Este mes de Abril ha cristalizado por fin una empresa que me ha hecho mucha ilusión: la publicación de un libro sobre un viaje en BTT. La editorial es DESNIVEL y aquí podéis ver una ficha del libro.

La experiencia ha sido muy positiva y quizás tenga la suerte de volver a repetir. Ya veremos. Por lo pronto, os dejo con el prólogo del libro:

¿Preparados?

Viajar siempre merece la pena. Viajar en bicicleta todavía es más recomendable. Pero si encima ese viaje discurre por un camino repleto de valores históricos, culturales y paisajísticos como éste, entonces hay poco que añadir.

Recorrer la Vía de la Plata es guardar en la retina de la memoria una panorámica del tiempo y el espacio. Y hablamos de ambas dimensiones, la temporal y la espacial porque aquí todo está imbricado. Hablamos del tiempo, de miles de años atrás, cuando el Hombre del Neolítico en su necesidad ancestral de comunicación, de emigración en busca de sustento, aprovechó los pocos pasos naturales que le ofrecía esta vía para promover su subsistencia. Hablamos también del tiempo de las primeras civilizaciones que arribaron a Iberia: tartesios y fenicios discurrieron por estos pagos. Y luego Roma. Roma y su civilización modélica que aportó una estructura a los múltiples caminos. Mejor, una infraestructura de cantos, bloques y miliarios que pervive con el paso de los siglos y que los unificó a todos bajo el enlosado de la Calzada.

Y luego más tiempos; el tiempo de los vándalos que arrasaron raudos y veloces gracias al camino ya trillado. El tiempo de los árabes que conquistaron la península apoyados de esta vía de comunicación vital para engarzar todo el Oeste. Y el tiempo trajo otros usos y motivos: el motivo espiritual para recorrer jornadas de camino en pos de la tumba del apóstol; el uso ganadero para aliviar al ganado del crudo invierno castellano. Y así hasta hoy, donde la modernidad ha impuesto su lógica de asfalto y hierro.

¿Y qué decir del espacio? Esa anatomía compleja que es nuestra península y que vamos a diseccionar con precisión de Sur a Norte atravesando en perpendicular la Sierra Morena más profunda y negra, donde el ibérico se hace arte y gastronomía, donde la dehesa es un modo de vida para la naturaleza, el hombre y su territorio.

Tras las primeras montañas, los grandes ríos: Guadiana y Tajo. Y tras el vado de éstos, la remontada dura y esforzada para conquistar la meseta castellana aprovechando una de las pocas concesiones que nos ofrecen montañas tan serias y broncas como las del Sistema Central.

Finalmente, cuando ya vamos maduros del esfuerzo, llega el llano, el horizonte inmenso de Castilla, la variedad cromática de los campos, la transición imperceptible de la tierra al cielo en un horizonte apenas definido. Y los llanos, y los ríos, y las brumas nos llevan hacia Astorga, el final de esta Vía, de este pretexto para recorrer el espacio y el tiempo haciéndolo nuestro, como nuestro termina siendo el jadeo en las cuestas, el polvo del camino y el barro de las ruedas.

Buena suerte.