Una de las actividades más duras y exigentes que hemos acometido en la sierra de Segura. Se trata de circunvalar por completo el macizo de las Banderillas pasando por lugares tan emblemáticos como Fuente Segura, los Campos, Valdeazores, el Borosa, Majal Alto y las Canalejas.

ficha

sierra de Segura
julio de 2012
96 kms
14 horas
actividad exigente que requiere nivel físico, técnico y capacidad para saber orientarse
calor, despejado
ver el track en wikiloc

Se me va de las manos el verano y nada, que no actualizo el blog. Vamos a ponernos al día con la última historia que hemos hecho por la sierra de Segura; en concreto, me refiero a una reedición de la ‘serrana in the limit’, término acuñado por Ernest para una actividad exigente, dura y preciosa que ya hemos hecho otras veces.

El recorrido de esta edición sale desde Fuente Segura, asciende por el extenso poljé de Cañada de la Cruz, cruza los Campos del Espino, atraviesa por una pista principal el centro de los Campos de Hernán Perea hacia Rambla Seca y luego de ahí busca por el collado Bermejo el curso del río Borosa — esperadme un segundo que voy a parar, tened en cuenta que necesito respirar un poco después de tantas bifurcaciones, pedales, cuestas y piedras.

Desde Valdeazores se desciende cruzando los túneles — imprescindible llevar frontal — y luego se afronta el tramo más técnico de la jornada que es la bajada hasta la central.1Como se trata de una senda muy transitada no está de más recordar aquí la preferencia de paso de quienes van a pata y la pertinencia de detenernos por completo y ceder el paso cada vez que nos crucemos con personas Una vez en ella, se hace toda la pista del Borosa hasta comer en la Piscifactoría — aquí es opcional caminar por la cerrada de Elías, aunque nosotros la obviamos para ahorrar tiempo.



Chopo solitario en los Campos

Y sigue la cosa: tras la comida nos dirigimos hacia la pista de la margen derecha del Valle. Cogemos el carril que sube hacia Majal Alto, nos dejamos caer a las Canalejas y de ahí remontamos por los Centenares y el collado del Fraile a la Hoya del Ortigal para finalmente descender hacia los Miradores y Fuente Segura.



Cerca de Valdeazores

Hablando con Ernest a posteriori me comentó que es mucho mejor comenzar la ruta en el valle del Guadalquivir y afrontar la pista del Majal Alto con la fresca2Esto no lo hacemos así porque al venir desde Levante es mucho más accesible la zona de Pontones que Cotorríos y el Tranco. Es cierto. Doy fe de que la ascensión a las 5 de la tarde con 40 grados de los 1000 metros de desnivel hasta la garita forestal se nos hizo durísima. Además, afrontamos después el resto de subida hacia la Hoya del Ortigal y los Miradores con el depósito al mínimo.

Finalmente llegamos a las 11 de la noche a Pontones donde nos recibieron unas migas de escándalo y una cama reparadora en la ‘ruta del Segura’, un alojamiento que mencionamos de forma explícita por el buen trato dispensado en el que repetiremos sin duda alguna3A destacar que nos esperaron hasta las 11 y pico para prepararnos la estupenda sartén de migas y que los precios son muy económicos.



Embalse de los Órganos

En lugar de hacer el relato completo de la jornada prefiero escoger lo que sentí en un momento concreto de la tarde. Os pongo en situación: son las 20 horas, el sol se va y tenemos dudas de por donde sigue el camino. ¿Qué sentimos en estos momentos? Ahí va eso.

El husmeador de sendas

Mis compañeros se quedan esperando en el centro del prado, exactamente donde la senda deja de estar definida y me lanzo en frenética carrera a pie buscando la continuación en este laberinto rocoso con trampas de bosque y escaramuzas de espino.

Trabajo rápido husmeando aquí y allá. Mis vista recorre las laderas intentando distinguir una horma, una referencia, un rastro del paso continuado de personas y bestias que confirme la dirección correcta. Camino ágil con la respiración entrecortada. El sol ya está a punto de ocultarse tras las Villas. Lo miro de reojo cuando su corona acaricia el Blanquillo; a su vez él me ilumina con sus últimos rayos con una luz lechosa y tenue amortiguada por la calina de un día extenuante.

He encontrado una traza que parece la buena. Me lleva en paralelo al arroyo de las Grajas hacia las ruinas de un cortijo. Las hojas de las nogueras y los chopos son mecidas por el reseco solano que se cuela por el Valle. La senda vira hacia Levante y remonta en la dirección correcta. ¿Vamos bien? Parece que sí. Parece… porque unos minutos más adelante el rastro se va perdiendo y me aboca a una cerrada sin fondo ni escape.

Empiezo a sopesar la posibilidad de que quizás tengamos que hacer noche con lo puesto. Mi mente intenta funcionar en frío admitiendo una opción dura pero no definitiva.

Concentrado en el latido desbocado del corazón remonto ladera arriba arañando la blanda caliza con las calas de mis botas rígidas (se me aparece fugaz la imagen de unos días atrás cuando en la arista del Cartujo descubríamos el arañazo de los crampones en la roca desnuda). Uso las manos para evitar los espinos y entre la malla se me cuela el agudo aguijón de un ardo reseco.

No importa. Ahora estamos en otra batalla diferente: la de salir de aquí por arriba.

Me detengo en un promontorio para bajar las pulsaciones y escruto con mis ojos las señales de esta ladera descarnada. Y así, entre grandes bloques grises y derrubios blancos de tierras blandas adivino una horma firme y segura que rompe en horizontal la fuerte pendiente. Aprieto los tendones y jadeando gano la plataforma clara y familiar del ansiado camino. Me permito un grito de júbilo y acto seguido echo a correr para regresar junto a mis compañeros.

Tras doblar un espolón y justo antes de internarme en una densa mancha de pinos me despido del horizonte tras las crestas de las Villas. Una vez más, hemos salvado la bola de partido.

fotos