A sotavento del Norte que esta tarde pega fuerte plantamos el tenderete junto a los gruesos muros y nos lavamos en la fuente. Cocinamos abrigados y dejamos que la luz se vaya mientras admiramos las infinitas tonalidades de las nubes que, viniendo desde mar adentro y al chocar contra los acantilados de estas montañas, se ven obligadas a reptar con sigilo…

ficha

montañas del norte de burgos, las merindades
finales de agosto de 2010
15 kilómetros
650 metros
6 horas
sol, viento del norte
recorrido: ver la ruta en wikiloc

Empezar una aventura como esta siempre es difícil.

Y todavía lo es más si acabas de pegarte un viaje de 800 kilómetros de coche, has de localizar el inicio del camino y hace un sol de justicia. Tras unos minutos en la oficina de información de turismo de Villasana de Mena salimos de este pueblo fuertemente urbanizado con chalets y segundas residencias para la gente de Bilbao1Bilbao está a unos 40 kilómetros escasos por buena carretera. Es normal pues. buscando nuestro primer destino: el pueblo de Vallejo de Mena.

Tras pasar Vallejo de Mena el GR se interna en el bosque y juguetea con las abundantes sombras de robles y castaños. Entre penumbras y pese a ser mediodía salimos a Siones donde nos recibe un entusiasta vecindario con Moss y sus mochilas. Esto será una constante en el viaje.

Aunque el 1:50.000 marca carretera resulta que avanzamos por un camino de herradura solitario y umbroso. Hasta nos permitimos el lujo de dejar a Moss suelto porque el ganado, unas vacas soñolientas que buscan la sombra de las hayas, siempre está separado de nosotros detrás de sólidos muros de piedra.


Croquis de la etapa

Primeros pasos hacia Vallejo de Mena

Sombras en un día de calor

El hambre está apretando así que, en la iglesia de Vallejuelo, junto a la fuente pagada por una señora llamada Nemesia, almorzamos y nos vamos quitando ya algo de peso. Lourdes se queda junto al lavadero mientras yo me voy con Moss a los bancos de la portada de la iglesia. En contra de lo habitual, esta iglesia románica está orientada al Este y a esta hora de la tarde su pórtico tiene un frescor riquísimo. Ahí me apoltrono en un banco de madera y cierro la puerta de hierro para que Moss no corretee. Dormimos y dejamos que el sol baje unos grados.


Comida en la fuente patrocinada por Nemesia

Esa alegría de Moss es contagiosa

Despertamos bruscamente gracias a los ruidos del típico tonto del quad que hay en cada pueblo. Bueno, no pasa nada, es la hora de salir así que hacemos el ánimo y cogemos el camino para Cadagua. Conforme ganamos altura los robles ceden ante las tiránicas hayas que acaparan todo el suelo forestal. El camino comienza a empinarse mientras que, a nuestra derecha, las pocas veces que la espesura lo permite, disfrutamos del precioso valle de Mena con sus caseríos, sus lomas onduladas al Norte que reciben los vientos del Cantábrico, sus parcelas cuidadas y recortadas con esmero y su luz oblicua tamizada por los vapores del océano.


Bosque atlántico

La cosa se pone empinada...

Tras cruzar bajo la vía del ferrocarril de vía estrecha La Robla—Bilbao el camino se convierte en una senda estrecha y confirma su vocación de puerto, de paso entre montañas. Miro hacia atrás para observar el fantástico trazado que siguen los trenes y tengo claro que alguno de ellos fue el que se llevó, en la novela de Delibes, a Daniel el Mochuelo. Al pobre le tocó abandonar el pueblo para estudiar en la ciudad y es que tenía que seguir su camino, aunque para ello se viera obligado a olvidar las pecas de la uca uca2La novela es una delicia y se titula: El Camino. Era la lectura habitual en mis tiempos de instituto. Espero que esta buena costumbre no se haya perdido como las demás..


Llegando al puerto de la Magdalena

Descenso hacia Castrobarto

Un poco más adelante recuperamos agua en la sorprendente fuente del Romero y compartimos los últimos tramos de ascensión, ya más desnudos y abiertos a las inclemencias del Norte, con familias que suben a merendar para disfrutar de las vistas 3En estos últimos tramos transitamos por un camino empedrado, una calzada, cuyo origen no está definido: si romano o árabe. También ha sido una vía habitual de peregrinación a Santiago. Y es que merece la pena encaramarse aquí, a este puerto de la Magdalena: el valle de Mena se extiende muy abajo, las parcelas forman cuadraditos y las manchas de robles apenas son pequeñas motas entre el hiriente verde de los prados. Y al Sur, cerrando el valle, como acantilados fieros que remansan las hayas y enfrían los vientos del Cantábrico para condensar las nubes, se extienden los Montes de la Peña, una espléndida línea caliza que se yergue violenta y desafiante frente a las embestidas del Norte.


La tienda junto a la iglesia

A partir del puerto el camino desciende levemente entre coníferas y pastos. El paisaje ha cambiado de modo brusco y sin continuidad. Mientras bajamos metros mi espíritu montañero está cautivado por los grandes picachos que tenemos a Levante pero eso deberá ser para otra ocasión porque hemos terminar la etapa y el sol ya está bajo. Tras un recodo asoma enérgica y oscura la torre medieval de Castrobarto.


Entran las nubes del Cantábrico

Entramos en el pueblo y pronto nos recibe la chiquillería. Un grupo de mujeres mayores que juegan al chinchón en una cochera nos indica el patio de la iglesia como lugar más adecuado para montar la tienda. Pues para allá que nos vamos. A sotavento del Norte que esta tarde pega fuerte plantamos el tenderete junto a los gruesos muros y nos lavamos en la fuente. Cocinamos abrigados y dejamos que la luz se vaya mientras admiramos las infinitas tonalidades de las nubes que, viniendo desde mar adentro y al chocar contra los acantilados de estas montañas, se ven obligadas a reptar con sigilo para ganar esforzadas las altas tierras de la meseta.

[Ir al índice general del GR85 por las montañas de Burgos — en las Merindades siguiendo la Ruta de los Sentidos]