En Sierra Nevada diseñamos una travesía para hacer el Mulhacén por la Mosca, una ascensión ambiciosa de muchos metros y distancia pero que recompensa por las vistas, por las Nortes, por las aguas que bajan generosas desde los neveros y las lagunas.

Y luego, en lugar de descender por el mismo sitio, buscamos el regreso por un puerto mágico, el de Vacares, donde una laguna profunda de aguas oscuras vio pasar a los atormentados presidiarios en su camino a galeras. No era suficiente el peso de su condena sino que también tuvieron que sufrir los rigores de la Sierra.

Esto es una actividad de hace tropecientos años pero que, en mi afán por rescatar documentos antiguos, quiero poner en esta web. Fue allá por el verano de 2004, un verano bastante bueno sin demasiado calor en el que reventamos la banca de todas las altas cordilleras peninsulares. ¿Todas? Bueno, casi todas, porque estuvimos en Picos, Pirineos y Sierra Nevada y sólo nos faltó Gredos para completar.

En Sierra Nevada diseñamos una travesía para hacer el Mulhacén por la Mosca, una ascensión ambiciosa de muchos metros y distancia pero que recompensa por las vistas, por las Nortes, por las aguas que bajan generosas desde los neveros y las lagunas. Y luego, en lugar de descender por el mismo sitio, buscamos el regreso por un puerto mágico, el de Vacares, donde una laguna profunda de aguas oscuras vio pasar a los atormentados presidiarios en su camino a galeras. No era suficiente el peso de su condena sino que también tuvieron que sufrir los rigores de la Sierra.

El descenso por la cuesta de los presidiarios, las panorámicas desde la loma del Calvario, el reencuentro con el Genil tumultuoso y vital son sensaciones y recuerdos que no se me olvidan. Tampoco los buenos días que pasé con Alejo, mi “brodel”, y don Bernardo Robles, mi “compa” de mil aventuras.

Pues nada, aquí van las primeras fotos:

Como veis, la idea fue remontar la vereda de la Estrella hasta Cueva Secreta. Desde ahí, ganar las chorreras de la Mosca por el Valdecasillas y dormir en la laguna. Al día siguiente, bastante reventados por la subida, ganamos la cima de la península y, por la loma del Mulhacén, bajamos a Siete Lagunas donde comimos. Atravesamos la loma de la Alcazaba y descendimos a la Cañada del Goterón para dormir en las faldas del Puntal de Vacares.

El último día ascendimos a dicho Puntal, nos tiramos hacia el Puerto del mismo nombre y por la loma del Calvario descendimos hacia la Cucaracha y el puente de los Burros. De ahí, por la Estrella, al coche.

Se trata de un pateo con bastante envergadura y muy recomendable en época estival porque le entras a la Sierra desde abajo, disfrutas de agua, bosques, nieve, verticales, los contrastes entre la cara norte y la sur y, finalmente, te llevas muchas luces en la retina. A mí especialmente me cautivó el reflejo de la Oeste de la Alcazaba en la laguna de la Mosca. Todavía sigue ahí.