Castril sigue deparándonos sorpresas y rutas ambiciosas con su punto de compromiso y emoción. Esta vez hacemos una circular al barranco del Buitre remontando por el chinar para luego descender por la cuenca del barranco Seco. Soledad, luz, frío, nieve y la certidumbre de sabernos en Picos, pero al sur de la península.

ficha

Sierra de Castril, Granada
febrero 2012
7 horas
20 km
1500 metros
anticiclón, frío
orientación compleja, posibilidad de embarques, terreno áspero y vertical
pincha aquí para ver el croquis; pincha aquí para ver el cuele de ascenso al Chinar del Buitre y pincha aquí para ver el cuele de descenso al barranco Seco
track aquí disponible

Hay tanto todavía por conocer. Este es el resumen de la jornada que hemos pasado en la sierra de Castril explorando vertientes abruptas y desconocidos barrancos, aprovechando el anticiclón, la nieve que aguanta y las temperaturas bajo cero de los valles y las cumbres.

El germen de esta cabalgada está aquí: resulta que cuando uno le entra al valle de Castril por la pista principal los ojos se le van a la izquierda, a una impresionante brecha que corta a tajo los contrafuertes de la sierra. Esta primera hendidura es el desagüe natural del barranco del Buitre que drena las navas de la Cabrilla y los prados del Buitre, un barranco muy frecuentado por los especialistas del neopreno, los escarpines y el ocho.

Precisamente por las lecturas en internet en webs de barranquismo somos conscientes de que hay un ‘cuele’ practicable a la derecha del barranco. Así pues, hipnotizados por la verticalidad del terreno no tenemos más remedio que irnos para allá y probarlo. Otro detalle que confirma la posibilidad de entrada es la senda que marca el Alpina de la zona. Bueno, esto en realidad no es una garantía, sino más bien una lotería. Pero es que nos gusta tanto el juego que no cesamos de comprar boletos.



Panorámica. Morra del Sabinar en primer plano

Y aquí estamos Moss y el menda a las 11 de la mañana. Salimos tarde pero con ganas y remontamos las primeras cuestas por el carril del cortijo de Lézar. Como veo bastante ganado y mucho movimiento de perros y personas me salgo pronto por la derecha para no molestar. Siguiendo trazas de ganado nos vamos perfilando a la derecha de un primer molejón que nos cierra la vista de la brecha. Con la cabeza sigo el rastro de las cabras y sus marrones pisadas sobre la blanca caliza. Este método no falla y siguiendo las huellas de los bóvidos nos encaramamos por una tapia sencilla hasta unas tierras de labor donde ya se vuelve a divisar la brecha del barranco.



Cabecera del barranco del Buitre

Desde las alturas, elevado con respecto al bonito cortijo, veo asomarse a un posible pastor por la esquina soleada y encalada. Le hago un saludo con el brazo y me responde inmediatamente. Buena vista la de este señor con mono azul que observa mis evoluciones mientras remonto hacia el chinar del Buitre. Sin llegar a ser una senda definida, se trata del típico cuello de botella que utilizan todos los bichos para entrar y salir de las alturas por lo que las rocas están muy pisadas. El sol gana altura sobre el campo de Valentín y me calienta los riñones que bien necesitados están de mimos. En apenas un suspiro se acaba la cuesta dura y ganamos vistas al interior del barranco y la puerta de atrás de la brecha. Reconozco con facilidad el descenso por el que los barranquistas acceden al lecho y continuamos subiendo metros ahora a menor ritmo.

Hay muchos restos de ganado y se observan extensos prados que en primavera deben ponerse sabrosos y floreados. La idea ahora es remontar por un espolón buscando la base de la Loma Alta, un 2mil controvertido de Castril por el tema toponímico y porque no está muy claro si se trata de una cumbre con entidad propia separada del resto. Voy caminando por el filo de unos ‘volaeros’ con estupendas vistas de toda la cuenca, supero un pino blanco muy fotogénico — lástima no ir acompañado de alguien con un suéter rojo — y desciendo a un colladete de 1639 metros.



Desagüe de barranco Seco

Desde que dejé el chinar hasta aquí todo el rato he ido sin sendero pero ahora creo adivinar varias trazas a media ladera que, sin ganar ni perder altura, me llevan hacia un marcado espolón donde paro a comer.

Consulto el reloj y me planteo la posibilidad de retirarme. Son las dos del mediodía, desconozco la ruta, es invierno, hace frío y la zona alta presenta bastante nieve. ¿Seguimos? Unos minutos de duda que se despejan gracias al efecto positivista del chocolate y el embutido ibérico. Para arriba que nos vamos.

Tengo suerte y pronto comprendo que he tomado la decisión correcta. La traza se convierte ahora en una senda tímidamente definida que salva el Picón de los Monteses por su base hasta desembocar en una tinada donde encuentro varias vacas pastando. Esto está muy bien. Si aquí hay vacas, tiene que haber camino. A mi derecha, siguiendo el eje del barranco, se asciende hacia la Nava los Trancos y el alto principal de la Cabrilla. Evidentemente eso será otro día porque lo que hacemos es buscar la cabecera del barranco del Buitre en ese marcado collado que separa el macizo de la Cabrilla del macizo del Buitre, Tejos y Tornajuelos.



La Sagra asoma sobre sierra Seca

Una vez que lo hemos ganado me voy perfilando hacia la vertiente del Almicerán para llegar hasta los prados del Buitre. Esta zona ya sí es conocida y recuerdo que la senda iba por aquí, en la ladera de poniente, lo que ocurre es que hoy hay más de medio metro de nieve en algunos pasos y es imposible seguir camino alguno. Abriendo huella y bastante agotados llegamos hasta los tornajos de los prados donde reponemos agua y respiramos contentos. Esto está saliendo bien. Seguimos.

Para el descenso cogemos la autopista que viene desde el cortijo del Laude. ¡Qué bonita que está esta senda con sus lajas verticales! En la Y que hay un poco más abajo del arco de piedra obviamos la derecha y seguimos manteniendo la margen izquierda del barranco hasta desembocar en un collado cuyo nombre desconozco y que separa las cuencas del barranco Seco y del barranco del Laude. Desde aquí, la senda principal desciende hacia el sur para cerrar el circuito en el collado del Laude. Evidentemente, yo tengo el coche muy lejos de ahí y ése no es mi camino.



La ruta en Google Earth

Para cerrar la ruta debo rodear el picón de Lézar por una vereda casi perdida que desciende hacia el cortijo de Poyo Ramos, un lugar que me resulta mágico y precioso con una era perfectamente conservada donde aventar el cereal tuvo que ser tarea menos difícil de lo habitual por su exposición a todas las direcciones de la rosa de los vientos.

Desde aquí tiro hacia el norte para lanzarme — literal — por una vaguada complicada llena de rocas y cornicabras. Hay algún paso que otro entretenido pero en poco más de media hora nos plantamos en el lecho del barranco Seco. No tengo muy claro que por aquí hubiera una senda tal y como me marca el Alpina — ¿se puede demandar a una editorial por pintar caminos donde sólo hay abismos? — pero ya no importa demasiado la cuestión. Engancho con la pista y me meriendo el alpargatazo hasta el coche al que llego después de 7 horas de continuo pateo. Ya sabemos algo más de Castril. Y lo que nos queda.

fotos

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en la sierra de castril