Los casi 40 grados con que nos recibe el pueblo enseguida se ven amortiguados por un baño en la fuente y el posterior descanso bajo una morera. Nos resulta especialmente curioso como, cada 3 o 4 minutos, sale un habitante de una de las casas herméticamente cerradas para evitar los calores y, con su botella de plástico o su jarra de cerámica, llena agua en la fuente para volver a la oscuridad del hogar. Aquí no deben gastar mucho plástico pienso yo y me acuerdo de lo incongruente que es comer en un restaurante de Lanjarón — por ejemplo — mientras te sirven el agua embotellada a precio de oro.

ficha

montañas del norte de burgos, las merindades
finales de agosto de 2010
23 kilómetros
650 metros
6 horas y media
sol, calor
recorrido: ver la ruta en wikiloc

Estamos avisados y sabemos que hoy seguirá haciendo calor.

De esta forma, no nos queda otro remedio que madrugar para evitar las horas centrales del día en la medida de lo posible. Y así, con el sol elevándose sobre la vega del Ebro, atravesamos el puente romano de Frías mientras tanteamos con nuestras plantas desgastadas las piedras redondas del pavimento.

Tras la cuesta de subida al pueblo salimos por una carretera local y, aconsejados por un buen conocedor del terreno en Frías, nos ahorramos el breve bucle que hace el GR para llegar a Tobera. Así, nada más tomar la carretera, nos desviamos por un carril a la derecha que, a media altura, nos va acercando hacia el bonito pueblo de Tobera con sus cascadas del río Molinar y la Ermita de Nuestra Señora de la O.


Croquis de la etapa

Puente romano de Frías

Las casas colgadas de Frías

Realmente merecía la pena pasar por aquí. Nos refrescamos en las aguas de las cascadas y continuamos unos tres kilómetros por el arcén de la carretera en el único tramo de asfalto en muchos días de camino. Tras una curva a la izquierda, con el sol fuerte, encaramos una pista de tierra que asciende con fuerza buscando hacia Poniente el pueblo de Villanueva de los Montes. Lourdes y Moss me esperan bajo las encinas achaparradas mientras negocio las cuestas con mi cruz particular de 20 kilos.


Tobera. Ermita de nuestra señora de la O

Refrescándonos en el río

Tras pasar el puerto la pista atraviesa zonas de bosque alternadas con campos de labor abandonados y nos introduce en el sencillo caserío de Villanueva. Nos encontramos con Visi, una señora que nos ofrece agua y fruta y parloteamos con ella un buen rato mientras se escucha el sonido del cincel y la gubia dentro del garaje. Así nos enteramos de que Ignacio, su marido, se dedica a la artesanía de la madera de boj fabricando útiles de cocina como cucharas, muy apreciadas por los grandes restauradores. Visi nos cuenta como, de pequeña, salían a los bosques para localizar las mejores bujarras y las traían para el pueblo. A día de hoy su marido parece ser de los pocos que sigue manteniendo la tradición.


Llegando a Villanueva de los Montes

Vistas hacia el valle del Ebro

Antes de que entre más calor nos despedimos y afrontamos una subida por una senda preciosa entre robles, avellanos y un espeso sotobosque que busca un collado con vistas hacia el valle de Tobalina. Tras ganar el collado, sudando a mares, comenzamos un descenso trepidante hasta Cillaperlata. Los casi 40 grados con que nos recibe el pueblo enseguida se ven amortiguados por un baño en la fuente y el posterior descanso bajo una morera. Nos resulta especialmente curioso como, cada 3 o 4 minutos, sale un habitante de una de las casas herméticamente cerradas para evitar los calores y, con su botella de plástico o su jarra de cerámica, llena agua en la fuente para volver a la oscuridad del hogar. Aquí no deben gastar mucho plástico pienso yo y me acuerdo de lo incongruente que es comer en un restaurante de Lanjarón — por ejemplo — mientras te sirven el agua embotellada a precio de oro.


Buscando el fresco

¿Para cuándo esa sidra?

Evidentemente no pasamos inadvertidos: nuestro aspecto desarrapado, nuestros bañadores mojados de la ducha, Moss resoplando bajo el banco de hierro y los mochilones llaman mucho la atención. En una de estas salidas a por agua va y aparece alguien por la puerta que teníamos más cercana. Es un hombre de mediana edad que pronto entabla conversación con nosotros. Pese al calor, también asoma la cabeza su señora y nos tiramos de cháchara casi media hora. Son un matrimonio que ahora vive en Estella pero que conservan el hogar en Cillaperlata. La conversación finaliza con unos valiosos regalos: cervezas, tomates dulces para acompañar nuestros secos bocadillos de filete y unas ciruelas deliciosas de la variedad Claudia que nos vuelven locos de lo ricas que están. Estoy que se me saltan las lágrimas mientras me dejo llevar por una modorra consistente sobre las lamas metálicas del banco.


Cillaperlata

Cillaperlata junto al Ebro

Camino de Trespaderne

Tras la siesta retomamos el camino hacia Trespaderne junto al río Ebro. La senda avanza bajo los chopos de la ribera pero pronto deja de ser practicable por las zarzas y la espesa vegetación y nos vemos obligados a tomar una pequeña carretera local que, a su vez, desemboca en la nacional que sube desde Oña. Un kilómetro más por el arcén y entramos en Trespaderne por el puente viejo y el campo de fútbol buscando el camping. Tenemos suerte y podemos pillar un bungalow. Va a ser nuestra primera noche en seis días con colchón. Pero lo mejor de todo no es dormir blando, sino que al atardecer asoman unos finos cirros por el Noroeste que confirman el cambio de tiempo. Mañana, por fin, hará fresco.

[Ir al índice general del GR85 por las montañas de Burgos — en las Merindades siguiendo la Ruta de los Sentidos]