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Expedición a Eslovenia en BTT (ii)

Las cuevas de Skocjan son una pasada… me recuerdan muchísimo a la película del Señor de los Anillos, al abismo donde se despeña Gandalf con el demonio gigante. Después de disfrutar salimos a la luz y sigue lloviendo y hace bastante frío. Como el clima del país siga así vamos apañados, sobre todo cuando nos metamos en Alpes.


[30 de Julio de 2007] Trieste – Skocjan (50 kms)

Madrugamos bastante porque estamos ilusionados y recogemos nuestras cosas del cámping. La logística de hoy es complicada. Tenemos que tomar un tren aquí en Venecia que nos lleve a Trieste y claro, tomar un tren en un sitio como Venecia no es tan sencillo como parece, sobre todo porque aquí lo que se lleva son las góndolas.

Menos mal que llevamos a Sixto que se aclara en cualquier lugar del mundo y conversando con la gente del cámping sacamos en claro que nos compensa buscar una estación de tren distinta a la de Venecia… una estación de las afueras que no nos obligue a meternos en la mismísima ciudad. No recuerdo exactamente el nombre de la estación (¡ayuda por favor!) pero nos dirigimos a ella por una carretera con mucho tráfico que va atravesando cañaverales, lagunas y zonas pantanosas. En más de una ocasión nos peinan la oreja, algo que será usual en gran parte del viaje.

Finalmente tomamos el tren tras unos kilómetros muy estresantes y con una peripecia por los andenes porque tuvimos que cruzar las bicis por el paso subterráneo y las escaleras no lo ponían nada fácil. En el tren, como es habitual en mí, se me quiebra el cuello de la siesta que me echo camino de Trieste. Esta zona de Italia respira historia por todos los costados. De hecho, Trieste es una encrucijada entre dos mundos: oriente y occidente, comunismo y capitalismo, pobres y ricos, etc. Sé que este comentario está desfasado en el tiempo, que vivimos en una Europa común, pero las huellas del pasado permanecen indelebles en las calles, en los comercios, en las casas…

Para salir de Trieste consultamos con la gente de la estación y nos pillamos un mapa de Eslovenia en una librería. Hacemos un callejeo suicida metiéndonos por sitios prohibidos y remontamos cuestas para ganar la frontera, que está muy alta. Este primer puerto nos lo tomamos con mucha calma, regulando, la gente disciplinada y soportando un fuerte viento que cada vez va arreciando más. En cada recurva podemos contemplar una perspectiva de este lugar de veraneo de la corte del imperio austro-húngaro y de los tejados de edificios majestuosos.

Una vez que hemos superado el puerto enfilamos hacia el Noreste, donde hay unas nubes negrísimas. Es como si nos dirigiéramos hacia Mordor. Llevamos el viento de frente y no exagero si hablo de rachas de 60 o 70 km/h. En la aduana, con esto del espacio común europeo e historias así y viendo la cola tan grande de turismos, pensamos que no es necesario enseñar los pasaportes y nos colamos por el carril de los camiones. Esto evidentemente le toca los huevos al carabinieri que sale de la garita echando mano de la metralleta y maldiciéndonos en italiano… Pedimos disculpas y enseñamos nuestras credenciales. Ya estamos en Eslovenia.

Para nuestra sorpresa, tenemos que avanzar por una autovía hasta el pueblo de Sezana y este tramo lo pasamos francamente mal por el tráfico y el viento. Menos mal que es poca distancia y al entrar en Sezana paramos en un café a tomar un bocado y a tantear el país: precio, gentes, mujeres, etc. Todo genial: país barato, gente simpática, mujeres guapas. ¿Qué más se puede pedir?

Después de Sezana tomamos una carretera mucho más cómoda que, pasando por pueblos pequeños como Povir y Plesivica nos deja en Divaca. Aquí nos informamos y nos hablan de unas cuevas que son patrimonio de la Unesco. Como vemos que el tiempo se está encabritando y que va a caer la de San Dios nos vamos al garito de las cuevas y compramos las últimas entradas de la tarde. Que sea lo que Dios quiera (valga la redundancia).

Las cuevas de Skocjan son una pasada… me recuerdan muchísimo a la película del Señor de los Anillos, al abismo donde se despeña Gandalf con el demonio gigante. Después de disfrutar salimos a la luz y sigue lloviendo y hace bastante frío. Como el clima del país siga así vamos apañados, sobre todo cuando nos metamos en Alpes.
Preguntamos en la información de las cuevas si hay algún sitio para dormir y nos hablan de las aldeas vecinas. No nos apetece mucho dar vueltas bajo la lluvia así que es fundamental no errar en el tiro. Nos hablan de Betanja (que será lo de la unción, digo yo… porque en este país las “jotas” son “íes”) y tomando cruces difíciles, cuestas empinadas y atravesando pueblos solitarios llegamos a la salvación: una casa rural en la que no están los dueños pero cuyos vecinos, que viven en la granja de la Matanza de Texas, tienen la bondad de avisar por teléfono para que vengan a abrirnos.

El día acaba perfecto. El alojamiento muy bien y barato… aunque lo mejor de todo es la cena en el restaurante de las cuevas, sobre todo pensando que habíamos dado por hecho que esta noche tocaba ayuno obligado. Por 65 euros todos listos y contentos en la oscuridad volvemos en nuestras bicis en dirección a nuestra casa de esta noche. Esto empieza bien.

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  • Sixto

    La estación de tren era Quarto D’Altino, creo. Una pijotada: Skocjanske Jame significa literalmente cuevas de Skocjan, puedes cambiar el pie de la figura para evitar redundancia. Está muy chulo como has metido las fotos, eres un crack Sifone. De este dia tengo un par de recuerdos, el julandron que nos enseñó las cuevas con tanto arte y los perros que me dejaron conjuntivitico un par de dias. Porca miseria !!! A seguir haciendonos pasar buenos raticos recordando el mundo de las Pivo !!! Un abrazo

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