Travesía que parte desde Castril, busca las Empanadas y desciende por la Cabrilla y el Tranco del Lobo hacia el Molinillo. Uno de nosotros tuvo que salirse antes tirando hacia el Buitre y cogiendo un coche en el Portillo.

ficha

sierra Seca, Castril y Cabrilla
julio de 2004
dos días
pijá
pijá
calor
orientación complicada sobre todo en el descenso del Tranco del Lobo hacia la Cañada del Mesto
track no disponible

El verano de 2004 fue especialmente intenso en cuanto a montaña se refiere. Empezamos arrasando cerca de casa, con esta pedazo de travesía que os cuento y que abarca el Tornajuelos de Sierra Seca, Empanadas en Castril, Cabrilla en la Sierra de la Cabrilla y el Tranco del Lobo para terminar en la Bolera. Y algo más, como bonus track: Cabañas por el Guazalamanco. Después de esta movida marchamos a Sierra Nevada para hacer una travesía circular de tres días. Y cuando el cuerpo apenas se había recuperado nos largamos a Pirineos para dos semanas. Verdaderamente, fue un verano intenso.

Centrándonos en esta primera etapa de aquel verano, la historia comienza al final del carril que remonta el valle del Castril, en las tuberías de la central. Llegamos pronto, muy de mañana, y para hacer tiempo mientras esperábamos a Miguel Gual que vendría al mediodía, nos zampamos el Tornajuelos, culminación del extenso lomo de Sierra Seca. La subida la hicimos por el cortijo de la Asperilla y de allí prácticamente a “trocha” buscando el mínimo tiempo, esto es, la máxima pendiente. Al ser verano y hacer mucho calor las vistas desmerecen y todo el monte está muy “quemado” pero qué demonios, no todos los días uno se sube a estos sitios, así que lo celebramos dándonos un baño en el Castril.

Croquis de la actividad
Croquis de la actividad

Tras la llegada de Miguel ascendemos hacia la base del Empanadas donde pensamos hacer noche. Subimos por el “chinar” de Túnez, ganamos el arroyo, descendemos a su cauce, nos separamos de nuevo para remontar un espolón en su margen derecha y tras un par de vaguadas tributarias estamos en esos deliciosos bancales con nogueras donde el “maestrillo” sacaba lo justo para sobrevivir aislado los rigores del invierno. Amparados por sus ruinas descansamos y, al día siguiente, afrontamos como burros las Empanadas en uno de los to’tiesos más memorables que recuerdo: prácticamente por la cara este del Pico nos plantamos en el vértice, y encima con los armarios. ¡Pero qué burros!

De las Empanadas, por en medio de ese territorio irreal como es la Cabrilla y sus pliegues ascendimos al punto más alto de dicha Sierra: una significada cota de 2048 metros que apenas asoma de otra decena de morros que casi le discuten la supremacía. En este punto, mi camino se separa del de mis amigos. Ellos descenderán hacia la Hoya de Nava Centeno y la Chacona mientras que mis pasos me dirigen hacia el pico del Buitre, hacia el Sur. ¿Y esto por qué? Pues porque yo mañana tengo que estar en otra función en Sierra Nevada, así que me retiro del negocio y mi puerta de atrás es el Buitre de Castril y esa magnífica senda que, en volandas, me lleva hasta el embalse del Portillo donde tengo mi coche.

Cuando volví a hablar con mis compañeros me contaron que pasaron mucha sed, que les costó descender desde el Tranco del Lobo porque no encontraban la vereda, que la pista de la Bolera se les hizo eterna bajo la lluvia y que, al día siguiente, en la ascensión a Cabañas, también pasaron mucho frío con el viento de la cumbre. Menos mal que yo lo estaba pasando peor, si no, ¡me habría dado tanta envidia!

fotos