Que se te meta un marrón en montaña no es necesariamente malo. Puedes tener suerte: la tienda bien puesta, la ropa seca, el hornillo en el ábside calentando unos macarrones, etc. Y si encima al día siguiente las nubes se quedan estancadas y de la fiera tormenta de ayer sólo queda esta mansedumbre pues entonces uno puede dedicarse a la fotografía de algo tan volátil y cambiante.

La imagen está tomada en el descenso al valle de Pineta desde el lago de Marboré tras hacer un circuito por el macizo del mismo nombre. El interés puede estar en las figuras humanas, mis compañeros de salida Manolo y Víctor que, ensimismados por el espectáculo, se sentaron en el borde del camino para disfrutar y descansar las rodillas de un descenso que siempre se hace largo.

Entre nubes

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