Final de nuestra travesía veraniega por Pirineos. Hay que regresar a Espot pasando como mínimo dos collados y el desafío está en acortar la distancia entre ambos por una zona marginal sin sendas. En el peor de los casos, nos toca bajar hasta el Estany Llong y remontar por la amplia autopista que asciende hacia el Portarró.

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Pirineo Catalán, Lérida
Julio de 2011
19 kilómetros
750 metros
sol, fresco
ver croquis (mapa de la editorial Alpina)

Lo peor de rememorar estas jornadas así con cuentagotas son las ganas que te entran de regresar ya. En fin. Nos conformaremos con esta nostalgia enlatada que vamos degustando pasito a pasito, como en nuestros pateos por la montaña. La cosa es que este último día amanece con frío pero salimos del saco en previsión de una jornada con ciertos puntos oscuros negros.

Nuestro primer objetivo es remontar 300 metros hacia la collada dels Gavatxos. Ayer tarde nos quedamos con la duda porque quizás nos hubiera dado tiempo de hacerla pero cuando alcanzamos el punto más alto del paso nos damos cuenta de que acertamos de lleno reservándola para hoy. Primero, porque la ascensión por la hierba con fuertes pendientes y poca traza ya se las trae, pero sobre todo porque el punto de compromiso está al volcar.

En efecto. Al ganar vistas hacia la coma dels pescadors comprendemos que en un terreno tan áspero, rocoso y poco transitado como este la orientación va a jugar un papel clave en la jornada. Además, los primeros doscientos metros de desnivel hacia abajo se efectúan por un caos de bloques que exigen tranquilidad y buenos alimentos. Para abajo que nos vamos con toda la luz del día por delante.



Revisando mapas antes de bajar del collado


Más aún, porque lo cortés no quita lo valiente, el trazado del itinerario en el Alpina está impecable…

A la altura de los estanys de los Gavatxos encontramos varios hitos que marcan perfectamente los cueles y nos evitan los sucesivos embarques en los que podríamos entromparnos. Más aún, porque lo cortés no quita lo valiente, el trazado del itinerario en el Alpina está impecable y eso me convence de que la dubitativa cartografía que estos señores han elaborado para el sur es una triste y penosa casualidad porque saber hacer buenos y fieles mapas sí que saben.

Hasta el estany Nere hemos perdido 500 metros de desnivel en apenas dos kilómetros de distancia horizontal y eso se ha notado en la pendiente, en los bloques que hemos descendido a ‘rastraculo’ y en los múltiples zig zags que hace la traza para evitar los cortados y paredes que nos atosigan por levante. Precisamente hacia este punto cardinal le tengo puesto el rabillo del ojo en automático para ver si encontramos algún cuele practicable bien hacia el Estany Sant Maurici o bien hacia el Portarró d’Espot.



Moss a la sombra junto a una azalea de montaña


La subo a toda tralla porque voy sin peso y compruebo que es factible, empinada pero factible. Regreso donde está mi familia y les doy la buena nueva.

Un primer candidato es el collado norte de Subenuix que separa el pico del mismo nombre con la aguja del Portarró. No parece el más asequible tal y como lo observo así que prefiero apurar un poco más la distancia y esperar otra oportunidad con más hierba y menos roca. Un pelín más adelante, justo cuando la senda se muestra dubitativa y vemos que pierde altura exagerada hacia el Estany Llong le digo a Lourdes que espere un rato a la sombra con Moss. Dejo la mochila y me doy una vuelta por encima de la Bassa de les Granotes, un lagunillo íntimo y olvidado rodeado de curvas de nivel amistosas en mi mapa. Vamos a ver.

El Alpina me marca una vaguada hermosísima hacia el noreste que remonta en diagonal hacia el mismo Portarró. La subo a toda tralla porque voy sin peso y compruebo que es factible, empinada pero factible. Regreso donde está mi familia y les doy la buena nueva: salimos directos al Portarró sin necesidad de bajar un metro más. Estupendo.



El último collado. Felicidad


De frente, custodiando la belleza del lago, els Encantats van ganando protagonismo conforme nos acercamos

Con la alegría por completar la parte comprometida y desconocida del recorrido ascendemos los últimos metros de una pendiente herbosa interrumpida ocasionalmente por lastras enormes de granito que evitamos haciendo largas eses. Cuando ganamos vistas hacia levante y la coma d’aiguabella caminamos eufóricos y comprendemos que hemos cuadrado el círculo de la travesía.

Mientras perdemos metros con la mirada fija en la lámina brillante del lago San Mauricio comentamos lo bien que nos ha salido la jugada. A veces la vista se nos va a la izquierda donde están las agujas d’Amitges. De frente, custodiando la belleza del lago, els Encantats van ganando protagonismo conforme nos acercamos hasta que se convierten en gigantes de roca, luz y viento que nos vigilan entre los claros del bosque, un bosque que nos encierra, guarda y protege de su mirada y nos lleva de la mano hacia el origen de nuestro viaje en Espot.

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