Agradable paseo por el arroyo Bodurria, uno de los cursos de agua permanentes más destacados de la Sierra de Baza con el aliciente de visitar poblados abandonados y diversos árboles monumentales. Finalmente, se propone el ascenso a un 2mil de la divisoria de Baza, el Peñón de la Lechera.
ficha

sierra de Baza
noviembre de 2013
5 h
17 km
860 m
anticiclón, frío
actividad sencilla siempre por carriles y sendas salvo un pequeño tramo de monte a través para subir al Peñón de la Lechera; atención al llegar a Casas de Santa Olaya pues debemos cambiar de la margen izquierda a la derecha
croquis disponible aquí
track disponible aquí

Le tengo muchas ganas a esta actividad porque estas últimas semanas apenas he salido con Moss a la montaña. Hoy sábado tengo fácil la coyuntura y me escapo a la sierra de Baza, un parque natural en el norte de la provincia de Granada con paisajes tremendos relativamente desconocidos y con el que tengo muchas cuentas pendientes.

La sierra de Baza es un poderoso relieve que se eleva hasta casi los 2300 metros siendo la tercera cota en el sur de España después de Sierra Nevada y la Sagra. En los mapas físicos aparece como una mancha destacada al noreste de sierra Nevada de aspecto alargado en clara orientación oeste-este. Su prolongación hacia levante se adentra en la provincia de Almería donde enlaza con la sierra de los Filabres. En realidad, estas dos sierras no presentan una discontinuidad física real. La distinción entre ambas se debe más bien a: 1) cuestiones históricas y, 2) un capricho administrativo por encontrarse en diferentes provincias – Granada y Almería – con distintos status de protección: Baza es parque natural mientras que Filabres no.

El destino concreto que hemos elegido es el arroyo Bodurria1Resulta curioso comprobar como este mismo valle hace de frontera geológica entre la sierra de Baza caliza-básica y la sierra de Baza metamórfica-ácida. En la primera y más occidental, están las mayores alturas y las formaciones geológicas típicas de los macizos calcáreos con una red de drenaje en forma de árbol (dendrítica le dicen) y abundancia de fuentes. En la segunda, que es en la que nos encontramos, los valles son más simples, se conforman en paralelo unos con otros y las montañas tiene formas más romas. Existen pocas fuentes porque la roca no es permeable (abundancia de mármoles) y al ser el sustrato ácido la vegetación es diferente.. Hace poco estuvieron por aquí unos amigos y vi las fotos que me pusieron los dientes largos. Sé perfectamente que ya no llego al otoño porque los fríos se han metido de golpe y el fuerte viento habrá limpiado los caducifolios. Aún así la montaña siempre compensa de modo que para allá voy a ver qué nos depara la jornada.

Para llegar al punto de partida hay que tomar la carretera desde Caniles hacia Abla y, tras unos 19 kilómetros, en una pronunciada curva a izquierdas, sale a la derecha una de las pistas principales de la sierra con carteles que indican hacia los Prados del Rey y Narváez. Nos adentramos por la misma y avanzamos en descenso durante unos 5 kilómetros hasta el vado del arroyo Bodurria donde dejamos el vehículo. El lugar es inconfundible por tratarse del eje principal del valle que estamos recorriendo.

Comenzamos a caminar remontando el curso del arroyo Bodurria entre encinas y pinos resineros. Existe un carril bastante estropeado para vehículos justo en el centro de la vaguada por el que se avanza cómodamente. Sólo hay que llevar cuidado de no mojarnos los pies en las generosas aguas que descienden cantarinas. Nos sorprenderán enseguida la gran cantidad de alambradas cilíndricas que protegen una repoblación en las riberas del arroyo. Siendo invierno no sé distinguir si ésta ha tenido éxito o no, pero los plantones se ven muy tristes. A la vuelta a casa y leyendo un poco entenderé el sentido de esta actuación.



Pero sigamos a lo nuestro: en apenas 3 kilómetros llegamos a las Casas de Santa Olaya. Un núcleo de población en la margen orográfica2Evidentemente, la margen orográfica izquierda (respectivamente, derecha) denota la margen que se encuentra a la izquierda (resp. derecha) cuando miramos aguas abajo. izquierda con bastantes casas y una de ellas en razonable buen estado. Me siento justo en la fachada de esta última y me dispongo a almorzar. Al abrir la mochila compruebo que he olvidado la comida en el mostrador de la cocina de casa. Mal rollo. Hago cuentas y comprendo que hoy toca día de ayuno voluntario. En fin.

Para continuar hay que cambiarse de margen cruzando el arroyo y remontando unos pocos metros el carril que llega hasta las casas. El cruce se puede hacer fácilmente justo en la desembocadura de un arroyo secundario – el barranco de las Casas – que tributa al arroyo Bodurria por su margen izquierda. Caminando por el carril enseguida se adivinan varias trazas a la derecha que se adentran en el pinar para seguir a media ladera a unos 30 metros del fondo del valle. Cuando se acaban los pinos la senda sigue ganando más altura con objeto de doblar un agudo espolón rocoso que define un estrechamiento con enormes losas, sobre todo en la vertiente contraria por la que es complicado transitar. En la toponimia del IGN a este sitio se le llama el Salto de la Cerrá.

Última mirada

Continuamos por la margen derecha sin ganar ni perder altura hasta llegar a un dique. A nuestra izquierda desciende una amplia pista forestal por la que caminamos unos metros hasta que la misma vadea el arroyo Bodurria. Nosotros ya la abandonamos y nos introducimos en una alameda preciosa con ejemplares soberbios de populus tremula. Estos álamos temblones son muy querenciosos del frío y la humedad y reciben el nombre por los largos pedúnculos de sus hojas que se agitan con el viento. (Esta característica es común con los abedules.)


Las talas abusivas de Baza: de cómo pusieron al zorro para guardar el gallinero

En el curso del arroyo Bodurria y en otros próximos a éste como el arroyo Uclías tuvo lugar en el año 1998 una catástrofe ecológica sin precedentes. El entonces director conservador del Parque, autorizó a una empresa maderera para extraer de estos parajes maderas muertas y deterioradas previamente señaladas. Lo que hizo esta empresa fue, precisamente, obviar estas maderas muertas que ningún rendimiento le suponían y se dedicó a talar todos los árboles de ribera: en concreto más de 13.000 ejemplares.

¿Y qué hizo la Administración? Pues nada. Bueno, nada no. En realidad, el director lo que hizo fue permitir y justificar las actuaciones arguyendo que eran beneficiosas para el medio. Parece difícil argumentar que es beneficioso hacer cortas a matarrasa, intervenir directamente en un medio frágil con maquinaria pesada y modificar el paisaje de forma tan brutal, pero este director conservador (¿?) así lo quiso vender, incluso con la aquiescencia y el apoyo de algunos funcionarios y técnicos de la consejería.

Frente a este atropello y esta sinrazón se erige en acusación popular la asociación Sierra de Baza. Llevaron a juicio estas actuaciones y, después de una larga lucha, en el año 2005 el Tribunal Supremo de Andalucía les dio la razón condenando al ex director conservador del Parque Natural Sierra de Baza, José María Irurita, como autor de un delito de prevaricación y otro contra el medio ambiente al atentar gravemente contra los valores que sirvieron para declarar a la Sierra de Baza Parque Natural, así como al maderista beneficiado por esta ilegal tala, junto con la condena de la Junta de Andalucía a restaurar los lugares masivamente deforestados. (Precisamente, las vallas cilíndricas que aparecen en las imágenes protegen los plantones dedicados a la restauración, aunque parece ser que ésta no ha tenido mucho éxito.)

Toda la información de este proceso la podéis encontrar en la interesantísima web del proyecto Sierra de Baza, un lugar que os recomiendo desde ya. Es curioso como todas estas actuaciones que atentan contra el medio siempre siguen el mismo patrón:

1) algo se hace,
2) alguien se lucra,
3) algunos técnicos justifican (el que no, se lo comen),
4) el mundo calla.

Este patrón se rompe sólo cuando:

5) entra una asociación, una ONG, un particular con arrestos en juego,
6) se lleva a los tribunales y
7) estos dictan una sentencia justa.

Como bien podéis suponer, los pasos 5,6 y 7 son difíciles, complejos e improbables, sobre todo el 7.


Este bosque de álamos temblones es el más meridional de Europa y se sabe que son un relicto de las épocas más frías. Conforme el clima fue cambiando y las temperaturas medias ascendieron únicamente han podido sobrevivir en estos enclaves tan singulares de las laderas norte de la sierra de Baza. Precisamente, los ejemplares más antiguos, al ser también los más retorcidos y de menor valor maderable, se salvaron de la salvaje tala a la que antes hemos aludido.

Bonitas vistas hacia Sierra Nevada

Un poco más adelante nos encontramos con otra joya botánica: un enorme castaño de proporciones descomunales que me recuerda mucho al Abuelo de la vereda de la Estrella. Precisamente bajo sus ramas procedo a comerme un buen montón abriendo con cuidado el agresivo erizo que las protege. A falta de pan, buenas son castañas.

Con el estómago algo arreglado continuamos caminando siempre por el fondo del valle hasta el caserío de los Mellizos donde destaca poderosamente el paño de la ermita que mira a poniente. A partir de aquí, cambio mis planes y me salgo de la ruta prevista para remontar directamente hacia la divisoria principal de la sierra. Para ello espero a cruzar dos pequeños barrancos que desaguan por la margen izquierda y busco el mejor paso entre los pinos de repoblación que a duras penas prosperan en las terrazas.

En apenas diez minutos gano la divisoria muy cerca del Collado Hondo y cojo un carril hacia levante que me lleva hasta la máxima cota, el Peñón de la Lechera, un pico de 2025 metros que no hace justicia al topónimo ya que es una cima redonda y terrosa con pocas vistas. Desde aquí desciendo por el cortafuegos al norte buscando de nuevo el curso del arroyo Bodurria al que llego en apenas 5 minutos. Menos mal que me he evitado esta subida con el estómago vacío que si no…

Lo que me queda es sencillamente caminar aguas abajo de nuevo disfrutando de los espléndidos árboles que jalonan las riberas del arroyo. En los Mellizos me detengo un rato para pasear entre las ruinas de las casas y finalmente, cuando el hambre comienza a apretar de nuevo, echo a correr para descender al vehículo en apenas media hora. Acuerdo con Moss que nos hemos ganado una gran bocadillo, así que en la Venta del Peral nos detenemos y nos comemos cada uno media barra de lomo con tomate. Y es que con la comida, como con la Naturaleza, no se juega.

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