En esta segunda jornada salimos de Murcia, pasamos por Albacete y terminamos en Jaén recorriendo tres cuencas hidrográficas: Taibilla, Zumeta y Segura. En el tránsito hacemos parada y fonda en casa Pedro para darnos un homenaje y coger fuerzas con vistas a llegar hasta la Toba.

ficha

sierra del Taibilla, cuenca alta del Segura
julio 2011
75 kilómetros
800 metros
6 horas
despejado, calor

Todos hemos descansado perfectamente.

Y encima el día se levanta con circulación de poniente: un viento fresco mueve los visillos de la habitación de la pensión y desayunamos en la terraza con las chaquetas puestas. Por cierto, ya habéis observado que he cambiado de tiempo verbal con respecto a la anterior entrada: me meto tanto en la historia que no sé redactar en pasado. Pagamos a la señora de la pensión, subimos a vestirnos y en un plis plas ya andamos junto a las bicis organizando las alforjas y echando aire a las ruedas.




Hay nubes definidas en el cielo y viento en contra que, a nuestra velocidad de 12 por hora, apenas nos molesta

Los primeros kilómetros de carretera nos sacan definitivamente de la región de Murcia y cambiamos de cuenca vertiente. El Taibilla nos recibe y en la lejanía vemos las aguas del embalse y las muelas características de la zona de Nerpio. Al llegar a la confluencia con la pista de la Rogativa nos desviamos por la misma para remontar unos kilómetros hasta enlazar con el camino de las Bojadillas, así nos ahorramos las curvas y las cuestas del pantano.

Hay nubes definidas en el cielo y viento en contra que, a nuestra velocidad de 12 por hora, apenas nos molesta. Entramos en Nerpio por la carretera antigua y visitamos la plaza del pueblo. Nos entretenemos por aquí y por allá, sacamos dinero en los cajeros y reponemos agua en la generosa fuente que hay junto al ayuntamiento.



Pedaleando por la carretera de Pedro Andrés

Más pronto que tarde nos encontramos pedaleando por ese delicioso tramo de carretera que enlaza Nerpio con Pedro Andrés aprovechando el curso del río Taibilla. Se trata de un estrecho cañón — muy similar a las típicas hoces castellanas — en el que abundan los chopos y las nogueras y en el que los torreones y las atalayas se destacan en el azul limpio del cielo.

La torre Taybona nos anuncia el final del llano. Nada más pasar bajo sus sólidos cimientos y el molino de Pedro Andrés cogemos las empinadas cuestas que nos llevarán hacia Jutia, el caserío de los Morenos y Góntar. La pista tiene una fina capa de asfalto que apenas se sostiene en los márgenes y que en las zonas más blandas está reventada por el tráfico pesado.


No son los Campos pero bien que se parecen: solitarios, llanos, aislados y rodeados de profundos valles

Comienza así el tramo más duro de la etapa en el que tenemos que superar pendientes próximas al 20 por ciento dando golpes de riñón mientras dejamos a la espalda la sierra de las Cabras y su espléndida cara norte. En menos tiempo del previsto nos plantamos en el puerto y nos adentramos en esta altiplanicie que siempre me ha fascinado. No son los Campos pero bien que se parecen: solitarios, llanos, aislados y rodeados de profundos valles. Fue en este paraje donde nos perdimos hace ya más de 15 años con las bicicletas cuando la pista no estaba asfaltada y todos los caminos eran iguales. Queríamos llegar — como hoy — a Góntar pero al final aparecimos por la Graya. Cosas de la ignorancia, de la niebla y de llevar mapas del ejército de los años 40.



Foto de grupo en el descenso a Góntar


El pelotón se desmembra y cada uno se encomienda a sus propios demonios

El pelotón se desmembra y cada uno se encomienda a sus propios demonios. Para variar me quedo el último y disfruto de las vistas del Puntal de las Pilillas y de las aldeas que caen a levante de este último: Miller, Marchena y la Muela. El descenso a Góntar es vertiginoso, rápido y todo pino. Entramos al pueblo y visitamos casa Pedro. Antes de la comida nos aseamos en el lavadero junto a la fuente y así, bien limpitos, caen unas migas con carne, costillas, potajes y demás menudencias de la sierra que a nuestros atléticos cuerpos les sientan de maravilla.

Tal es nuestro estado de enajenación transitoria corporal — me refiero a que nos sentimos tan fuera de nuestros propios cuerpos — que los dejamos aparcados a la sombra de un portal para dormir la siesta. Y así, mientras las moscas nos comen — se los comen — vivimos una experiencia astral digestiva hasta que llega la hora de partir hacia nuestro destino: Anchuricas y la Toba.



Cerca de las Juntas

Pues nada, para allá que nos vamos. Descenso rápido hacia las Juntas y remontamos cabeceando de forma penosa y sin ningún estilo todas las cuestas de la carretera, barranco va y barranco viene, fuente de 4 caños y arroyo de infinitas chorreras… y así, con el sol ya más bajo que el Poyo Alto y los Dientes de la Vieja, entramos en la Toba donde en casa Inocente encontramos apaño y cobijo. Las primeras cervezas caen junto al lavadero. Las últimas, en el porche. Hasta mañana.