia y un segundo de excitación nos ha recorrido el espinazo y nos ha removido en el breve espacio de los asientos.

Septiembre

Tras los 29 días de expedición apenas teníamos fuerzas de hacer la mochila. Pasaron bastantes semanas hasta que recuperamos el ritmo normal pero a finales de mes pudimos coincidir con los amigos que conocimos en el trekking y nos marcamos una ruta estupenda por la costa de Cartagena: enlazamos así la bahía del Gorguel con Escombreras siguiendo una senda acrobática y muy montañera.



Recorriendo uno de los tramos costeros vírgenes que todavía perduran en la región de Murcia

Bien diferente y despejado debía ser este camino hace cien años cuando los carabineros patrullaban incesantemente mientras vigilaban las evoluciones de los contrabandistas. No obstante, y pensándolo bien, tampoco es preciso hacer tanta memoria y es que, a día de hoy, en estas mismas costas inhóspitas, inaccesibles y salvajes, son muchas las pateras con ilegales las que intentan atracar en medio del oleaje y los arrecifes dibujando una escena más dentro del gris cuadro de la inmigración en el que la Fausilla y sus acantilados son el hermoso y colorido telón de fondo.

Octubre

En este mes anduvimos centrados con la bici porque estábamos preparando la beteteburrada segureña que iba a tener lugar en noviembre. Aún así nos apetecía mucho salir con Moss a la sierra y diseñamos un recorrido circular muy ambicioso con la ascensión al Puntal de la Misa. Un poco más tarde, con el otoño más maduro y los chopos más amarillos ascendimos el Picón de Gor siguiendo uno de los barrancos más bonitos de la sierra de Baza, el de la Fonfría.



Cenando en el Puntal de la Misa

Cuando cae la noche y viene el compañero sí aceptamos la invitación y compartimos un buen rato de charla mirando el fuego. La noche es fresca y la brisa muy húmeda. Nos ofrecen dormir bajo techo pero preferimos nuestro particular tejado de estrellas y la compañía de una luna menguante que nos saluda de madrugada. Moss se me recuesta, como es habitual en estas lides, en el riñón y me tapa el relente que dobla la esquina sur del refugio. Al otro lado tengo a Lourdes que hace rato que duerme. Yo también termino por cerrar los ojos sintiéndome en una habitación de hotel con mucho más que cinco estrellas. Si ya lo comentaba antes: sólo los ricos pueden permitirse estos lujos.

Noviembre



Vértice de las Hoyas. Un 2mil de la divisoria principal de Filabres

Este mes arrancó con unos fríos tremendos y unas buenas mantas de agua que rompieron la tendencia cálida y seca de Octubre. La meteorología adversa no consiguió arredrarnos a los participantes de la beteteburrada segureña y nos dimos cita en Siles para completar un ambicioso itinerario cuyos puntos más calientes eran la ascensión al Puntal de la Misa y el paso por la cuenca alta del Tus. Un par de semanas más adelante salí con Lourdes y Moss hacia Filabres para saldar una cuenta pendiente con esta sierra y nos trabajamos una travesía de dos días que tuvo de todo: ríos encañonados, pueblos abandonados, varios 2miles y unas panorámicas inabarcables.

Como somos amantes del enredo y de no hacer las actividades sencillas hablé con Lourdes y le planteé subir a la Tetica pero dando un rodeo; en realidad, me atraía mucho la posibilidad de adentrarme en alguno de los valles de Filabres y, a ser posible, conocer y disfrutar de sus bosques, sus aguas y las aldeas de montaña. Con este planteamiento nos pusimos en modalidad ‘travesía’ y con los armarios a las costillas comenzamos a caminar desde la misma plaza del pueblo de Bacares por la calle Real en la mañana de un luminoso sábado.

Diciembre

El invierno se afianza, las noches son larguísimas y la luz breve y oblicua. Es el momento de las nortes y de sacar los hierros para que muerdan el hielo. Con Félix salimos para sierra Nevada e improvisamos una nueva línea en la norte del Puntal de la Caldera en la que, para variar, tuvimos que llamar al refugio para que nos guardaran la cena. Un par de semanas más tarde, aprovechando la motivación de Moss y Lourdes, nos lanzamos a una travesía de resultado incierto por la divisoria provincial entre Málaga y Granada, un itinerario comprometido y duro por uno de los cordales más espectaculares del sur de la península: el que conforma la sierra de Almijara en su estrepitosa caída hacia el Mediterráneo y del que todavía, a día de hoy, nos estamos recuperando.



Peleando con las fuertes pendientes en la norte del Puntal de la Caldera

Y precisamente estos minutos en los que Félix anda buscando el mejor sitio para el clavo se me hacen eternos. Con el rabillo del ojo derecho miro para atrás y adivino las luces cálidas en el valle del Genil que contrastan con las palas heladas de la loma del Lanchar donde se refleja nuestra amiga luna llena. A escasos dos dedos de mi nariz tengo el brillo de los micasquistos que refulgen bajo la luz del frontal y el polvillo del hielo que se cuela por todos los intersticios. Me concentro en esta imagen hasta que compruebo como Félix ya ha protegido el paso y se dispone a superarlo. Nos vamos.