Paso uno a uno muchos pueblitos, las sombras de los grandes árboles se agolpan en el parabrisas, apenas paso de 60, no tengo prisa… estoy terminando de apurar unas vacaciones duras, diferentes, tranquilas y muy, muy sabrosas…

ficha

montañas del norte de burgos, las merindades
agosto de 2010
19 kilómetros
900 metros
7 horas y media
sol, calor
recorrido: ver la ruta en wikiloc

Anoche, junto al río Ebro y su murmullo, lo habíamos hablado: hoy cerramos este GR. Hay dos motivos fundamentales para ahorrarnos la última etapa y terminar el GR en Soncillo en lugar de en Puentedey.

El primero de ellos tiene que ver con Moss. Al parecer, la última etapa discurre en algunos tramos por el antiguo trazado de una vía ferroviaria.

Ésta cruza varios desfiladeros y vaguadas mediante largos viaductos en los que se hace preciso avanzar de traviesa en traviesa con el vacío bajo los pies.

Y claro, no nos imaginamos al pobre Moss caminando por un sitio así cuando ni siquiera es capaz de atravesar un pequeño paso canadiense1Tampoco puedo llevarlo en peso: Moss pasa de los 35 kilos más sus alforjas y mi mochila.


Croquis de la etapa

Cañón del río Ebro

Paso de los Tornos

El segundo motivo tiene que ver con la logística. En Puentedey no hay comunicación posible para gente que va a pata como nosotros. La única solución consiste en, una vez allí, desplazarnos varios kilómetros adicionales para salir a una vía principal de comunicación como la C-6318 en San Martín de las Ollas y coger el autobús que nos devuelva a Villasana de Mena donde está nuestro vehículo. Esto nos supondría dos días más de camino y ya no estamos para muchos lujos.

Total: hoy terminamos nuestro periplo burgalés en Soncillo, cueste lo que cueste.

Tenemos el horario de autobuses y sabemos que debemos cogerlo a las 15h30m por lo que hoy toca madrugar. Hemos puesto el reloj a las 7h00m. Es nuestro récord en este viaje. Cuando suena, con la motivación extra del último día, nos levantamos como resortes y asomamos la cabeza por el ábside. Hoy va a hacer otra vez calor.


Espadaña en la iglesia de San Miguel del Cornezuelo

En el arroyo de las Palancas

Hay unas nieblas pegadas en el fondo de los valles que le confieren a este cañón cerrado un aspecto misterioso, elevado e intemporal. Desayunamos todos los sobados que nos quedan y me prometo traer más Almax a estos viajecitos porque la mantequilla cuesta trabajo de digerir. Recogemos, pasamos el puente de piedra y comenzamos a caminar río abajo. Lo primero que nos espera es el espectacular paso de los Tornos.

Mientras ascendemos los escalones en la piedra y disfrutamos del espectáculo natural que es este desfiladero recuerdo las palabras de la conversación que tuve ayer tarde con una de las ancianas de Tudanca. Me comentó que su marido era de Cidad — el pueblo hacia el que nos dirigimos en este momento — y que cuando la cortejaba tenía que hacer siempre este acrobático paso, ya fuera con la luz clara del día, ya con la complicidad de las estrellas. El amor, la juventud y otras cosas que tienen mucho tirón.


Vista de las agujas que cierran el desfiladero

Y arriba, las rapaces

Tras los Tornos llegamos a Cidad donde estuvimos barajando ayer la posibilidad de dormir alargando la jornada. Respiramos satisfechos al comprobar que no habían lugares tan bonitos como el que nos ha alojado esta pasada noche. Ahí cogemos una senda bastante empinada que remonta hacia San Miguel del Cornezuelo donde admiramos su iglesia. Avanzamos a continuación en paralelo a la carretera, pero mucho más arriba, por antiguos caminos de herradura hasta la confluencia con el arroyo de las Palancas, en las cercanías de Lándraves, bajo una espesa vegetación y muchos arces y quejigos.


Dentro de las Palancas

Estamos muy cerca de otro de los puntos álgidos de nuestro recorrido por este GR85: el desfiladero de las Palancas. Consiste éste en un cañón de apenas unos metros de anchura protegido por enormes paredes con casi un centenar de metros. La estrechez es tal que, en época de lluvias, se hace imposible el tránsito por la senda sin introducirse en la corriente.

Trasponemos esta espectacular brecha y ascendemos fatigosamente hacia Munilla, otro pueblo que nos sorprende con una iglesia preciosa, un caserío agradable y una fuente espléndida. Desde ahí cogemos una senda estrecha que sube con determinación entre quejigos buscando el Portillo Esmeril donde ganamos unas vistas generosas del camino que hoy vamos llevando.


Descanso

Iglesia de Munilla

Es casi mediodía, hace ya calor, pero hoy no va a haber ni siesta ni descanso. Descendemos entre el sonido de los grillos hacia Hoz de Arreba, dejamos el pueblo a la derecha y cogemos el antiguo camino de Soncillo. A partir de aquí tenemos una dura subida por una ladera de carrascas que mira al sur, con bastante calor, hasta ganar el Alto de la Hoya. Aquí gastamos todo el líquido anticongelante por los calores y el peso. Cuando vemos aparecer en el fondo del valle, al otro lado del puerto, el caserío de Soncillo, creemos estar soñando.

Pero no, no es un sueño. Está ahí mismo: apenas dos kilómetros de carril nos separan de Soncillo, un pueblo alargado por haberse desarrollado junto a una carretera con todo tipo de servicios. Nosotros caminamos hasta la plaza principal donde encontramos una fuente. Son casi las tres de la tarde, nos aseamos, nos ponemos ropa limpia y en un bareto caen dos hermosos bocadillos de tortilla con tomate. Dios existe.


Remontando el penúltimo puerto

A eso de las 15h30m estoy esperando al bus en la acera de la carretera donde se supone que para. Pasan más de tres cuartos de hora y ya estoy mosqueado de más cuando asoma por la curva de la carretera. La vuelta ciclista ha interferido en el horario habitual provocando el retraso. No pasa nada. Ahora voy montado en mi butaca, mirando el paisaje de las Merindades. Lourdes y Moss se han quedado en una terraza de Soncillo donde me esperan para que les recoja con el coche. Me resulta tan extraño vislumbrar los campos, los árboles, las montañas a esta velocidad que me froto los ojos.


Descenso hacia Hoz de Arreba

Terminando

Tras más de hora y media el bus me deja en Villasana, donde todo empezó hace 9 días. El viejo Touran me está esperando lleno de polvo y suciedad. Arranco — menos mal que no me deja tirado — y conduzco hacia atrás, hacia Soncillo, para recoger a mis compañeros de viaje que también son mi clan, mi manada y mi familia. Paso uno a uno muchos pueblitos, las sombras de los grandes árboles se agolpan en el parabrisas, apenas paso de 60, no tengo prisa… estoy terminando de apurar unas vacaciones duras, diferentes, tranquilas y muy, muy sabrosas. Recostado en estos pensamientos y en el respaldo, escuchando a Patty Griffin, siento con un pelín de tristeza que se nos va otro verano más al que, por fortuna, le hemos exprimido todo lo que de bueno tiene este tiempo de luz y claros.

[Ir al índice general del GR85 por las montañas de Burgos — en las Merindades siguiendo la Ruta de los Sentidos]