datos

Distancia: 9 kilómetros
Duración: 4 horas
Desnivel: 650 metros
Tipo de marcha: circular
Dificultad: media
Tipo de camino: senda de herradura, senda, monte a través
Agua potable: no
Época recomendada: todas excepto verano
Sugerencias: la cresta tiene pasos entretenidos sin peligro
Cartografía: hoja 891-III del IGN 1:25.000
Track: descargar aquí desde wikiloc

intro

En esta a ruta vamos a ascender hasta la cima de la Atalaya por la vía normal. Esta ascensión es, en sí misma, una ruta muy interesante con excepcionales valores paisajísticos. De hecho, las vistas de la cima de la Atalaya son impresionantes: el intrincado casco viejo de Cieza, la pronunciada curva de ballesta que hace el río para salvar el pueblo, los coloridos campos de frutales que salpican toda la vega y, finalmente, la panorámica de las montañas que rodean el término municipal y gran parte de esta zona de la región.

Además de la ascensión en sí, proponemos cerrar la ruta de forma circular completando la arista de la montaña. Es éste un recorrido complejo, aunque sin peligro, aconsejado únicamente a aquéllos que estén acostumbrados a caminar monte a través. La justificación del recorrido son las excepcionales vistas de las que podemos gozar al caminar por el dorso de una de las montañas más espectaculares de la cuenca del Segura.

reseña

Tomando como referencia la localidad de Cieza cogeremos la carretera en dirección a Mula. Nada más cruzar el puente sobre el río Segura nos salimos por un camino local de asfalto en dirección al Molino de Teodoro — también conocido como ‘molino cebolla’ — donde hay una amplia zona de aparcamiento y donde comenzamos a caminar.

A la derecha del molino asciende una cuesta empinada y pavimentada que, en pocos metros, nos lleva hasta una bifurcación. A la derecha sube la ‘cuesta de las cabras’, esforzado camino pedregoso y blanquecino por el que volveremos. Nosotros tomamos a la izquierda para continuar por el ‘colacao’, famoso paseo en el que los ciezanos caminan y se ejercitan a diario. El camino avanza suavemente con leves subidas y bajadas prácticamente un kilómetro y medio. A nuestra derecha se yergue la Atalaya con sus laderas margosas salpicadas de ejemplares de pino carrasco. A nuestra izquierda, se desparrama la huerta de Cieza hacia el río y, enfrente, muy cerca, las primeras casas del casco viejo.

Casi sin darnos cuenta llegamos hasta un cruce muy marcado. A la izquierda desciende una cuesta pavimentada de cemento que nos llevaría al río y al puente de alambre. De frente continuaríamos hacia el Menjú. Sin embargo, nosotros giramos a la derecha por una senda amplia que serpentea hacia arriba y que se conoce como camino del ‘zigzag’ por motivos obvios.

De esta forma ascendemos progresivamente por entre los pinos buscando el collado de la Atalaya, collado que separa la montaña en sí de un pequeño cerro sobre el que se yergue el castillo. Algo más adelante, cuando nos encontramos prácticamente bajo el Santuario y su cruz de madera, nos encontramos con un cruce de cuatro caminos. Nosotros seguimos de frente para terminar de subir hasta la ermita consagrada a la Virgen del Buen Suceso.



La vega del Segura se desparrama en casi todas las direcciones

A partir de aquí el recorrido se complica un poco. Así, nos situamos en la redonda donde desemboca la subida del ‘zigzag’. Desde aquí podemos observar perfectamente toda la fachada este de la Atalaya. Podría parecer imposible ascender hasta lo más alto pero nos damos cuenta que, entre los contrafuertes rocosos de la derecha (norte) y las paredes que conforman la montaña a la izquierda (sur) hay un paso practicable. De hecho, esta subida está muy marcada inicialmente por una senda que asciende serpenteando en sucesivas zetas. En los últimos tiempos, la gente opta por subir directamente y han abierto una traza que ahorra todas las revueltas. Pues bien, nosotros comenzamos a subir por dicha traza con paciencia ya que la pendiente es mucha. A nuestra derecha tenemos la vega de Cieza, el pueblo y la Sierra de AScoy. A la izquierda podemos observar la Sierra del Oro y prácticamente todo el valle de Ricote. A nuestra espalda queda el Santuario y el Castillo.

Tras unos metros de ascenso llegamos a un pino solitario en el que la senda prácticamente desaparece. A partir de aquí deberemos guiarnos por nuestra intuición ‘montañera’ y progresar por los lugares más asequibles. Es difícil extraviar el buen camino pues está muy transitado y es bastante evidente hasta el punto de que la blanda roca caliza delata el paso continuado de los excursionistas. Casi sin darnos cuenta, parándonos a respirar y a disfrutar de las vistas cada vez más aéreas, llegamos al collado cimero donde hay unos pinos pequeños que invitan a descansar y tomar la sombra. Sin embargo, ahora toca subir hasta lo más alto así que ascendemos unos metros más por una senda hacia la derecha muy marcada entre espartos que nos deja en la cumbre de la Atalaya, espléndido mirador sobre Cieza y su comarca.

A partir de aquí la excursión tiene dos opciones: i) volver sobre nuestros pasos y ii) terminarla haciendo una ruta circular. Aconsejamos la opción ii) solamente para aquellas personas que tengan experiencia en moverse sobre terrenos quebrados y de difícil progresión. No es una ruta peligrosa pero sí es aconsejable saber intuir los mejores pasos y evitar las dificultades que se puedan presentar. También recomendamos renunciar a esta opción en un día con mala visibilidad o condiciones meteorológicas adversas como lluvia o viento.



En uno de los trechos de la arista

A continuación vamos a describir cómo es la opción ii). Desde la cima de la Atalaya volvemos al collado cimero, a la explanada con los pinos. Desde ahí, buscaremos una leve traza que, entre la hierba, va descendiendo suavemente hacia el Oeste. Esta traza es una bajada alternativa por la umbría de la Atalaya. Nosotros, en lugar de continuar por la senda que después tiende a confundirse con la vegetación haremos lo siguiente: cuando veamos que comienza a descender de forma notoria y que nos acerca lo suficiente a la divisoria principal, nos saldremos de la traza para encaramarnos en dicha divisoria.

A partir de aquí el recorrido ya no tiene pérdida. Iremos progresando afanosamente por la arista, casi siempre en terreno descendente, pero en ocasiones también habrá que remontar algún tramo. Quizás debamos usar en algún momento las manos, pero no hay peligro alguno siempre y cuando nos mantengamos dentro de la divisoria principal. Los problemas se podrían dar si nos salimos ya que las pendientes son muy elevadas tanto al Norte como al Sur.

Las terrazas fluviales

Desde las alturas de la Atalaya y a lo largo de este itinerario podemos observar si estamos atentos una de las geoformas características que acompañan al río Segura en sus márgenes. Nos referimos a las terrazas fluviales. Así lo explica César Martínez Martínez (pincha aquí para ver los dibujos):

  • Después de un prolongado período de evolución, el río primero ha labrado su cauce sobre la roca de sustrato y luego ha rellenado el valle formando la llanura aluvial. En una fase temprana habría dominado la erosión vertical y encajamiento del canal, para luego ir ganando importancia la erosión areolar en los interfluvios que habrá rebajado el relieve hasta formar el amplio valle en artesa.
  • El río puede ganar capacidad erosiva y encajarse en su propia llanura aluvial como consecuencia de variaciones en el nivel de base o en el clima. Al hacerlo, puede llegar o no a atravesar todo el espesor de los depósitos aluviales.
  • De nuevo el río pasa por las mismas fases en su evolución y amplía el valle al ganar importancia la erosión en sus márgenes. La superficie de la anterior llanura aluvial queda adosada a las márgenes del valle en forma de escalón o resalte topográfico que constituye la denominada terraza aluvial.
  • De nuevo pasa por otra etapa de colmatación o relleno del valle formando una nueva llanura aluvial que, si se repite el ciclo y el río se encaja, dará origen a otro nivel de terrazas más moderno. Obsérvese que esta nueva llanura aluvial (y por tanto las terrazas que pueda formar) se encuentran a un nivel topográficamente inferior respecto a las terrazas más antiguas.

Así pues, continuamos avanzando por la divisoria hacia el oeste. Enfrente nuestro está el Almorchón que se recorta orgulloso sobre las montañas del noroeste de la región murciana. A nuestra derecha los campos de frutales de Cieza y la vega; a la izquierda, la sierra del Oro y su inmenso pinar. Poco a poco vamos avanzando hasta que la arista vira hacia el Sur perdiendo ya mucha altura. Vemos claramente una carretera que lleva al santuario y debemos llegar a ella. La mejor forma de hacerlo consiste en mantener la arista por su parte más alta y rocosa, evitando descender por las laderas. De este modo, desembocamos en dicha carretera prácticamente a la altura del cruce de las canteras. Hay un pequeño talud de metro y medio que se puede evitar fácilmente desplazándonos a la izquierda.

A continuación, tomamos la carretera en sentido Cieza, esto es, a la derecha según hemos entrado en ella. Continuamos por asfalto apenas medio kilómetro hasta que vemos una primera casa a la derecha. De aquí parte una senda pegada al cercado de la misma que, entre pinos, nos irá devolviendo a nuestro punto de partida. Ésta se conoce como ‘el paraíso’ y avanza apenas sin ganar altura hacia el Este buscando enlazar con la vieja carretera de asfalto de la umbría de la montaña que ahora se encuentra en desuso. Cuando llegamos a dicha carretera tomamos a la derecha y ascendemos unos centenares de metros muy pendientes de su margen izquierdo (conforme subimos).

Debemos ir atentos porque desde dicho margen arranca un senda muy marcada que, en vertiginoso descenso, nos lleva hasta el camino ‘de en medio’. Una vez en dicho camino vemos muy cerca y abajo el carril de tierra de ‘la cuesta de las cabras’, carril que alcanzamos bien atajando por una senda evidente, bien descendiendo por el camino de en medio. A partir de aquí, descendemos toda la cuesta de las cabras hasta el Molino donde cerramos nuestra travesía circular.

notas

  • Puede completarse esta actividad ascendiendo al castillo de Cieza desde el mismo Santuario lo que supone añadir un hora más de pateo.
  • El recorrido admite distintas combinaciones ya que la Atalaya es una montaña muy popular para los ciezanos y está repleta de caminos y sendas.
  • Es recomendable, si se va a hacer la arista, ir con pantalón largo por el esparto, los espinos y las rocas.

    fotos