Calma montañera en actividades, que no de pensamiento. Estamos esperando noticias del otoño que hoy oficialmente comienza. Necesitamos con premura las primeras lluvias para alimentar toneladas de musgos, líquenes y guíscanos; ansiamos el verdor, los vapores y las brumas para esconder las escaramuzas amorosas de ciervos, gamos y el resto de protagonistas del bosque. Hasta entonces, nos mantenemos anclados en casa, haciendo acopio de energías y fuerzas para la nueva temporada que ya se presenta:

Mi vuelta a las montañas ya está cercana. Ya siento el aroma fresco del bosque cuando, tras la fina lluvia, respira fatigado en su tarea de retener la tierra y las hojas. Cierro los ojos y se me aparecen roquedos desafiantes hiriendo la piel suave de la niebla, lugares donde jamás nadie estuvo, recovecos en los que, tal vez, alguna cabra amamanta a sus criaturas.

Mi vuelta al espacio abierto del cielo, a las pendientes imposibles, al nervio desnudo de las aristas, al tiempo inclemente de las noches y a la luz cárdena del horizonte ya está cercana. Ya la siento.

Niebla en el Pihavec (Alpes Julianos, Eslovenia)


La instantánea está sacada en los Alpes Julianos, en Eslovenia

Y mientras llega el regreso os pongo una curiosidad en clave fotográfica. Esta primera foto es de Jack Brauer, un renombrado profesional de Estados Unidos que os recomiendo desde ya mismo.

La instantánea está sacada en los Alpes Julianos, en Eslovenia, una cordillera que es la prolongación natural de los Dolomitas hacia el oeste y que es todo un bellezón calizo que culmina en el Triglav, una cumbre que ronda los 2800 metros que estuvimos a punto de ascender en el 2007 pero no llevábamos equipo — íbamos con las bicicletas.

A continuación os enseño la siguiente fotografía:

Nubes de tormenta en el Pic de la Fenêtre
Nubes de tormenta en el Pic de la Fenêtre

Está hecha desde el Balcón de Pineta mirando hacia la divisoria entre España y Francia, más o menos enfocando hacia la Munia y la Robiñera aunque éstas no se llegan a apreciar por las nubes. Aquí veníamos de hacer los Astazous en un día de perros que devino en tormenta furiosa mientras recorríamos el interminable descenso hacia el fondo del valle. El caso es que a mí me sorprende enormemente la similitud entre ambas imágenes: la textura, los colores, la geología, los materiales… hasta la luz es parecida — mucho ojo, que con esto no me quiero comparar con el señor Jack Brauer, esto va de montañas, no de egos.

El hecho de que las dos fotografías sean casi idénticas no debería sorprendernos: las dos cordilleras son hermanas, nacieron de las mismas fuerzas y en los mismos tiempos pretéritos, cuando una presión descomunal levantó los fondos marinos de sedimentos para erigir estas hermosas catedrales de roca caliza. Y aunque los Alpes son los Alpes, en el ámbito calizo, Pirineos le echa la pata encima.

Bueno, pues eso, que mientras viene la lluvia, el fresco y el verde, rescataremos sueños e ideas del disco duro. ¡Hasta pronto!