En esta entrada hacemos un resumen de lo que ha dado de sí el año. He elegido como foto esta del Danubio, cuando estábamos en Hungría con casi 40 grados encima de las burritas haciendo kilometradas centenarias y a punto de terminar lo que ha sido la aventura central del año. La alegría de las fuentes azules resume perfectamente nuestra felicidad a lo largo de estos 365 días. Ojalá que la vida siga siendo así de generosa y podamos seguir disfrutando mucho más.

Es tiempo de balances, de contabilidad, de revisión… es tiempo para echar la vista atrás — pero sólo un poquito — y disfrutar por segunda vez de las cosas que hemos vivido. El año empezó difícil para mí con una lesión grave en el talón que me mantuvo en el dique seco durante más de dos meses. Estuve así, al ralentí, pero eso no fue impedimento para que en Navidades pasáramos unos días estupendos en la Sierra de Segura, cerca de Hornos, donde Javi Penalva captó esta magnífica puesta de sol:

Desoyendo las prescripciones médicas y aprovechando el invierno excepcional de nieves le encaramos a la pingüino de la Sagra. Recuerdo este día como uno de los que más me dolió el talón pero volvería a hacerlo ya que pocas veces sube uno esta montaña con tan buena compañía.

Tras nuestro especial viaje a Sevilla y Córdoba — por motivos del corazón, irás donde él te lleve — Lourdes se estrenó con crampones y piolet en mi montaña talismán, la Sagra, en un día feo en los valles pero precioso en las alturas donde un sol cálido nos recibió al llegar a la línea de cumbres:

Aprovechando los trabajos del libro hacíamos salidas todos los sábados. Estuvimos en el cañón de Almadenes haciendo un recorrido que siempre sorprende:

Conforme avanzaba el año mi talón iba mejorando y me propuse una prueba de fuego: invernal a la Alcazaba desde el Postero. El amanecer sobre la loma mientras coronábamos la cima fue de ensueño:

La primavera estaba cerca y había que empezar a coger forma con la bici pues el verano se presentaba cargado de eventos importantes. Con Lelete, Suxo, Kalifa y el comandante Ernest estuvimos haciendo la superclásica “un hombre llamado Caballo” en la Sierra del Pozo:

Y es que con el horizonte del Danubio en verano teníamos que preparar la expedición. Aquí estamos los croquetas en la disfrutona vía verde del Noroeste, en uno de los muchos viaductos que atraviesan esta comarca montañosa, verdadero pulmón de la región de Murcia:

Y claro, para ponernos como motos en la bici, hay que alternar salidas como la anterior con otras más cañeras y exigentes como la que nos merendamos una mañana de Abril los cuatro mendas de la foto: el centro de la Sierra de Segura en BTT haciendo un itinerario clásico que me tiene enamorado y que volveré a repetir muy pronto con los del Club Montañero.

Mi talón ya no daba malas noticias y me fui a disfrutar de la estupenda primavera a las Banderillas. Con Moss tuve la fortuna de disfrutar de una de las mejores aventuras de este año cuando una nevada nos sorprendió bajo sus paredes y su instinto fino y preciso me sacó del temporal.

En los meses centrales de la primavera le tiramos muy fuerte al libro de Cieza así que nos tocó recorrer todos los caminos habidos y por haber del municipio. Aquí estamos en el Cagitán con Moss correteando por el cereal.

La preparación para el Danubio tenía que continuar. En Mayo nos apuntamos a un curso de cicloturismo organizado por el Ayuntamiento de Lorca. Fue un fin de semana estupendo por las tierras altas de este municipio visitando lugares como Coy, Avilés, Zarcilla de Ramos y el embalse de Puentes.

Al mismo tiempo, no quería descuidar a mis colegas de siempre. Con Migueli hicimos una circular a la Sierra de las Cabras en BTT cuya mayor dificultad fue el proceso digestivo del homenaje que nos dimos en Nerpio.

En el puente de la Región los “danubieros” nos fuimos al hotel Río Madera en concentración. Cuatro días y cuatro actividades entre las que reseñamos esta subida al Yelmo a pedales y la ascensión al cerro del Poyo Alto, una de las pocas montañas que me quedaban por hacer en la zona.

Con Ángel de Pozo Alcón y sus “mákinas” estuvimos correteando por las aldeas abandonadas de Santiago y Pontones. Era mi particular despedida de la Sierra pues mi verano se presentaba alejado del hogar durante más de dos meses.

Y, por fin, uno de los proyectos centrales del año, la expedición al Danubio. Tres parejas, seis bicicletas, decenas de tarros de nutella, cientos de picaduras de mosquito y más de 1300 kilómetros en bicicleta.

Tras el Danubio y en un encaje de fechas sin precedentes, aprovechamos la buena forma física para escaparnos a Pirineos con las burritas. Una semana estupenda con mis amigos de toda la vida haciendo una circular entre Navarra y Francia.

En el mes de agosto hubo un parón fuerte de actividades montañeras. Nos marchamos casi al otro lado del mundo por motivos laborales. Luego ya vino septiembre, el susto de Moss que se nos había perdido y que recuperamos milagrosamente y un comienzo intenso de temporada con actividades como la ascensión al cerro de la Carrasca en mi querida Sierra de Castril.

El otoño no terminaba de entrar pero las migas de Hornos no podían esperar más. Montamos una expedición saliendo de Hornos, yendo a Santiago bajando Despiernacaballos y haciendo el Yelmo. Disfrutamos como críos de una salida entrañable con noche incluida en el hotel Río Madera.

El bueno de Javier Bussons me pidió un poco de despresurización universitaria y nos acompañó Bernardo para hacer la integral del calar de las Pillillas. Una salida cinco estrellas con paisajes de vértigo.

Unos días después, aprovechando el puente de la hispanidad, me largué con dos súper mujeres a explorar la Sierra de Baza entrándole desde abajo aprovechando el cauce del río Gor. Fue una travesía en toda regla con imágenes y recuerdos imborrables, como esta inmensa alegría en la cumbre del Santa Bárbara.

Con la peña canina aprovechamos un fin de semana en Moratalla para disfrutar de la gastronomía local y ascender el siempre fiero y orgulloso Pico del Fraile en la Sierra de los Álamos.

Entrados ya los fríos, compartí con el Club Montañero la ascensión al Picacho de Cieza magistralmente comandada por Félix Gómez de León, un crack de la vertical del que siempre se aprende algo.

Y sin dejar terminar el mes me embarqué en una convocatoria de Sansón para hacer la integral de los Agrios: un itinerario áspero, aéreo y con unas vistas impresionantes donde compartí ruta con una gente estupenda de muchos sitios.

Por fin, vino el invierno y justo antes de que el cielo se desplomara sobre nuestras cabezas nos dio tiempo para hacer una de las clásicas de Cieza: la Sierra del Oro desde el Madroñal.

Y como el puente de Diciembre se presentaba soleado y tranquilo, nos aventuramos en Tejeda y Almijara para acometer una travesía ambiciosa por la divisoria provincial. Desde la Maroma al Lucero disfrutando del mar a un lado y de las nieves de Sierra Nevada al otro. Todo un espectáculo.

Después de la travesía, los fríos, las nieves, una semana en Pirineos esquiando y la presentación del libro que nos ha tenido todo el año liados: Cieza, Aventura Natural.

En lo que respecta a esta web, estrenamos un nuevo diseño hace justo un año y hemos recibido más de 60.000 visitas — sin contar arañas ni espías — lo que nos da más de 150 visitas al día. No está mal teniendo en cuenta que esto es una página personal sin ningún ánimo de lucro ni de nada… bueno, sí, lo que queremos está claro: disfrutar de la montaña.

En fin, ya termino: este año ha sido realmente estupendo. Vamos a luchar para que el siguiente sea todavía mejor. Un abrazo a todos y espero veros por aquí o, mucho mejor, en la Sierra.