Ascensión al Calar de la Sima por la ruta normal desde los Prados Altos siguiendo el GR66. El descenso lo realizamos por la vertiente oriental siguiendo una traza a media ladera que nos lleva hasta el coche.

ficha


sierra del Segura
diciembre de 2008
4 h
12 km
 900 m
inestable, fuerte viento, poca visibilidad
ver el track en wikiloc
aquí está 

Puente de la Inmaculada. Situación de Poniente. Dan malo casi todos los días pero hay una ventana de sol el Domingo. El destino es el Calar de la Sima, macizo imponente situado a caballo de Jaén y Albacete, con una altura máxima de 1897 metros en el Pico Banderas o Cerrico de las Mentiras.

Este Calar tiene muchas ascensiones diferentes debido a que es un pedazo de montaña como la copa de un pino. En esta ocasión, vamos a abordar la ascensión clásica que indica Ángel Ñacle en su libro sobre la sierra de Albacete. Para ello hay que pegarse una paliza de carretera y curvas atravesando Elche de la Sierra, Yeste y, finalmente la carretera de Arguellite que nos lleva hacia la cortijada de los Prados Altos, un lugar idílico con chopos, hierba, fuentes y cortijos abandonados que hoy nos recibe con muchísimo frío, algo de lluvia fina y un cielo cerrado.

Estos son los integrantes de la expedición. Una vez más la pandilla croqueta no falla, madruga y con cierto espíritu perruno se planta en la cortijada de los Prados altos donde dejamos el coche.

Por aquí pasa el GR66 que viene desde Arguellite y se dirige hacia Collado Tornero y las aldeas del Hueco del Tus. Nosotros compartimos con él un primer tramo de camino.

Las copiosas y recientes nevadas están fundiéndose ya que hay buena temperatura. Lo que es el camino habitual es ahora un arroyuelo.

La Peña de la Cabeza es un relieve singular que nos encontramos justo donde el GR desemboca en un amplio carril. A la derecha puede apreciarse el Puntal del Avellano y las nieves recientes. También las nubes bajas que entraban por Poniente y que se quedaban enganchadas en el Calar.

Otra imagen de la Peña de la Cabeza, ahora a contraluz.

En un momento dado abandonamos el GR que desciende hacia la Moheda. Nosotros iremos ganando altura por un carril que serpentea hasta el Cuco del Mentiras, una majada de piedra de arquitectura curiosa.

En la pista hay “roales” de algún quad que se nos ha anticipado.

Del Puntal del Avellano se despeña un regato que usualmente no lleva agua pero que ahora drena todas las nieves de esta parte del Calar. Aquí estamos contemplándolo.

El Cuco del Mentiras y las huellas del quad por la ladera. Estamos apañados.

Llegados a este punto los cuerpos están perros perros… el único que se mueve y que tiene las pulsaciones altas es Moss. Claro, el chucho tiene una relación muy especial con la nieve y se emociona.

Esto es su revolcón habitual (perdón por el exceso fotográfico con el chucho).

Nosotros lo dejamos hacer y subimos más tranquilos. ¿Esto es un rosal silvestre..? se me pregunta la peña para descansar jejeje…

Aquí estamos justo al final del carril, cerca de un murete donde almorzaremos. El perro sigue en sus trece de rebozarse con todo lo que pilla.

Después del almuerzo empezamos a perder visibilidad. Como todavía queda mucha subida optamos por desandar lo andado y regresar al coche a ver si llegamos a tiempo de pillar una buena comida.

Sin embargo, el menda quiere merecerse las costillas así que le tira un poco más y sube con Moss hasta la divisoria, donde se ganan vistas a la cara Este del Calar y sus aldeas: los Prados, Arguellite, etc.

La divisoria está bastante azotada por el viento y con muy poca visibilidad. Este es uno de los pocos momentos en los que se pudo ver algo.

Después del vértice quedan unos 500  metros más hasta la cima que no hago para ahorrar tiempo. Regreso sobre mis pasos por la arista mientras Moss me espera acurrucado en los grandes neveros que hay a sotavento. El fuerte viento del Oeste la ha acumulado formando cornisas impropias de esta altitud.

En lugar de regresar por el mismo camino, en un pequeño collado me descuelgo hacia Levante por una ladera con pinos y más de medio metro de nieve. Tras algunos sudores y algún que otro enganchón con piedras y ramas aparezco en un llano. Hay una senda muy evidente que desciende hacia los Prados pero yo no pierdo altura y busco ir a media ladera hacia el lugar donde está el coche. Confío en poder pasar.

Al final la montaña me ofrece una salida, estrecha, pero salida al fin y al cabo. No hay una senda marcada pero sí una traza muy evidente de ganado y cabras que puedo seguir a pesar de que la nieve me la oculta en ocasiones.

Finalmente llego al coche y me reuno con mis compañeros que también estaban regresando por el camino del GR66.