Lo peor de todo es que se formó una montonera con los dos cuerpos y las bicis, y además había bastante tráfico. Lo mejor sin embargo es que no ocurrió nada grave ya que en ese momento no pasaban coches y ambos salieron más o menos bien del incidente… bueno, casi bien, por a Javi se le quedó el recuerdo de los 48 dientes del plato grande de Miguel en el muslo. Una marca de guerra para la posteridad.

[1 de Agosto de 2008] Postojna – Ljubljana (58 kms)

La noche en la cabaña ha sido muy fría y estamos muy perezosos para subirnos a las bicis. Estiramos algo los músculos entumecidos por las jornadas previas y remontamos entre hayas hacia la nacional. Poco a poco entramos en calor y nos animamos para lo que se prevé como un buen día de ciclismo.

Nuestro final de etapa es la capital del país. En lugar de acercarnos a ella por el camino más corto — que sería la autopista — evidentemente vamos a optar por algo más secundario y con menos tráfico. Lo más aceptable que encontramos es la comarcal 102 que nos lleva hasta Logatec. Con muchísimo tráfico y un arcén estrecho de menos de dos palmos vamos avanzando kilómetros a muy buen ritmo. Hoy es el primer día que no sopla viento y enseguida empezamos a pasar algo de calor.

Tras atravesar el casco urbano de Logatec y en una recta con árboles sufrimos un percance sin consecuencias pero que pudo tenerlas y muy graves. Íbamos muy rápidos en fila india y nos encontramos un pequeño bordillo de 3 o 4 dedos en el arcén que había que subir. El caso es que Javi (¿o fue Migueli?) se lo tragó y Migueli (¿o fue Javi?) que iba detrás se cayó también. Lo peor de todo es que se formó una montonera con los dos cuerpos y las bicis y además había bastante tráfico. Lo mejor sin embargo es que no ocurrió nada grave ya que en ese momento no pasaban coches y ambos salieron más o menos bien del incidente… bueno, casi bien, porque a Javi se le quedó el recuerdo de los 48 dientes del plato grande de Miguel en el muslo. Una marca de guerra para la posteridad.

Recuperados del susto y algo más calmados seguimos haciendo kilómetros ahora por la comarcal 409 hacia Vrhnika. Pasamos la localidad y ya es casi mediodía aunque en lugar de parar a comer vamos a apurar kilómetros para tener toda la tarde en Ljubljana. Así pues, entramos a la capital casi a las 3 de la tarde por un carril bici delicioso (¡ojalá pudiéramos entrar a las capitales de España como lo hicimos nosotros allí!) que nos iba acercando al centro de la principal ciudad de Eslovenia. Pasamos las embajadas y en el primer restaurante interesante nos detenemos a comer. De menú: un filete de caballo.

Preguntamos por albergues y refugios y tras un par de intentos fallidos porque los primeros estaban totalmente petados nuestros cuerpos acaban en el albergue Tabor, algo así como un antiguo reformatorio o colegio de internos de la Europa comunista. Sórdido, cómodo y amplio: perfecto para nosotros que sólo necesitamos ducharnos, lavar la ropa, afeitarnos y ponernos guapos para visitar la ciudad.

A eso le dedicamos toda la tarde. A eso y a replantearnos la situación ya que después de tres etapas de ciclismo en llano pensamos que lo más interesante del país debe estar en la montaña. O no, no es que sea lo más interesante en términos absolutos, sino que lo que más nos puede interesar a nosotros son las montañas y sus puertos y sus cuestas… la épica que hemos venido a buscar y a sufrir. Unificados los criterios decidimos subirnos mañana temprano en un tren para ganarle kilómetros a las carreteras nacionales y plantarnos cerca de los Alpes Julianos, donde tenemos una cita con el ciclismo de altura. Anhelamos las ascensiones corcegueras y eso no lo podemos evitar. Es nuestra sangre.

Así que después de visitar y pasear por el centro de Ljubljana preguntamos por la estación de tren y compramos unos billetes hacia el Noreste. En la misma estación nos clavamos un kebab y nos retiramos a nuestros aposentos. Mañana la cosa promete. Nos metemos en la montaña.