Ante la situación que se está poniendo cada vez más negra buscamos las oficinas de Alitalia. Y las encontramos semiescondidas en la planta de arriba. Entramos y hay una morena muy arreglada. Empezamos educados y melosos: «we would like to know if Alitalia can provide us a hotel for this night». Y la tía que nos baja de la burra con una frase de las que se repiten mil veces en el resto del viaje: «Alitalia don’t pay».

[ 28 de Julio de 2007]

Bueno, ya está aquí la crónica prometida de una aventura que vivimos este verano pasado, de nuevo otra vez a lomos de las bicicletas. Los astros por fin se han conjurado para que me pueda sentar frente al ordenata: la libreta naranja del viaje, las fotos y, fundamentalmente, una dosis de tranquilidad que permita concentrarme en los recuerdos. Y sí, ahí están los recuerdos muy vivos de dos semanas inolvidables. Pero vale ya de rollo y pongámonos en situación.

Y la situación es que madrugamos un sábado 28 de Julio y en la furgona roja del padre de Migueli nos vamos a Barajas. Estuvimos considerando otras opciones para el transporte de las bicis y al final ésta era la óptima, siempre y cuando el alma caritativa de Joaquín aceptase a llevarnos. Y así fue: Joaquín dio el sí quiero y nos condujo por la A3 otra vez para Madrid (hacía una semana que regresábamos de Alpes vía Barajas). En la expedición estamos Javi Ríos, Migueli, Sixto, Iñaki y el cronista. Iñaki es nuevo en estas lides alforjeras y no estuvo con el resto el año pasado en Córcega así que andaba algo recelosillo del proceso y del resultado. Al final del viaje terminó contento… aunque para eso aún queda mucho, mucho, que esto acaba de empezar.


Este es el aspecto de la terraza del cámping. Hubo que beber mucha cerveza para superar el oprobio de Alitalia.

Llegamos pues a Barajas y nos despedimos de Joaquín (luego le llegaría un regalo acorde con el madrugón…). Tomamos nuestro vuelo a Venecia donde ya nos está esperando Iñaki que llevaba otro horario y sin más incidentes aterrizamos en el Marco Polo, un aeropuerto que al final nos sabremos de memoria muy a nuestro pesar. ¿Y eso por qué? Pues por volar con Alitalia. Sí amigos, Alitalia nos hizo la puñeta en el viaje. Empezó rajándonos 50 euros de suplemento por llevar las bicis en el avión, cosa que Iberia, por ejemplo, no hace. Y para la vuelta nos esperaban otros 50. O sea, que valía llevar la bici lo mismo que el equipaje y la persona. Menuda estafa.

Pero eso no es lo peor. Lo peor estuvo al llegar a Venecia. Dos horas en la cinta esperando equipajes y todo el mundo retira lo suyo excepto nosotros que nos quedamos con cara de póker. ¿Qué coño pasa aquí? Después de hacer una hora más de cola llegamos al mostrador de equipajes perdidos y nos hacen un resguardo. En principio, ni siquiera nos dicen si está localizado, así que tenemos que esperar acontecimientos. Pero… ¿esperar? ¿Con qué? ¿Con una mano delante y otra detrás? ¡Si lo llevamos todo, todo en las alforjas! Hay que aclarar que como vamos a un cámping a dormir necesitamos tienda, sacos, ropas, esterillas… y todo eso va en el equipaje.

Ante la situación que se está poniendo cada vez más negra buscamos las oficinas de Alitalia. Y las encontramos semiescondidas en la planta de arriba. Entramos y hay una morena muy arreglada. Empezamos educados y melosos: we would like to know if Alitalia can provide us a hotel for this night. Y la tía que nos baja de la burra con una frase de las que se repiten mil veces en el resto del viaje: Alitalia don’t pay. Como vemos que no sacamos nada en claro, cada vez nos vamos encendiendo más y más y al final terminamos desahogándonos: fucking shit of company y lindezas por el estilo, hasta que Migueli y Javi más calmados me sacan de ahí.


Jaleo nocturno

Ya se ha hecho de noche y nos vamos al cámping. Sixto e Iñaki que han tomado otro vuelo sí tienen sus cosas y, por otra parte, en el cámping un tío barbudo que se parece al Shaggy de Scooby Doo se apiada de nosotros y nos deja un bungalow para no dormir en el suelo. Algo es algo. El cámping se llama Alba d’Oro y es un zorrerío de americanas y guiris de todos sitios, así de claro. Esto es como las películas de adolescentes estudiantes tan típicas de los Estados Unidos, un American Pie o algo así pero en las afueras de Venecia. Al menos, las cervezas están baratas y nos bebemos unas cuantas para olvidar la ignominia. Mañana ya no salimos dando pedales porque, en el mejor de los casos, es mañana cuando tendremos nuestras bicis.
Después de disfrutar la noche festera del cámping vamos buscando nuestro bungalow por un mar de casetas e intentamos dormir con los mosquitos y la calufa. Algunos lo conseguimos y amanece un nuevo día que ojalá sea más positivo que el anterior.

[29 de Julio de 2007]

El día previsto para salir con las bicis es ahora un día de nervios y esperas para ver qué ha pasado con las bicis. Todo el viaje está en juego y si no llegan o tardan mucho en aparecer nuestros planes de ruta se van al garete… así que nos pasamos la mañana llamando al aeropuerto para ver qué noticias nos dan. Lo único que nos da un respiro es un «pecho mañanero» que furtivamente observamos en una tienda de campaña… ese flash le valdrá a más de uno para soportar dos semanas de espartana y viril convivencia.


Montando las bicis

A eso de las 12h nos llega la confirmación de que las bicis han aparecido en Roma y que nos las meten en el primer vuelo para Venecia. A eso de las 17h una furgona que hace el reparto de objetos perdidos por los cielos nos trae nuestras queridas monturas y las alforjas y nos ponemos a montarlas en un parquecillo infantil.

Y ahora llega un nuevo infierno: la potencia va al revés, la tuerca que se ha perdido, el transportín del copón que roza en la rueda, la llave de los pedales no aparece, etc. etc. Se nos hacen más de las siete cuando ya estamos operativos y a estas horas no merece la pena salir. Tomamos la decisión de quedarnos una noche más en el cámping del zorrerío. Pero esta noche es mucho mejor: ahora ya nos clavamos nuestras pizzas y cervezas sabiendo que mañana comienza por fin la aventura.
[La siguiente entrega mañana… como los seriales de T.V.]