¿Qué mejor forma de combatir el calor veraniego que escapando a las grandes montañas del Pirineo? He aquí la primera jornada de una travesía en el Pirineo catalán siguiendo en parte el GR11 así como el recorrido de los Carros de Fuego. Enseguida vamos con las siguientes etapas.

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Pirineo Catalán, Lérida
Julio de 2011
15 kilómetros
1030 metros
anticiclón, despejado, fresco
ver croquis (mapa de la editorial Alpina)

Aunque esta semana hayan entrado por fin las nieves, mientras afilamos los hierros para salir a la montaña me vais a permitir que recupere del pasado verano una de las actividades de las que mejor recuerdo guardamos. Ya os veo a algunos diciendo: ¿y esto a qué viene ahora?

Bueno, en realidad no tengo ninguna justificación.

O sí: es una pena olvidar los tres días tan magníficos que pasamos en el Pirineo, en la zona de Sant Maurici, con una meteo benigna y la motivación de entrenar para nuestra expedición al Himalaya.

(Aunque, bien pensado, para venir a este paraíso no se requiere motivación alguna: él mismo se encarga de atraparte.)



Abetos (de negro) y hayas (más luminosas) junto a una nube despistada

El destino elegido fue el Parque Nacional de Aigüestortes y lago de San Mauricio. Salimos a media mañana desde casa y kilómetros para arriba hasta llegar a destino con la luz del atardecer — ¡qué pena tenerlos tan lejos! En Espot nos apañamos en un camping y cenamos de lo que llevamos tranquilamente. Apenas 15 grados tenemos al meternos en los sacos mientras en Murcia se están asando con más de 40. Sólo por esto…



La luna sobre los relieves del Pico Carbonero


Acostumbrados a otras geografías, otros árboles, otras rocas y otras aguas, no paramos de disfrutar porque todo es un estreno continuo en las retinas…

La noche pasa rápida y no madrugamos. Entre unas cosas y otras — comprar gas y pilas — comenzamos a caminar desde el aparcamiento del Prat de Pierró casi a las 11. No problema. Hace fresquito y un sol limpio que apenas puede hacerse notar tamizado por el entramado de las hayas. Esta primera parte transcurre por una pista que da servicio a la central hidroeléctrica de Lladres. Así vamos ganando metros desde los 1600 del parking hasta los 2000 en donde encontramos el Estany de Lladres — el primero de muchos — donde mediante una presa se entuba el agua para hacerla caer hasta el mismísimo núcleo de Espot 700 metros por debajo y convertir la energía potencial en electricidad.

Acostumbrados a otras geografías más calizas, otros árboles, otras rocas y otras aguas, no paramos de disfrutar porque todo es un estreno continuo en las retinas: desde los abetos de color negro y tronco retorcido hasta las agujas de granito y los caos de bloques que se desprenden por las laderas; desde los agresivos perfiles de las divisorias y cimas hasta el nerviosismo de las torrenteras que aquí son cantarinas y ubicuas y lamen las lanchas de roca hasta converger en uno de los muchos lagos que salpican el paisaje, universos lenticulares de miradas azules, densas y profundas.



Tronco de abeto y, en primer plano, un arbusto que no conozco


Cruzando el Estany Negre de Peguera


Dejamos de ver, por fin, el cable del tendido telefónico y eléctrico y nos hacemos — al menos, durante el breve lapso que ocupa nuestra mirada — los dueños de la naturaleza

Tras la comida enganchamos con el GR 11.20 y superamos 300 metros que nos dejan al nivel del Estany Tort de Peguera donde se encuentra el refugio Josep Maria Blanc en un emplazamiento de ensueño. Por suerte — ¿o es desgracia? — no podemos alojarnos en él ya que Moss nos acompaña y no es bien recibido. Continuamos caminando mientras la tarde se hace más madura y la luz vira a tonos más cálidos. Dejamos de ver, por fin, el cable del tendido telefónico y eléctrico y nos hacemos — al menos, durante el breve lapso que ocupa nuestra mirada — los dueños de la naturaleza.

Superamos la presa del impresionante Estany Negre de Peguera y nos introducimos por una senda deliciosa entre viejos abetos y un arbusto precioso de flores rosas que no conozco — ¿cómo se llama por favor? — hasta alcanzar el coqueto Estany de la Llastra. Se hace de noche, queda apenas una hora de luz así que buscamos acomodo en un rincón discreto y allí nos quedamos, en la orilla del lago con nuestra cena, el reflejo del sol último en la lámina plana de agua verde y las carreras de Moss para ubicar las miles de marmotas que nos vigilan desde sus confortables madrigueras.

Buenas noches.

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