De improviso, unos rayos efímeros se cuelan por entre los cúmulos reflejando los tonos rojizos y ocres. Guardo esta imagen del otoño como un tesoro y la fijo, además de en el procesador de mi cámara, en mis retinas. Y es que ya lo decía un músico talentoso…

ficha

sierra de Segura, Campos de Hernán Perea, cañada Lamienta
principios de noviembre 2010
51 kilómetros
1150 metros
4 horas
nuboso, frío

Y al segundo día amaneció frío y nublado. Nos dividimos en dos grupos: unos que prefieren andar y otros que nos aventuramos de nuevo con las burritas para completar el programa previsto. Remontamos de nuevo hacia Don Domingo sin tiempo para calentar a mucho más ritmo que el día anterior.

Cogemos la pista de los Campos y ahora ya no la abandonamos cuando atravesamos la Rambla de los Cuartos. Nada más pasar el puente, la primera en la frente: un pepino de medio kilómetro en el que ganas 100 metros para buscar el arroyo de la Juan Fría.


Puente de la rambla de los Cuartos

Allí nos están esperando nuestros amigos que han subido en coche hasta Don Domingo para dar un paseo y conocer el Pino Galapán, uno de los muchos árboles monumentales que guarda la Sierra aunque éste con nombre propio y sobrada fama. Nos reunimos, pues, bajo sus ramas y quedamos en vernos dentro de un par de horas frente a un plato de migas.


Arroyo de la Juan Fría

Llegando al Pino Galapán

Complicado de abarcar

El día pinta con un cielo blanquecino, color panza de burra que dirían los serranos, de esos que en un plis plas se arranca a nevar. Cuando superamos las últimas cuestas de la Juan Fría y enfilamos por el arroyo de la Pinadilla para arriba un fuerte viento nos empuja en contra.

Antes de abandonar la pista principal de los Campos paramos para comer algo. El frío es muy intenso y mi termómetro marca unos 4 grados que, junto al viento, nos hace tiritar y apurar rápidamente mandarinas y bocadillos para continuar dando pedales.


Remontando duras pendientes

Cortijo de la Pinadilla (¿o es Penadilla?)

Ahora cogemos un carril muy trialero que asciende bajo las faldas del Cerro Pinadilla, una de las cumbres de la divisoria Castril—Segura que está catalogada como tal en el libro de Carlos que, para mí, es la biblia en temas montañeros del Sur 1Excursiones por el Sur de España, tomo II, editorial Desnivel. Imprescindible, aunque tristemente agotado y sin reedición. El carril dobla el cerro por Poniente con vistas estupendas de los Campos y enfila en bajada hacia los Prados del Conde y el collado de la pista del Peñón del Toro.


Ya estamos más cerca de los Campos

Desvío hacia Cabeza Alta o cerro de la Pinadilla

Cambiando de cuenca con la Sagra enfrente

En lugar de continuar por él, en uno de los collados más amplios que tenemos a la izquierda — noreste — nos salimos por unas rodadas buscando el paso hacia Cañada Lamienta. El primero de los collados no nos sirve y son unas rodadas que terminan de manera brusca — he aquí el inconveniente de los 4×4, que abren caminos donde antes no los había e inducen a confusión en un terreno complicado como este.


Descenso por el pedregal

Sierra Nevada junto a los pliegues de Cerro Laguna

Finalmente encontramos unas nuevas rodadas, ahora más marcadas y volcamos hacia Cañada Lamienta bajando unas fuertes pendientes y arribando al cortijo donde nos reciben amigablemente. Un rato de charla y continuamos por la pista que, pese al barro, está transitable.


En tránsito hacia Cañada Lamienta

Camino embarrado: 100 litros del último fin de semana

Esta zona es realmente preciosa, aislada y sorprendente, una de las más remotas de la Sierra y también de la misma Cuenca del Segura donde, quizás, confluyen las primeras y más lejanas aguas que buscarán la desembocadura en Guardamar. Nosotros ya vamos a todo pistón pensando en el homenaje final.


Impresionante este lugar tan amplio

Descendemos por la Tiná de la Víbora otra vez al cauce de la Rambla de los Cuartos y remontamos un par de kilómetros hasta reencontrarnos con la pista principal de los Campos. Ya sólo nos queda subir a Don Domingo y dejarnos llevar hasta las migas.


Últimas luces del otoño

Final feliz

En pleno descenso, todavía tengo tiempo de clavar los frenos de disco en una curva donde me encuentro un serbal espléndido. Ahora mismo no hay luz para la fotografía así que espero con paciencia a que las nubes se abran mientras mis colegas ya me sacan muchos metros. De improviso, unos rayos efímeros se cuelan por entre los cúmulos reflejando los tonos rojizos y ocres. Guardo esta imagen del otoño como un tesoro y la fijo, además de en el procesador de mi cámara, en mis retinas. Y es que ya lo decía un músico talentoso como Keith Jarrett: la luz es más preciosa entre los intervalos oscuros.