Y así llegamos al colofón de esta gran temporada en la Sierra. Tenía la convocatoria sobre la mesa desde hacía unas semanas pero no me había pronunciado porque no sabía si iba a estar preparado para el desafío. Los días se acercaban y el miércoles, a dos días vista, me decidí: allí tenía que estar.

ficha

sierra de Segura
junio de 2010
14 horas
93 kilómetros
2300 metros
calor, despejado
disponible aquí

[Fotografías de Leo y el autor]

Y así llegamos al colofón de esta gran temporada en la Sierra. Tenía la convocatoria sobre la mesa desde hacía unas semanas pero no me había pronunciado porque no sabía si iba a estar preparado para el desafío. Los días se acercaban y el miércoles, a dos días vista, me decidí: allí tenía que estar.

La convocatoria es del sargento Ernest y a ella nos unimos el comandante Leo y los revolusionarios Isra, Jorge, David, José Juan y yo mismo. Nos vemos en Pontones el viernes por la noche, disfruamos con la victoria de España ante Chile y pronto nos vamos para el sobre que la diana suena a las 6h30m.

¿Y pa qué tanto madrugar? Pues porque la ruta se las trae. En pocas palabras: Pontones-Nacimiento-Los Miradores-Hoya del Ortigal-Pinar Negro-Los Charcones-Rambla Seca-Nava Noguera-Collado Bermejo-Lagunas de Valdeazores-Río Borosa-Cotorríos-Pista del Majal Alto-Las Canalejas-Los Centenares-Las Huelgas-Las Espumaredas-Pontones. ¿Hay quien dé más?

Como la ruta es tan larga voy a describirla al paso de las fotos. Vamos a ello.

Todo esto comienza, como ya os he dicho, en la mañana de un sábado, en Pontón Alto, allá donde nace nuestro Segura. Es temprano, hace fresco y preparamos las burritas para un día largo de pedales, piedras, cuestas y sudores.

Salimos del pueblo buscando Fuente Segura y no encontramos a nadie. Todavía dura la fiesta de la victoria de España que nos da la clasificación para la segunda fase del Mundial.

La ruta está dirigida por el sargento revolucionario Ernest que, a las primeras de cambio, nos mete por los peores sitios para que no nos acomodemos. Es el precio que tenemos que ganar los defensores de la revolución: estar siempre preparados para la batalla.

José Juan aquí con cara de madrugón piediéndole explicaciones al sargento: mi señor, ya le dije yo que era mejor no levantarse tan pronto. Fijaros también que el Segura nace ya pletórico en uno de los mejores años que se recuerdan.

La prueba de que este año es genial: Fuente Segura rebosando de vida. Por cierto, que estaban haciendo obras en el entorno del nacimiento, habían cortado varios de los chopos característicos de este enclave y unas lugareñas nos comentaron que iban a dejarlo precioso. Pues si quieren hacerlo cortando árboles apañados vamos, ¿no?

Y así, casi sin darnos cuenta, nos metemos en faena por el carril que sube hacia Cañada de la Cruz desde el nacimiento. En primer plano y con pantalones largos está Jorge chupando del camel bag. El carril se nota que le han pasado hace poco el rulo y se subía bien.

Bueno, no tan bien, porque yo ya empezaba a echar bocanadas como si fuera un pez fuera del agua. No volví a cerrar la boca en toda la ruta.

Pronto dejamos la pista principal para tomar el carril de los Miradores. Este año de crisis está claro que hay dinero para arreglar muchos caminos y éste en concreto también lo han dejao niquelao hasta el Mirador de Juan León. Supongo que para facilitar el  despegue turístico de esta zona han optado por arreglar los carriles. Eso no está mal pero… ¿no sería mejor arreglar senderos?

Este mirador tiene vistas a una zona mágica de la Sierra: los Centenares y su universo hermético de roca, pinos, agua, chopos y cortados. Nos despedimos de esta visión hasta unas 9 horas más tarde en que estaremos justo allá abajo.

Tras el descanso nos reagrupamos y tomamos rumbo hacia la zona de Pinar Negro.

Pero antes de continuar saludamos como miembros de la insigne revolusión. Faltan las barbas y los puros.

Antes de que el carril nos lleve hacia la Hoya del Ortigal nos desviamos a la izquierda y descendemos, unos con estilo y otros como podemos.

El Isra no le tiene miedo al campo a través y se me mete por todos los sitios. Isra, Isra, ¡que me vas a dejar en feo!

Mientras me esperan, algo bastante usual en esta jornada, me dedico a echarle fotos a estos cardos que tanto me gustan y que tanto juego me están dando en mis últimas salidas fotográficas.

Y tras recorrer todo el Pinar Negro nos plantamos en la zona de los Charcones donde una subida recia hacia Rambla Seca nos pone a todos las pilas.

Aquí podéis echar un vistazo desde arriba a la subida. Al fondo se aprecia la zona del Blanquillo y las Villas y el devastador incendio de 2005.

Pronto cruzamos la divisoria de la Cuerda de la Nieve y nos asomamos a la zona de Rambla Seca y Nava Noguera.

José Juan y Leo.

Y el menda haciendo equilibrios entre las piedras.

Aquí vemos a Jorge en Nava Noguera. Está el tío feliz porque se encuentra en su salsa.

Tras pasar el collado de la Zarca nos paramos en una pequeña fuente bajo el Puntal de las Palomas. Isra y David se relajan a la sombra: ya habrá tiempo más adelante de estresarse.

En el collado Bermejo nos tiramos para las lagunas. Jorge no para de echar fotos y eso me permite a mí cazarlo sin que se de cuenta.

La zona de la presa es estrecha pero nos las apañamos para pasar. Aquí coincidimos con tres zagales que bajaron luego incendiados como petardos, algo que no tiene sentido en una senda tan transitada y estrecha como la del Borosa.

Tras la presa volvemos a subirnos buscando los túneles de la central. El Picón del Haza nos vigila atentamente.

En los túneles pasamos algún que otro apuro y nos damos cuenta de que es importante llevar el casco en cualquier situación. Me quedo mirando a la zona del barranco de la Tabarrera, repisa inclinada a la que le tengo ganas después de mis planes de Semana Santa.

Los más intrépidos se atreven con estas trialeras sin echar el pie a tierra. Está loca esta juventud.

La cascada de los Órganos ahora baja casi sin agua, supongo que la razón está en que la meten toda por la tubería de la central.

Aunque luego, un poco más abajo, nos encontramos con esta impresionante cortina que baja desde la mismísima toma de la central.

Al coger la pista del Borosa nos relajamos y nos hacemos muchas fotos. Aquí está el autor de la gran mayoría, el comandante Leo.

Y una imagen de parte del grupo dentro de la Cerrada de Elías, lugar por el que transitamos a pie ya que el permiso del que disponíamos nos autorizaba a bajar el Borosa con la bici exceptuando este tramo. Desafortunadamente, tal y como ya he comentado anteriormente, vimos varios ciclistas en la zona de los túneles que se tiraban en plan suicida asustando a los excursionistas y sin ceder el paso a los que subían. Esto traerá seguramente en el futuro la prohibición de las bicicletas en esta zona del parque.

Pero mientras llega esa restricción nosotros disfrutamos de nuestro paseo ahora sobre uno de los varios puentes de la Cerrada.

Jorge y David posando con las limpias aguas del Borosa en segundo plano.

Y tras remontar un cuestón para ganar la Loma de María Ángela nos dejamos caer hasta Cotorríos donde recuperamos fuerzas merecidamente. Puede verse como aquí seguimos el protocolo de no comer grasas ni carnes. Además guardamos reposo durante más de dos horas para facilitar la digestión.

El caso es que esta comida nos va a dar las fuerzas que vamos a necesitar para subir hasta Majal Alto. Aquí José Juan con la caseta de vigilancia en lo más ídem. Se acabaron las rampas por ahora.

Y Leo en una de los lugares con mejores vistas de la ruta. De izquierda a derecha: las Banderillas, el Calarejo de los Nevazos y el Calarejo de los Villares o Calarejo a secas.

Bajamos un poco, recuperamos unos metros y nos reagrupamos todos en esta fuente, la de las Canalejas, lugar mágico, olvidado y con un punto de melancolía por su pasado que ya no volverá.

Ernest adoctrinando a las juventudes sobre las bondades de ser revolucionario: Uno debe mantener firmes sus principios aunque todo el entorno presione en el sentido contrario. Y si no se ha de tocar asfalto con la rueda, pues no se toca…

Pero no hay mucho tiempo para perder en proselitismos porque el sol se nos está yendo, así que nos lanzamos en técnico — ¡ay! — descenso hacia los Centenares.

Cogemos un camino casi olvidado que busca el encuentro con las Huelgas. Lástima de sendas y caminos que apenas son transitados.

Estamos en un terreno que no es el mejor para las bicicletas y si no, que me lo digan a mí.

Pero hay gente que no se asusta con nada y que sólo se baja del sillín para mear, y ni para eso algunos.

Por ejemplo.

Bueno, para cruzar el arroyo de las Espumaredas sí que se hace necesario echar el pie a tierra, o al tronco vamos.

Y aquí ya estamos ascendiendo hacia las Espumaredas. De ahí a Pontón Alto un suspiro. Esto se acaba y las cifras hablan por sí solas: 14 horas de actividad, 92 kilómetros de piedras y tierra, 2300 metros subiendo. ¿Algo más que añadir?

Sí. Volveremos.