Son las ocho de la tarde, el sol hace rato que se ha metido tras las crestas orgullosas del pico Mondeniero y tenemos el cuerpo reventado por el peso de las mochilas y los tres días de actividad.

¿Y es esto todo?

¡Qué va!

Esto sólo es la punta del iceberg: bajo la superficie, debajo de la lámina de sudor, cansancio y hambre y mucho más profundo que el dolor de hombros y riñones, queda el recuerdo del viento, la hierba, la nieve, la roca y la luz.

ficha

pirineo aragonés, valle de Ordesa
finales de julio de 2010
23 kilómetros
350 metros
8 horas
sol, fuerte viento del norte

Que todo tiene su fin es una verdad ineludible y así llegamos al término de esta mini travesía por el corazón calizo de los Pirineos. Al sacar la cabeza por el ábside en esa rutinaria maniobra que consiste en ver qué día hace observo una mañana con mucho sol, bastante viento en altura y nubes embarrancadas en las cumbres. El régimen de los días previos se sigue manteniendo: viento del Norte y nubes desde la parte francesa.

Recogemos los bártulos y ganamos el cuello de Millaris camino del popular refugio de Góriz. Las marmotas se despiden de nosotros y Moss las mira desconcertado sin poder distinguirlas entre la hierba y las rocas. Conforme descendemos la temperatura va subiendo en grados y en las proximidades de Góriz nos vamos encontrando con las primeras personas.


En las proximidades de Góriz

Una vez que sobrepasamos en refugio ya tenemos claro que se acabó la intimidad y que volvemos al mundo civilizado. Aún así, merece la pena muchísimo regresar otra vez a la popular ruta del valle de Ordesa y más si se trata de revivir tiempos de la infancia1Dostoievski afirmaba que aquél que guarda los recuerdos de la infancia está salvado para siempre y yo creo que no le falta razón, ¿verdad? cuando una chiquilla atrevida y testaruda cogida de la mano de su padre y con unas alpargatas, llegó desde el parking hasta la cola de caballo mientras el resto de la familia se quedaba esperando a la sombra de un árbol. Esa enérgica tozudez era la simiente del futuro carácter de la mujer cumbre.


Moss se despide de las marmotas

Y nosotros, por ahora, nos despedimos de las altas cumbres

Bajamos al fondo del valle por el sendero y nos refrescamos en la famosísima cascada aunque en lugar de comer ahí que apenas hay sombra preferimos descender un poco más buscando el frescor y la soledad apartados del camino. A partir de ahora debo llevar a Moss atado con la cuerda porque es la normativa del Parque Nacional2En realidad, debería haberlo hecho según la normativa desde el principio de la jornada, pero en las alturas no nos hemos encontrado con nadie y lo veo razonable porque este es un lugar de mucho tránsito.


Dominando Ordesa

Cumpliendo un sueño sencillo: volver a la cola de caballo

Tras un pequeño incidente con las vacas y sus boñigas3No sé que le da a Moss con las boñigas que se vuelve loco y se revuelca como un cerdo — literal — por lo que tenemos que vigilarlo cuando atravesamos campos de minas que se salda con un chapuzón del perro en el río encontramos una sombra bajo los abetos y agotamos los víveres. Nos permitimos el lujo de dormir la siesta para, a eso de las cinco, seguir descendiendo.


Refrescándonos

Atado y bien atado

El camino es largo porque a nosotros no nos vale el llegar hasta la pradera. Esto es porque el perro no puede subir a los autobuses — obligatorios — que pone el parque para acceder a su interior así que nos toca una hora y media más desde la pradera buscando nuestro coche aparcado cerca de la ermita de San Antón.


En las gradas de Soaso

Dentro del bosque de hayas

Curiosamente, resulta que esta parte del camino es mucho más bonita y atractiva que la que se oferta al gran público desde la pradera hacia arriba. Que conste que esto lo justifico porque la senda es mucho más estrecha, íntima y tranquila. Además va pegada al río Arazas hasta que, de repente, mantiene la altura y el fragor de las aguas en fuerte caída comienza a perderse entre las hayas y los roquedos. Hay varios miradores para disfrutar de las cascadas y los saltos y sólo nos encontramos con una pareja que se dirige a Torla. Nosotros, finalmente, nos salimos del camino tradicional para cruzar el río Ara por un puente metálico4Hasta el último momento estuvimos pendiente de un hilo porque este puente no aparece en la cartografía ALPINA y, en caso de no encontrarlo, nos habría tocado seguir hasta Torla y volver a subir. Luego he mirado la cartografía de la editorial PIRINEO y sí está. Por tanto, PIRINEO 1 — ALPINA 0.


El Tozal del Mallo nos vigila


Fin de la aventura

Son las ocho de la tarde, el sol hace rato que se ha metido tras las crestas orgullosas del pico Mondeniero y tenemos el cuerpo reventado por el peso de las mochilas y los tres días de actividad. ¿Y es esto todo? ¡Qué va! Esto sólo es la punta del iceberg: bajo la superficie, debajo de la lámina de sudor, cansancio y hambre y mucho más profundo que el dolor de hombros y riñones, queda el recuerdo del viento, la hierba, la nieve, la roca y la luz. Pero como no me quiero poner melancólico que es domingo por la tarde prefiero cerrar con un texto que siempre he guardado en mis libretas escrito por Elisée Renclus, un geógrafo enamorado — ¿cómo resistirse? — de los Pirineos. Aquí va:

Al alejarme de los amados montes que parecían huir lejos de mí, miraba a veces hacia atrás para contemplar sus curvas empequeñecidas; quedaba atrás la montaña mientras yo regresaba al tumulto de los humanos. Pero al menos he podido conservar en la memoria la suave impresión de lo pasado. Veo surgir nuevamente ante mis ojos el amado perfil de las altivas cimas; vuelvo a entrar con el pensamiento en las umbrosas cañadas y, durante unos instantes, puedo disfrutar apaciblemente de la intimidad con la roca, el insecto y el tallo de hierba.