[5 de Agosto de 2007] Begunje – Kranjska Gora (65 kms)
Amanece un nuevo día totalmente despejado y con mucho sol. Esta noche no he descansado bien y he cogido algo de frío; siento que no me he recuperado de los 90 y pico kilómetros de ayer. Mi estado físico en cuestión junto con la etapa de hoy que se presupone durísima me hacen albergar serias dudas sobre si seré capaz de disfrutar de la jornada. Para colmo de males, ocurre que todos los comercios de Begunje — y los bares — están cerrados, así que avanzamos por la carretera hasta la primera estación de servicio donde hay un pequeño supermercado para avituallarnos.
Después del desayuno/almuerzo, avanzamos por carreteras bastante saturadas de tráfico hacia Bled que, como ya comenté en la etapa anterior, es el centro neurálgico del turismo de montaña en Eslovenia. Esta característica no es casual: paisajísticamente Bled es como un cuento de hadas, con sus bosques, un precioso lago de azules aguas, una isla con un castillo de hadas y, finalmente, cerrando el horizonte, el impresionante macizo del Triglav, la montaña más alta de Eslovenia que se yergue por encima de los 2860 metros.
En nuestro plan inicial podría haber figurado la ascensión a esta montaña pero experiencias pasadas — el Cintu, en Córcega — nos aconsejaron olvidarnos de ella ya que nos hubiera supuesto un esfuerzo extra muy grande a encajar en los pocos días disponibles que nos quedaban. Así pues, nos contentamos con divisar el macizo desde sus faldas, que no es poco, y ponemos rumbo hacia Kranjska Gora, pequeño enclave situado a Poniente de Bled, casi lindando ya con la cercana Italia.
Para llegar hasta Kranjska Gora lo natural es tomar la carretera nacional; no obstante, como el tráfico es muy denso, nos salimos intencionadamente y hacemos una ruta por el interior del Parque Nacional siguiendo un delicioso carril de tierra bajo las hayas y los abedules. Este camino nos exige más esfuerzo porque tiene más cuestas y además el piso no es tan rápido como el asfalto, así que se nos va haciendo cada vez más tarde y el horario previsto cada vez es más una utopía.
De esta forma, cuando todavía nos quedan 15 kilómetros hasta Kranjska Gora, volvemos a recuperar el asfalto en Mojstrana pero son ya casi las cuatro de la tarde. Vemos entonces claro que no vamos a llegar a nuestro destino de la mañana que era Bovec, al otro lado del Paso de Vrsic, por lo que nos relajamos y nos metemos en un restaurante donde caen muchas pivos y truchas que aquí las preparan de maravilla.
Estas «comidas de empresa» no son compatibles con un buen rendimiento sobre la bicicleta, así que cuando me vuelvo a subir dejo que mis compañeros se vayan para adelante mientras me relajo disfrutando de la vía verde que nos acerca hasta nuestro destino.
La tarde va cayendo con placidez; un aire tibio nos empuja por detrás y los campos de cereal están en su plenitud, justo antes de la siega. Me encuentro una escultura de hojas y ramas muy graciosa que me llama la atención y le echo una foto. La vía verde avanza en paralelo a la carretera y nos lleva directamente a Kranjska Gora donde encontramos alojamiento en la casa de Arnold Schwarzenegger, el «chuarche» como diría Florentino.
Nos damos un paseíto por la ciudad que es realemente bonita y pronto cae la noche. Hace bastante frío y el «chuarche» nos cuenta que este invierno les cayeron más de cuatro metros de nieve. Nos tomamos unas cervecitas y una cena ligera porque la comida de empresa todavía está en el centrifugado y nos recogemos porque aquí, después de las 21h, ya no hay vida en la calle. Mañana nos espera un envite de envergadura para cerrar la aventura: una etapa centenaria con el puerto más duro de Eslovenia. Una clausura por todo lo alto, sí señor.

José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.



Mi metabolismo de caimán aerofágico hizo compatible la comida de empresa con una tarde de placido pedaleo. Que bonito todo el recorrido ! Salvo esa cuesta infame del 18% antes de llegar al pueblo donde comimos, que tuve que subir andando junto al cronista para que mi panza no estallara de ignominia. Respecto a la posible subida del Triglav, quiero dar gracias a Dios por no haber vuelto a sentir esas agujetas bochornosas en el hostal de Calacuccia, ese recuerdo de cuatro cuerpos macilentos agarrandose a la barandilla de la escalera camino de la leprosería, noooooooo !!!!!! Nunca Mais !!!!
De nuevo fantástico retrato de una de las mejores etapas eslovenas…esa comida de empresa justifica por si solo gran parte del viaje..menos mal que imperó la prudencia y dejamos el «paso de Vrsic» para el día siguiente..
Luis si hubiérmos intentado el Triglav puede que mis restos descansaran allí para siempre..
Tomo nota Luis… la verdad es que si hubiéramos hecho el Triglav ya sería la leche, pero éramos cinco y había gente que no controlaba muy bien el tema de la montaña… además llevábamos dos días menos en la planificación, uno por la lluvia de Logarska Dolina y otro por la pérdida de las bicis en el aeropuerto… eran los dos días para hacer la montaña.
Saludos y gracias por comentar.
¿y no subisteis al Triglav?,
Vaya, pues te perdiste lo mejor.
Es cierto que es uy dificil compaginar bici y montala en un viaje, por eso de acarrear con mochila, botas…etc. Pero en este caso merecia la pena con creces.