Conforme estamos más altos la pendiente cada vez es menor pero vamos notando el viento con más fuerza. Éste viene del sureste así que al llegar a la divisoria principal nos lo comemos entero. Ni qué decir tiene que desde hace ya mucho rato dejamos de ver y nos tenemos que esperar el uno al otro…

ficha

La Sagra, Huéscar
principios de marzo de 2011
11 kilómetros
1100 metros
6 horas
nubes a 2000, fuerte viento del SE en altura
ver el track en wikiloc

La Sagra nunca deja de sorprenderme. Crees tenerla controlada, con todas las vertientes en la cabeza, con los recorridos memorizados y las pendientes asimiladas y luego va ella y te pone en tu sitio: el de un enano a su lado.

Para saberme bien el examen que me va a poner cada vez que voy procuro juntarme con buenos estudiantes y maestros y qué mejor compañero para sacar buenas notas que el amigo Félix — reconozco que a veces me tengo que copiar y aprovechar de su trabajo — conocido en esta web por ser el Gandalf de las nortes.

Esta actividad tuvo lugar un día lejano de primeros de Marzo con una predicción horrenda y eso que era la mejor jornada que daban en toda la semana. Nos hicimos hueco en las agendas para coincidir y nos plantamos en la montaña bien temprano.



Croquis de la vía


Primeros pasos buscando la nieve


Encarando el corredor


Esto me lo dice desde la óptica de alguien que, en casa, escuchando a Lou Reed y con las piernas en el brasero, ha diseñado la ruta con toda la libertad del mundo

A partir de 2000 metros las nubes espesas estaban encajadas en los pináculos de la Sagra Chica. Mal asunto. Venimos a aprender y a explorar y el canal visible lo tenemos cerrado casi desde el comienzo. Hacemos unos kilómetros por la carretera de Huéscar hacia la Losa y dejamos el coche en la cara oeste de la montaña, justo bajo la cresta de la Sagra Chica.

Desde ahí nos vamos aproximando a la salida del bosque vertical por un carril evidente. Trasponemos la vaguada por la que desciende dicho itinerario y nos montamos en una más hacia levante — para ser exactos, dos vaguadas más. Félix ha estudiado con mimo el recorrido en mapas y se lo ha marcado en el GPS. Si no fuera así, sería imposible.

– Mira, por aquí hay paso… ¿ves las curvas de nivel? Este es nuestro corredor.

Esto me lo dice desde la óptica de alguien que, en casa, escuchando a Lou Reed y con las piernas en el brasero, ha diseñado la ruta con toda la libertad del mundo. Y es que, al igual que el papel, los GPS lo aguantan todo. Luego viene la realidad y pone las cosas en su sitio. En cualquier caso, debo reconocer que tengo mucha fe en el método científico de este hombre así que no me preocupo: vamos para arriba y a las malas volvemos por donde hemos venido.



El anfiteatro que cierra la canal

El itinerario de hoy tiene el nombre sugerente de “Canal de los Carneros”. He buscado en internet quienes fueron los aperturistas — si los hay — así como reseñas y la única que he encontrado es la de los amigos del club Peñón del Toro. Por otra parte, el nombre de la vía como tal aparece por primera vez en el libro de Ángel y Romualdo así que habrá que otorgarles a estos la primera ascensión.



¿Salimos por aquí?


Echamos un vistazo a las estalactitas y a los paredones calizos hasta que vemos claro que por aquí ya no vamos a pasar

Después de la documentación, del trabajo en casa con el GPS y de hacernos los bocadillos ya estamos aquí, al comienzo de la subida propiamente dicha. Félix, como es habitual, me toma la delantera y avanza buscando el centro del corredor que está con una nieve buenísima: segura y firme. En realidad, más que un corredor es una pendiente continua que está cerrada únicamente por la izquierda mientras que a la derecha tenemos pinos y rocas pequeñas.

Hacemos bastantes metros así hasta que ahora ya si nos vamos encerrando y alcanzamos un anfiteatro inexpugnable. Echamos un vistazo a las estalactitas y a los paredones calizos hasta que vemos claro que por aquí ya no vamos a pasar. Afortunadamente, mientras subíamos hemos ido mirando con el rabillo del ojo a la izquierda y tenemos un escape muy evidente1.

Félix prueba primero por una cornisa muy expuesta y con mala roca por lo que al final nos colamos por una grieta que hay un pelín más abajo con una trepada de III. Una vez que hemos superado la brecha ahora toca ganar metros por pendientes cada vez más suaves. De vez en cuando nos encontramos con algún que otro escalón que salvamos sin problemas.



¿O por aquí?

Conforme estamos más altos la pendiente cada vez es menor pero vamos notando el viento con más fuerza. Éste viene del sureste así que al llegar a la divisoria principal nos lo comemos entero. Ni qué decir tiene que desde hace ya mucho rato dejamos de ver y nos tenemos que esperar el uno al otro para no perder la referencia visual ya que aquí es impensable gritar y escucharnos.



Descenso, aire y nieve


En la cima apenas aguantamos unos segundos y tiramos para abajo

Una vez que estamos en la divisoria principal veo llegar a Félix y le pregunto si vamos para arriba. Él ni lo duda así que remontamos los últimos metros desde la antecima occidental con el cuerpo inclinado 30 grados hacia el sureste para compensar la fuerza bestial del viento.

En la cima apenas aguantamos unos segundos y tiramos para abajo. En lugar de descender por la divisoria nos perfilamos hacia la cara noroeste y así evitamos algo el vendaval. En la cota 2100 las nubes se abren a ratos y nos ofrecen un espectáculo maravilloso: los laricios sosteniéndose frente al temporal mientras que las nubes se arremolinan y rotan aceleradas sobre sí mismas para terminar enroscadas en los pináculos de la Sagra Chica.

Un poco antes del collado que da paso al bosque vertical nos comemos los bocatas y charlamos un buen rato al abrigo de un viejo tronco. El descenso lo hacemos entre los pinos centenarios de esta vertiente: una muesca más de la Sagra en mi vieja piel de montañero. Pero no será la última.

fotos


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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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