La felicidad existe. Está en esas alforjas que se bambolean mecidas por un pedalear inseguro y cochinero; está en la mugre que se va acumulando en ese culote resudado que aguanta sin lavar una semana; se encuentra además en esos bocadillos de jamón de medio metro que nos comemos en los portales de las casas bajo la mirada reprobatoria de sus moradores; también es fácil hallarla en las pendientes de un puerto cuando puedes humillar sin ser humillado. Efectivamente, la felicidad existe.
Con estas pocas líneas está resumida la aventura. Pero claro, uno tiene rollo para aburrir así que no me quedo aquí. El «Perineo Navarro» nace auspiciado por nuestro gran patrocinador: Sixto, el becerro de Durango, el bisonte de Gaztelupe, el yunque de Mondragón, la galerna de Bermeo, el aizkolari de Lesaka, la bestia de Alsasua, el oso de Abodi… Sixto ha sido el artífice de esta expedición, de su diseño, del alfa y el omega en casa de Alberto, una persona que se ganó el cielo por alojar bajo su techo, en la misma cama donde dormía, en los mismos platos donde comía, en la misma terraza donde cualquier domingo lee el periódico, a toda una cochambre — viene de cocho: puerco — de seres humanos como somos nosotros con nuestras miserias, dolores, olores, sonidos, materias sólidas, residuos líquidos y demás.
Bueno, que me lío. Al grano: esto va de la primera etapa de la aventura. Llegamos a Donostia el sábado por la noche y nos fuimos al monte Igueldo a cenar, a un restaurante típico, precioso, con vistas al Cantábrico, en una ladera semiperdida y en el que llenamos los depósitos por lo que pudiera pasar. El domingo amanece soleado, bueno, con calor, casi 30 grados. Tardamos dos horas en prepararnos y salimos de casa de Alberto casi a las 13 horas. Horario de perros para lo que se avecina: por un carril bici súper cómodo atravesamos San Sebastián, disfrutamos del ambiente de la Concha y salimos por la antigua nacional I hacia la carretera local de Lesaka.
El primer contratiempo lo tenemos a la altura de Oiartzun donde unos problemas mecánicos nos obligan a parar a la sombra del frontón para poder continuar. Debatiéndonos entre tomarnos un bocata o no al final seguimos y nos metemos el primer puerto de la jornada. Una subida fácil, rápida y bonita donde Emilio ya enseña sus poderes: está el tío que se sale y no va a perdonar ni uno. Además, va de sobrado: se para, se ríe, se da la vuelta… ¿habrá cabrón? Los demás sufriendo, sufriendo, con los dientes rechinando y apretando mandíbulas.
Tras este primer puerto descendemos a la búsqueda de un pantano azul inmenso — creo recordar que se llama Endara — que brilla entre los hayedos. Aquí estuvimos hace un par de Navidades, en esa visita ominosa de turismo exótico que mejor no reseñamos. La carretera se vuelve a poner pina y ascendemos buscando la segunda dificultad montañosa de la jornada. La gente se vuelve a calentar y llegamos arriba con bastante distancia respecto de la cola de pelotón. Una siesta, el viento soplando suavemente las hojas de las fagáceas, la paz del verano, casi se escucha a Van Morrison cantando Summertime in England. A partir de aquí, todo para abajo buscando Lesaka.
Pero estaba escrito que hoy no iba a ser un día tranquilo. En un momento dado, el aislante de Javi da un salto cuántico y se cuela entre la rueda y el transportín, la bici pega un frenazo en seco y Javi vuela unos metros. Por fortuna, nos pilla ya en una zona casi llana, pero se hace daño en el hombro y la muñeca. Nos asustamos mucho pero pronto Javi se pone de pie: ha roto el casco.
Con el tembleque en el cuerpo nos paramos en Lesaka. Queremos descansar y ver cómo está Javi así que buscamos un centro de operaciones. Lo encontramos en un bar en el que nos sirven los mejores bocadillos del verano — mi tortilla es inolvidable — mientras esperamos la asistencia médica. Una vez que confirmamos que Javi está bien y que lo único que necesita es descansar nos planteamos dar la etapa por cerrada. Buscamos un chiringuito donde dormir y encontramos unos apartamentos encima de otro bar. Esto está genial: y yo que pensaba que mi doble techo no iba a parar de criar cagarrias.

José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.


¡¡¡Hijo mio que le vamos a hacer!!!! eres mi heroe!!!,jaja, menuda introducción, que arte… ¿Tu que pintas con las matemáticas? ¿estás seguro que esa era tu vocación?, lo que se pierden los de letras al no tener a alguien como tu, no es justo para los que una ecuación nos resulta mas o menos como el idoma japonés.
Genial, como siempre
@lolo: si es que tienes la agenda de montaña más apretá que un ministro… jeje… alguna caerá lolo… un abrazo
@migueli: gracias gually… como ves, he recuperado mi inspiración después del esfuerzo librero… ya está la cazorlada en marcha…
@sixto: esperaba tus aportaciones querido sixtófono… pronto pongo la siguiente… ¿vienes a la cazorlada verdad?
@roseta: te has pasado al tenis y se te olvida lo que es un sillín en tu ojete… pronto más 🙂
@yokotron: exagerao como siempre… que eres un exagerao… si ibas sobrao, suelto, cual grácil pajarillo… quiero verte en la cazorlada… me ponen tanto tus tendones jejeje…
@javi: es que somos así de masocas 😉 un abrazo bloguero
@marisa: nena que me sacas los colores!!! un besico
Sifo, leyendo la crónica hasta da la sensación de que disfrutáis ;D
Todo muy prosaico y muy bien relatado, pero en aquellas recurvas empapadas de sangre y sudor, la «dama de hierro» no me habria torturado mas de lo que lo hizo la vision de la sonrisa de Emilio esperando como si nada.
Menos mal que la tortilla lobotomizó estos dolorosos recuerdos, porque os juro que en al final del tunel del segundo puerto, me parecio oir una voz que decia «No vayas a la luz , caroline, no vayas a la luuzz».
¡ah la bici…!
ese potro de hierro que tanto felicidad y dolor me ha dado…
gracias sifón por hacerme revivir los estigmas de aquellos días… sé que en el fondo más de uno agradeció que mi caída recortara la etapa para no acabar con el culo como la bandera de Japón..
queremos más!!!
Ohhhhh Siiiiiiiiiiii Joooooooooooooooooooooo eeeeeeeeeeeeeeeee !!! Has vuelto a hacerlo Sifon. Grandes recuerdos en forma de olores, sabores y ese pedalear agarrotado que no se sabe como atina para hacer avanzar la bici pero que nos redime de tanta miseria… El primer puerto que subimos se llama Aritxulegi, el segundo Agiña y el embalse San Antón. Ansioso espero la siguiente crónica.
Que duro y bonito a la vez es leer estas líneas. Ya metidos de lleno en la jornada laboral que empina al invierno, estos párrafos nos recuerdan tiempos de felicidad; que sí Sifo, que sí, que ésta existe y no está más allá de de ese bamboleo arfojil pestucero comentado con el cual todos nos identificamos.
Menos mal que para subsistir tenemos ya en el horizonte el 1º aniversario de la Cazorlada, aunque a esta llegaremos en un estado todavía más lamentable, Jee, jee.
Felicidades por tu crónica, el primer párrafo es maravilloso, ni la mejor poesía.
buaaaaaaaa que rato más chulo he pasao leyendo esta primera etapa!!! y que envidia de verdad!!! espero poder acompañaros en una de esas pronto un abrazii