Ascensión clásica a Monte Perdido por el valle de Ordesa y el refugio de Góriz en modalidad invernal. Es factible realizarla en un día sin peso aunque muy cansada y en función del estado de la nieve. Preferible dividirla en dos etapas haciendo noche en Góriz.

ficha


pirineos, ordesa
14 y 15 de Mayo de 2005
dos días
32 km
2100 m
estable, nubes de evolución
ver el track en wikiloc

Aprovechando un viaje de negocios la peña se ha planteado hacer Monte Perdido. Pues nada, mochilas, piolos, crampalas y todos para arriba a ver lo que pasa.El viaje se hace largo largo y llegamos a Torla pasadas las 11 de la noche. Nos han salido 8 horas de coche desde que salimos al mediodía de Cieza. El hostal que hemos reservado está muy bien y antes de acostarnos comienza a llover. Ambos factores empiezan a hacerme pensar que la mejor idea sería quedarnos haciendo turismo de pueblos y aperitivos… impresión que se acentúa cuando escucho de madrugada cómo sigue diluviando.

Pero los milagros existen y a las seis de la mañana, cuando nos levantamos, ya no llueve y en el cielo se adivinan nubes livianas que están embarrancadas en el fondo del valle, presagio de estabilidad y buen tiempo. Felices por tal circunstancia preparamos los macutos y antes de las ocho estamos avanzando por la típica senda que recorre el fondo del valle de Ordesa y que encontramos muy solitaria en estas horas tan tempranas.


La exhuberancia del valle de Ordesa está presente en cada uno de los rincones por los que avanzamos. Destaca sobre todo el verde renovado de las hayas que vuelven a saludar una nueva primavera y el magnífico contraste con los pinos silvestres.

El día esta precioso, despejado, sin viento y con una temperatura muy agradable. Me sorprende el color del bosque porque siempre había venido aquí en verano y nunca había contemplado el verdor renovado de las hayas; se trata de uno de los colores más impresionantes que he podido ver jamás. Avanzamos rápido y pronto llegamos a las gradas de Soaso y al circo de Góriz.


Otro rincón magnífico que merecía una parada.

En el circo apreciamos la magnitud de la montaña que vamos a intentar ascender. Ha estado nevando toda la semana y el macizo está muy cargado de nieve blanda por lo que va a ser toda una odisea afrontar la subida en estas condiciones. Además, hay que tener en cuenta que nos vamos a meter en faena pasado el mediodía y que hace bastante calorcillo…

Llegamos al refugio sobre las 12 del mediodía y paramos un rato para descansar y reponer fuerzas. Hablamos con la guarda y se echa las manos a la cabeza por empezar a subir tan tarde; le explico que no tenemos otra opción y que debemos estar mañana por la mañana de nuevo en Torla así que tenemos que jugárnosla a una carta. Un grupillo de extranjeros se nos une en la subida pero van poco equipados y antes del lago helado se darán la vuelta


Los integrantes de la expedición, de izquierda a derecha, Víctor Gil, Miguel Gual y Manolo Dato.


Cuando llegamos a las gradas de Soaso ya empezamos a ver algunas nubes pequeñas que luego evolucionarían a mayores…


Panorámica espectacular de Monte Perdido y Soum de Ramond desde el circo de Góriz.

Justo antes de superar un pequeño resalte que requiere un poquito de atención nos cruzamos con la gente que ha dormido en el refugio y que salieron para la montaña esta mañana temprano. Nos dicen que la nieve está muy blanda (eso ya lo estamos comprobando) y dudan de que hagamos cumbre. Al menos, eso es lo que notamos en sus caras. También nos cruzamos con un pareja que llevan raquetas y que avanzan mucho mejor que nosotros. Luego nos enteraremos de que han estado muy cerca de la cumbre.

La nieve blanda va haciendo mella y poco a poco nos vamos separando. Al llegar al lago helado echo la vista atrás o sólo veo a Miguel Gual. Como voy justo de energías me siento tras una roca y me ventilo todos los filipinos. Ahí caigo en la cuenta del problema que vamos a tener con el agua, porque la que llevamos es muy poca y aún queda mucha mucha ascensión. Fallo imperdonable. Unos minutos más tarde aparecen Manolo y Víctor. Menudo reventón que llevamos. Los guiris ya se dieron la vuelta más abajo.


Llegando al refugio de Góriz, con algunas nubes de evolución que están remontando la Sierra Custodia.


Imagen espectacular de los pliegues del Cilindro.


Encarando el tramo final de la subida por encima del lago helado. Hay bastante nieve y está muy blanda. En ocasiones la cumbre se despeja y nos alienta a llegar cuanto antes (foto: Manolo Dato)


En el descenso por la Escupidera…

A partir del lago helado nos ponemos los hierros aunque sólo serán necesarios en las últimas rampas. Intentamos ver huellas que nos faciliten las cosas pero hay muy pocas y al final seguimos las de las raquetas que, aunque no son profundas, sí son bastante inteligentes y buscan las zonas con menos nieve acumulada. Remontamos poco a poco y, de vez en cuando, las nubes que ocultan la cumbre se levantan y nos animan a conseguir el objetivo. En la escupidera no encontramos huella alguna y eso nos desconcierta hasta tal punto que nos vamos escorando hacia la derecha y casi hacemos cumbre sin pasar por el colladito final.

Después de muchos esfuerzos llegamos a la cima. Me sorprendo de lo cambiada que está con todo este nevazo; el pilón apenas se yergue unos centímetros sobre la superficie y me encuentro unos tres metros más alto que cuando estuve en verano. Tenemos mucha sed y estamos cansados pero muy contentos de haber aguantado y subido hasta aquí arriba. Además, en la zona final sólo hemos visto unas huellas; en el refugio nos confirmarán que sólamente nosotros y otra cordada han logrado cumbre en el día. Los chicos de las raquetas se quedaron a escasos 30 metros pero la niebla los despistó.

En la bajada vamos lentos, torpes y nos hundimos hasta la cintura. Empiezo a recordar la odisea con Bernardo esta primavera cuando descendimos del Tozal del Cartujo en Sierra Nevada y, afortunadamente, aquí la cosa no está siendo tan dramática, aunque revienta… Tras destrepar el resalte espero a la peña y casi me duermo mirando hacia el valle de Ordesa. Hace una temperatura fenomenal y el sol se refleja en las laderas de Sierra Custodia. Tras un rato bastante largo aparecen al final y continuamos la marcha hacia el refugio.


El valle de Ordesa aparece encajonado y muy muy distante.


Llegada al refugio: imposible llegar al venado esta noche.

La llegada al refugio es apoteósica. Manolo ha reventado las polainas con los crampones y nada más soltar la mochila se desploma en el suelo; él no lo ve pero los que están cenando en el refugio se quedan alucinados y empiezan a imaginarse lo mal que lo hemos pasado con esta nieve. El debate venado sí o no pierde fuerza ante la evidente cansera que tenemos en el cuerpo y decidimos hacer noche. Fiel a mis tradiciones gatunas me doy un bañico en el arroyo de Góriz antes de que el sol se meta. Mientras, los colegas van montando la tienda y como vamos sobraos de metros no se les ocurre otra cosa que ponerse casi 50 metros por encima del refugio. ¡Toma ya!

Por la mañana recogemos rápido y tiramos para abajo. En la senda encontramos mucha más gente (es domingo) y tardamos bastante más tiempo del que preveíamos porque Víctor va fastidiado en el abductor. Finalmente, llegamos al coche y nos vamos a hacer las gestiones que, en teoría, justificaban este viaje. Por lo visto, todo lo relatado en estas notas fue accesorio.


Una habitación con vistas excepcionales.