Una etapa de transición para señores con el único puerto puntuable de las Palomas que a más de uno se le atragantó, sobre todo por ir cargado de ciruelas.

Y digo para señores porque terminamos comiendo y durmiendo de lujo en un hotel de Cazorla que, la mayoría, no merecían.

ficha

embalse del Tranco, sierra de Segura, sierra de Cazorla
julio 2011
60 kilómetros
600 metros
4 horas
despejado, calor

Los Llanos de Arance están tranquilos.

De hecho, están tranquilos y solitarios pese a ser verano. A nuestro alrededor algunas familias recogen sus pertenencias mientras los niños apuran los últimos minutos de monte junto al curso calmado del Guadalquivir. Nosotros hace ya rato que fuimos a desayunar al bar unas tostadas como barcos con aceite denso de la tierra y ahora estamos equipando las burritas.

La etapa de hoy es de pura transición y recuperación para lo que nos viene mañana. Así pues cogemos de nuevo la carretera del valle que aquí tiene un perfil agradecido y nos encaminamos hacia la Torre del Vinagre donde hay más movimiento y algunos autobuses. Esta zona del parque es la más urbanizada y la que tiene una mayor densidad de establecimientos hoteleros. Cada pocos metros vemos anuncios de camas, restaurantes, alquileres y menús. Pasamos por Arroyo Frío, el Benidorm de estas sierras, y a partir de ahí la carretera pica para arriba buscando el empalme del valle.





Preparando las burritas en el camping de los Llanos de Arance


Pasamos por Arroyo Frío, el Benidorm de estas sierras, y a partir de ahí la carretera pica para arriba buscando el empalme del valle.

La gente sube tranquila conversando sobre cualquier tema menos Emilio y yo que nos picamos. Bueno, en realidad soy yo el que se pica porque él hace rato que iba por delante con sus alforjas cargadas de kilos de plátanos y chocolate. Entre los robles, las encinas, algunos olivos y las vistas del Lanchón alcanzamos el empalme y acometemos la ascensión del puerto de las Palomas a tope de revoluciones.

Más pronto que tarde nos hacemos ya las fotos en el mirador y esperamos al resto del grupo para hacer la bajada juntos. Algunos llegan mejor que otros pero todos estamos aquí felices y nos hacemos las típicas fotos mirando al valle con los acantilados de las Banderillas enseñando los colmillos. Nos abrigamos y a partir de ahora todo para abajo para llegar casi sin dar pedales — excepto la cuesta que hay antes de la Iruela — hasta el centro urbano de Cazorla.



Emilio culminando el puerto de las Palomas


De tapas en Cazorla

Sin apenas dudarlo preguntamos en el hotel ‘ciudad de Cazorla’ y resulta que tienen libre habitaciones y que además nos hacen un precio especial por ser cicloturistas. Pues genial. Lo cierto es que no nos merecemos tanto pero tendremos que apechugar con ello. Ducha de lujo, sábanas limpias, olor a jabón y colonia, paseo con tapas por la plaza de la Corredera y luego menú en el hotel. Y sigo: siesta de 2 horas, paseo por el castillo de la Yedra y hacemos tiempo con cervezas para cenar de nuevo en el hotel. Somos unos señores. En realidad, estamos preparando el cuerpo — y el espíritu — para lo que nos viene mañana.

Y es que la suerte está echada.