Casi siempre que hago el Almorchón de Cieza — la cima secundaria se entiende — procuro adelantarme unos metros antes de la cumbre para hacer esta toma. Debo reconocer que llevo al personal aleccionado para que se pongan camisetas de color cálido que resalten sobre el gris de la roca y el azul del fondo. Otra recomendación que les hago es que caminen separados unos metros para que sus siluetas no se solapen y, si puede ser, a intervalos más o menos regulares.

Arista final del Almorchón

La meteorología también debe ayudar para que el resultado sea bueno. En este caso, teníamos un día típico de invierno con anticiclón. Éste suele aplastar las primeras brumas y vapores de la mañana contra las capas bajas a ras de tierra por lo que el difuminado de las montañas en el horizonte crea una sensación de profundidad y lejanía.

Finalmente está también la belleza plástica de la montaña, un tremendo pepino que se levanta sobre la vega del Segura y que tiene continuidad por unos cerros intermedios de irregulares perfiles que lo comunican con la Atalaya, otra preciosa cumbre del término municipal de Cieza. En el plano largo, destacan las cumbres gemelas de la sierra de la Pila asomando tras la mole del Caramucel.

Esta imagen tiene, en mi opinión, tanta fuerza visual que una muy parecida captada en otra ocasión fue la elegida como portada para el libro sobre nuestra casa: Cieza, Aventura Natural:

Me he estado fijando atentamente en ambas fotografías y hay una persona común en ambas que, sorprendentemente, tiene la misma postura caminando. ¿Cosas del azar? En fin…