En fotografía de montaña suele ocurrir que las mejores imágenes se obtienen a lo largo de una dura jornada con meteorología adversa. (Igual que la que tenemos hoy en el sur, por cierto.) Basta una bolsa de aire frío, alguna perturbación que se descuelgue del flujo principal o una borrasca despistada en el golfo de Cádiz para que comience el espectáculo. Los cúmulos apenas dejan atravesar unos rayos de luz que rebotan con precisión en los cantiles y se perfilan contrastados en el aire limpio. Además, tanto en el cielo como en la tierra, se dibuja una tesela sinuosa de nubes y cumbres creando una sensación de perspectiva imposible de obtener en un día despejado. Si a eso le añadimos el frío, el viento y la nieve, entonces el ambiente está garantizado.

Los días previos a la jornada en que tomé esta foto estuvo nevando y el tiempo se mantenía inseguro e inestable. Me acerqué al Hueco del Tus, un valle precioso encajonado entre los Calares del Mundo y de la Sima y remonté por la Cuesta de las Peladillas para dar un paseo en las alturas. Hice una visita al Pozo de la Bomba, al Pico Viboreros y, finalmente, decidí regresar por el viejo camino de Cotillas. Para ello me tocaba atravesar un buen trecho de Calar con fuerte viento en contra y nieve hasta las rodillas.

Dura jornada en el Calar del Mundo

Caminando despacio y asomándome de vez en cuando a los cantiles que miran al Tus, comprobé con satisfacción como por el oeste se iba abriendo el cielo. Posiblemente en la comarca del Condado de Jaén ya tuvieran sol y poco tardaría éste en alumbrar con sus últimas luces las enhiestas cumbres de las Villas. Yo no iba a tener tanta suerte pero tenía la certeza de que a peor no iba a ir la jornada.

Moss estaba eufórico. La nieve es uno de sus elementos favoritos y el fuerte viento removía todos los aromas de la montaña hasta acercarlos a su hocico: desde el jabalí que hozaba bajo una encina en el arroyo de la Celada hasta el grupo de ciervos que se guarecía entre los muros de la plaza de toros cerca de la vereda de Peñalcón. En un momento que se quedó clavado husmeando algún rastro especialmente llamativo, tomé esta fotografía. El viento se aprecia perfectamente en la cola del animal y en sus orejas. Me gusta mucho la imagen por la rudeza que transmite, por la austeridad del lugar y por el cielo tan dramático que, sin embargo, anuncia esperanza a poniente donde se perfilan unos tenues rayos de sol.

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