Cuando vamos a dormir nos echamos a suertes quién le toca el suelo y como soy un cafre, pues el menda es quien se deja los riñones en una noche fría, fría… no quiero pensar lo que cae aquí en pleno invierno. Antes de coger el sueño la peña se me descuelga con una densa conversación que termina con una frase de nuestro más querido ideólogo en temas sexuales: «la mejor mamada de tu vida te la hará un hombre». Sin comentarios.

[31 de Julio de 2007] Skocjan – Postojna (62 kms)

El día amanece radiante, fresco y luminoso, como si de un día de primavera nueva se tratase. Remontamos con esfuerzo hacia la Iglesia de Betanja y retomamos la carretera 405 en dirección al Oeste, buscando la ciudad de Pivka. Es una carretera tranquila que serpentea junto al río Reka pero que pronto abandonamos buscando la soledad de los caminos locales y vecinales. En el mapa que compramos en Trieste éstos aparecen de color blanco así que pronto viramos al Norte para atravesar la vía del tren y pasar por Gornja Kosana, siempre buscando el atajo más directo hacia Pivka.

La campiña eslovaca es preciosa: extensos prados, cultivos de cereal que ahora están en su madurez, bosques de caducifolios que tapizan las laderas más empinadas… y en lontananza, en las montañas, todo un mundo de coníferas impenetrable que no deja pasar ni un rayo de luz. Pese a que el terreno es bastante llano, de vez en cuando nos sorprenden algunas cuestas. Además nos equivocamos un par de veces en la elección del camino y tenemos que retomar nuestros pasos.

Poco a poco vamos ganando kilómetros hasta que salimos a la nacional 6, a la altura de Kal, al sur de Pivka. Encontramos unos puestos de fruta y recuperamos energía a base de plátanos y manzanas. Estamos contentísimos… ¿quién nos iba a decir que después del «penaero» con las bicis extraviadas íbamos a estar dos días después dando pedales? Genial pues.

La nacional es un mal invento, mucho tráfico y mucho peine de oreja. En un par de kilómetros entramos en Pivka que es bastante grande y como ayer ya nos dimos un par de buenos homenajes pues hoy le tiramos a lo económico. Los supermercados Spar han llegado hasta aquí, así que por 17 euros hacemos acopio de pan, embutido, postres y pivos (uséase, cervezas eslovenas) que nos tomamos en el bordillo de la acera del súper. La siesta de rigor será un infierno: en la sombra frío y al sol un torrijón de mil demonios. Después de luchar contra los elementos nos ponemos otra vez en acción, ahora hacia el Norte buscando Postojna.

Pronto, a la altura de Selce, nos salimos otra vez de la nacional y disfrutamos de una secuencia de pequeños pueblitos, todos ellos con sus iglesias, sus campos, sus bosques, en fin, todo un deleite de paisaje bañado por este sol veraniego, este viento fresco de Poniente… sensaciones indescriptibles de saber que estamos haciendo lo que nos gusta, lo que hemos esperado mucho tiempo y que, por fin, ha llegado. De Selce a Slavina, de Slavina a Koce… y luego Prestranek por los territorios de Drácula, y también así viramos al Oeste para llegar a Zeje, y de ahí, por una pista de tierra flanqueada por espesas coníferas remontamos hacia el Norte y rodeamos Postojna buscando el cámping.

Gracias a las indicaciones de una chica que nos acompaña en bici unos kilómetros encontramos la «puerta trasera» del cámping, así que sólo tenemos que dejarnos llevar por una cuesta empinada y llegamos a nuestro destino después de más de 60 kilómetros. El cámping está cerca de las cuevas de Postojna y el lugar es precioso. Tenemos suerte y nos gobernamos una cabaña para la noche. El restaurante está regentado por el chófer de Drácula que se olvida de servirle el plato a Migueli y además nos sirve unas cervezas más calientes que el caldo de unos berberechos.

Cuando vamos a dormir nos echamos a suertes quién le toca el suelo y como soy un cafre, pues el menda es quien se deja los riñones en una noche fría, fría… no quiero pensar lo que cae aquí en pleno invierno. Antes de coger el sueño la peña se me descuelga con una densa conversación que termina con una frase de nuestro más querido ideólogo en temas sexuales: «la mejor mamada de tu vida te la hará un hombre». Sin comentarios.