Clásica ascensión al Mulhacén por la vertiente sur desde el pueblo de Trevélez siguiendo el curso del río Culo de Perro hasta la cubeta glaciar de Siete Lagunas.

ficha

sierra Nevada
junio de 2008
dos días
2150m
inestable, frío
mucho desnivel
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aquí está

Estamos en el mes perfecto para acercarnos a Sierra Nevada. En teoría. Porque a estas alturas de la primavera uno espera encontrarse el deshielo muy avanzado, los borreguiles en todo su esplendor y los últimos ventisqueros aguantando a duras penas la entrada del verano.

Pero eso es en una temporada normal. En un año como este las cosas son distintas… y claro, hay que tener presente que la temporada va muy atrasada y que las nieves se han producido sobre todo en Abril y Mayo. Con este panorama, las Nortes siguen practicables y la cara Sur, en las cotas más altas, presenta un aspecto inusual y muy atractivo.

Todo esto se lo comento yo a mis compañeros-as de la pandilla “croqueta”, la gente que conforma esta expedición. Las casualidades de la vida son inescrutables y te acaban metiendo en pequeños marrones como éste sin apenas haberlo advertido. Y nuestro marrón va de subir al rey de la península con un armario de muchos kilos de peso para pasar mucho más frío en Junio que en lo más profundo del invierno.

El viaje a Trevélez desde Murcia es, para mí, lo más duro de esta expedición. Cuatro horas inexcusables yendo por la Ragua y que se hacen eternas; los 80 kilómetros de curvas que nos llevan desde la Calahorra hasta Trevélez son para olvidar.

A eso de las 12h llegamos a nuestro destino, organizamos las mochilas y empezamos a remontar esforzadamente las primeras cuestas. Esta parte inicial de la vereda es encantadora con cerezos, chopos, nogales, castaños y multitud de arroyuelos y veneros que se descuelgan por los taludes que flanquean la senda. La montaña está muy generosa de agua y esto nos va a permitir no acarrear nada durante todo el recorrido.

Tras una hora de camino dejamos la vereda principal y remontamos por una zona con más pendiente hacia la Campiñuela. Es ésta la parte más dura y menos bonita del recorrido pero hoy, gracias a que el día está muy fresco y cubierto la hacemos sin mucho agobio. Vamos ganando metros y metros sin perder de vista el caserío de Trevélez que aparece cada vez más lejano (a la bajada engaña verlo cerca…).

Después de encarar las mayores pendientes por entre un bosquete de pinos raquíticos alcanzamos el llano de la Campiñuela y acordamos comer junto a la acequia y descansar un rato. Nos tomamos una breve siesta y el día se pone feo y fiero. Cuando nos despertamos el panorama mejora algo y tiramos confiados para arriba buscando la zona de el Vertedero. Allá arriba ya se divisa la cascada de las Chorreras Negras por donde desagua la laguna Hondera. Ése es nuestro destino para esta noche.

Atravesamos el río Culo de Perro por uno de los pocos pasos practicables (¡cómo baja!) y hacemos las últimas cuestas acompañados de la espectacular cascada de las Chorreras. Siete Lagunas nos recibe con un aspecto casi invernal y frío viento del Norte. La cosa no está para bromas y rapidísimos elegimos emplazamiento, montamos la tienda y cocinamos en el ábside para empapelarnos en pocos segundos. En un “igloo” de cuatro cabemos 5 y el perro. Son los milagros del frío.

La noche nos confunde. Los que más suerte tienen logran conciliar algo de sueño entre codazos, apretones, caderazos y lametones de perro. Los que menos, cuentan las horas que restan hasta el amanecer mientras el fuerte viento azota el doble techo. Aún así, conforme pasan las horas va amainando y nos levantamos con un sol radiante y una temperatura bajo cero.

Para calentar, y tras el desayuno, empezamos con la “cuesta del resuello”. Una vez en lo alto de la loma del Mulhacén, vamos ganando metros muy despacio. Estamos realmente cansados pero la visión de la cima en lontananza nos anima y, finalmente, tras una hora y media, alcanzamos el punto más alto de la península.

Tras media hora de disfrutar en la cumbre de las vistas y después de las fotos de rigor nos tiramos rápido hacia Siete Lagunas para recuperar la tienda y deshacer el camino andado. Al llegar a la tienda pensamos descansar pero hace mucho frío y, tras comer un breve bocado, recogemos todo y descendemos.

A la altura de la Campiñuela, viendo que estamos cansados, que no hay prisa y que la meteo no aprieta, paramos a sestear media hora, el tiempo que tardamos en coger frío y decidir bajar hacia Trevélez. El resto del descenso se hace agotador — como siempre — y el último tramo de vereda con sus bolos de piedra termina de apuntalar las agujetas y las tendinitis.

La llegada a Trevélez es un alivio. En el cámping recuperamos fuerzas con un merecido alpujarreño y esta noche escuchamos llover en el tejado de la cabaña. No queremos ni pensar lo que tiene que estar cayendo en altura. Quizás el dolor deje paso a una nueva aventura. ¿Quién sabe?