El Diente del Almorchón es un sobresaliente colmillo desgajado de la mole principal de la montaña. La vía Correcaminos es una de las más asequibles hasta la cumbre y una de las más repetidas en el macizo.
ficha

Almorchón, región de Murcia
octubre de 2016
3 h
no relevante
no relevante
calor, calina, calma
vía completamente equipada de 130 m y 4 largos con dificultades máximas de V o V+ según gustos; descenso con un único rápel (imprescindible dos cuerdas de 60 metros)
pincha aquí para ver el croquis original de la vía1 y pincha aquí para saber cómo llegar en coche hasta casi la base de la pared. (Obviar el trazado verde pues se corresponde con la arista sur que es otra vía, pero es que la aproximación en vehículo es común para ambas.)
track no disponible

Hacía ya mucho que no escalaba vías largas. Tampoco cortas. Es lo que hay cuando el tiempo está muy limitado y tienes que priorizar. Actualmente, mis opciones suelen ser salir solo al monte a patear con el perro o escaparme con la bici. Sin embargo, el veneno, la adrenalina, el regusto ácido de saberte colgado con muchos metros de vacío bajo los pies y el tembleque justo antes de chapar han creado en mí una adicción de la que no sé si alguna vez me podré curar. Y eso que en cuestión de miedo a mí no me gana nadie.

Aprovechando los pocos meses que nos dejan escalar en el Almorchón quedamos Félix y yo en acercarnos para hacer el Diente, un colmillo esbelto y puntiagudo que se desprende de la pared sur de esta gran montaña murciana. La idea es subir por la vía Correcaminos, una clásica muy repetida y que suele utilizarse en los cursos de escalada para vías de varios largos. (Ni que decir tiene que voy a subirla con el aperturista. Así da gusto: de primera mano.)2

El día está caluroso de más y la atmósfera sucia, como si fuera una jornada de Agosto. Nos aproximamos al pie de vía entre los espartos y los pinos de repoblación y nos ponemos los aperos sudando a mares. Unos tragos de agua, algo de fruta y Félix que enfila el primer largo: una tirada de casi 60 metros casi todos ellos por la canal que se forma entre el Diente y la mole principal del Almorchón. Los primeros son sencillos hasta que nos metemos en la sombra y el color de la roca vira del naranja al gris. Ahí encontramos una placa musgosa protegida con un par de parabolts que le da el grado a la vía y que se pasa jugando con los pies. Además hay un árbol a la derecha bastante firme que permite añadir un seguro más.

Detalle de la placa gris con el paso más duro de la vía

Tras la placa y una corta chimenea nos encontramos en la R1 en una cómoda repisa. El siguiente largo (L2) tiene unos 30 metros y sale por terreno sencillo hasta que te cuelas por una chimenea rara que se puede superar saliéndote por la derecha. De nuevo, un pasico de equilibrio en el que hay que confiar – mucho – en los pies y entramos de nuevo en la chimenea para llegar a la R2. Esta reunión es también muy cómoda y te permite asegurar colgado de ella sin problemas.

Enseguida veo a Félix saliendo para hacer el L3. Supera unos primeros metros fáciles en los que hay bastantes matojos que molestan y compruebo como se va perfilando hacia la izquierda hasta ponerse en el mismo nervio del Diente. Después lo pierdo de vista y ya no vuelvo a tener referencias suyas hasta que me grita desde la R3 que lo suelte. Enseguida le tiro yo por terreno cada vez más asequible. Aquí la vía sale de la canal que forman el Diente y el Almorchón para ponerse en el perfil del primero e incluso asomarse al abismo de la pared sur. Con un ambiente fantástico nos encontramos en la R3, un amplio balcón donde me espera el jefe.

Si en mí hay algún rescoldo de ambición para sacar alguno de los largos subiendo de primero se me van acabando las oportunidades. Es ahora o nunca. Sin embargo, me resisto a abandonar mi zona de confort y me dejo llevar. Me digo a mí mismo que llevo mucho tiempo sin tocar la roca, que no tengo buenas sensaciones y que el grado de estas vías almorchoneras no es de fiar. Tiempo habrá de ponerse las pilas haciendo bordillos de deportiva.

Félix en el rápel de la cara norte

Así que sin decir ni mu dejo a Félix que supere el L4 en apenas unos minutos. Es el más sencillo de todos pero con el premio de llegar a una cumbre puntiaguda y vertiginosa. Nuestra sombra se dibuja en la pared sur del Almorchón y Félix me dice de continuar hacia arriba. Yo ya no lo tengo tan claro y prefiero parar aquí. Además hace un calor de mil demonios y ya estoy empezando a degustar la cerveza que nos vamos a tomar en el Jinete.

Así pues montamos el rápel en una instalación impecable que inspira gran confianza, unimos las cuerdas de 60 y en una única tirada llego a suelo firme. Espero al maestro y mientras nos desatamos y guardamos las herramientas comenzamos a cascar como es norma habitual. Destrepamos un poco más y nos ponemos en la base del Diente y mientras lo recorremos de punta a punta Félix me explica todas las vías: que si un 6a, que si un 5b, que si un 6c. Sin embargo, yo tengo claro que mi dominio son los cuartos. Los cuartos y los tercios de cerveza en las fiestas de guardar.

fotos

en el almorchón de cieza