Tras tomar un breve bocado regresamos sobre nuestros pasos y es que tenemos que seguir con nuestro apretado planning del fin de semana. Ahora nos toca un arroz y conejo que nos ha preparado Salvadora, una casa particular — sí, una casa particular, en la calle Mayor de Moratalla — donde puedes encargar comidas. De nuevo hago publicidad: todavía estoy relamiéndome. Me temo que, como todas las experiencias “casa rural” me resulten como esta, cada vez me va a costar más trabajo encontrar motivación para vivaquear, hacer desniveles de 2000 metros, pasar frío y sufrir hambre por esas montañas de Dios. ¡Me estáis pervirtiendo!


Este fin de semana toca casa rural con la peña canina. En el sitio donde yo vivo hay tres tipologías: i) personas con hijos, ii) personas con perros y iii) personas. Esta clasificación no excluye, evidentemente, tipologías complejas como personas con perros e hijos, pero ese es un caso poco habitual y muy poco estudiado que no vamos a tratar aquí — por ahora, pues tenemos noticias de que pronto podremos hacer un estudio serio al respecto ya que una pareja se ha presentado voluntaria.

Bueno, pues la peña canina se corresponde con la tipología ii). Somos dueños de perros, marginados sociales, nos escondemos en los descampados del barrio para pasear a nuestros chuchos y, como es bien conocido, la adversidad une mucho de modo que esta peña ha surgido espontánea, solidaria y con fundamentos sólidos.

Para celebrar esta consonancia nos hemos marcado una casa rural en Moratalla: los Guindos. Excepcional y muy recomendable — de ahí el enlace. Y como somos muy distintos los que vamos, pues un plan de actividades variado y multidisciplinar: siestas, comidas, cervezas, parchís, vino, paseos, dulces y… algo de monte, claro que sí… ¿cómo no estando en Moratalla?

Elijo como actividad la subida al Pico del Fraile por varios motivos. La ratio recompensa/esfuerzo es muy elevada y eso garantiza el éxito. Además sólo disponemos de una mañana para hacer la ascensión así que esta elección viene perfecta. Dejamos el coche cerca de la casa del Cristo, un espléndido paraje próximo a Moratalla con buenas vistas al que se accede por la carretera del campo de San Juan. De ahí tomamos un carril, antiguo camino al Pozo de la Nieve del Rincón del Agua, por el que ascendemos buscando la umbría de la Sierra de los Álamos. Hace calorcillo y pronto empezamos a sudar. Parece mentira que sea 1 de Noviembre. Hace justo un año estrenábamos la temporada invernal en Peñalara.

Una vez que el carril termina nos tiramos para arriba por una vaguada con bastante piedra suelta. Pasé por aquí la última vez hace siete años y la gente ha abierto senda; se nota que esta subida se ha popularizado gracias al libro de “excursiones por el interior de Murcia” de José María Egea y otros autores. Ganamos pronto la divisoria principal de los Álamos y también la cumbre del Pico del Fraile. La bruma de la mañana ya se ha levantado con el calor y hay pocas vistas hacia Levante. No así hacia Poniente, donde el aire más seco nos permite ver cómo las Almenaras asoman muy por detrás de la Molata de Charán.

Tras tomar un breve bocado regresamos sobre nuestros pasos y es que tenemos que seguir con nuestro apretado planning del fin de semana. Ahora nos toca entrarle a un arroz y conejo que nos ha preparado Salvadora, una casa particular — sí, una casa particular, en la calle Mayor de Moratalla — donde puedes encargar comidas. De nuevo hago publicidad: todavía estoy relamiéndome. Me temo que, como todas las experiencias casa rural me resulten como esta, cada vez me va a costar más trabajo encontrar motivación para vivaquear, hacer desniveles de 2000 metros, pasar frío y sufrir hambre por esas montañas de Dios. ¡Me estáis pervirtiendo!